La Revolución sandinista, triunfante en 1979 como el proceso islámico de Irán, propuso una nueva visión de la Nicaragua misma y una nueva relación con sus habitantes, mediante una monumental campaña de alfabetización, por ejemplo, una redefinición del sujeto político que constituye ciudadanía, y un intercambio más abierto, horizontal, divulgado con la cultura.
En ese afán, la divulgación de la poesía y la convicción de que todos pueden escribirla fueron los ejes fundamentales del trabajo de Ernesto Cardenal en el sistema de islas y aguas de Solentiname, desarrollado en la víspera de la toma sandinista del poder y que devendría ícono de las resistencias creativas latinoamericanas, expresado en la autobiografía del monje trapense, en la escritura simpatizante de Julio Cortázar o en una canción de la banda Mano Negra, entre otros testimonios.
«En el trabajo, la educación, la cultura, etcétera, se había iniciado, velozmente, el proceso de reconstrucción», escribe Mayra Jiménez, gestora costarricense del proceso poético de Solentiname, tallerista, editora, acompañante, al observar los frutos de la victoria revolucionaria.
En línea con su intención permanente de divulgar el arte latinoamericano y contribuir a su comprensión lo más ampliada posible, Altura desprendida dispone aquí el libro Poesía campesina de Solentiname, trabajo coral con ejercicios de imaginación y observación hacia afuera y hacia adentro, hacia la naturaleza, la guerrilla, la crueldad somocista o el enamoramiento, entre otros temas, tonos y exploraciones.

Publicado originalmente en 1980 por el Ministerio de Cultura, Jiménez se encargó de la selección de versos de distintos poetas hombres y mujeres, algunos muy menores de edad, para dar a conocer al mundo lo que bullía estéticamente en el archipiélago nicaragüense en la antesala de la victoria que, evocando a César Augusto Sandino, terminó con la dinastía Somoza y los obligó al exilio en Estados Unidos, siempre simpatizante de dictadores.
La labor poética con los jóvenes campesinos y artesanos que devinieron combatientes se llevó a cabo entre 1976 y 1977. Al convertirse en foco de la represión somocista, se continuó en la diáspora.
«…cuando me propongo anotar algunos detalles que pueden ser importantes para el lector, no puedo evitar un corte en el aliento cuando paso en limpio la obra de Felipe Peña, asesinado por la Guardia Nacional, y los poemas de Elvis Chavarría y de Dónald Guevara, a quienes vieron por última vez encapuchados conducidos por la Guardia de Somoza hacia el río Frío en una lancha de mierda», rememora la prologuista.
«La poesía surge en Solentiname como un producto artístico colectivo (…) Nunca le pedí a nadie que escribiera. La poesía empezó a surgir de un modo natural y muy pronto entre ellos».
Un libro de los atrevimientos populares que reclama su propia diversidad tonal y, sobre todo, como toda voz en el aire, a sus lectores, así tenga que esperarlos medio siglo.

Todas las fotografías que acompañan esta entrada fueron tomadas del Instituto Nicaragüense de Turismo.
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