ChangosPerros confiesa: “cambié la literatura por los monos”

por Samuel Cortés Hamdan

Surgió de repente, sin padrinos mediáticos ni plataforma virtual de miles o millones de seguidores detrás. Sus cábulas tenían potencial de meme y los internautas pronto las reclamaron como tales.

En sus dibujos feos, su lenguaje mal escrito —o bien, depende de la bondadosa inteligencia de los lectores— hay eventos poéticos, surrealismo, sensualidad y crisis urbanas, autoescarnio, enfados alcohólicos porque el tiempo irremediablemente pasa, mofas al arte y la cultura como prestigio de élites, enamoramientos por internet y la soledad hiperexhibida de hoy en día.

Esa sensibilidad popular, inmediata, que mezcla la sed de leer un libro soñado con la conciencia de que nada es para tanto —mucho menos el prestigio lector y museográfico— le ha ganado miles de seguidores y de reacciones entusiastas en redes sociales.

Un monero que entiende las preocupaciones de su generación, las ridículas obsesiones, que a todos embargan, detrás del like, con sensibilidad poética para describir la ternura del encuentro de dos y la nostalgia de la separación y la derrota.

A punta de autogestión artística, el ChangosPerros, tabasqueño de 37 años, reclama un lugar en la rica tradición del mono mexicano. Un sitio que, al parecer, le pertenece a manos llenas.

Altura desprendida conversó con él sobre su oficio. Vía remota, como mandata el covín (así le dice el también conocido como Carlos Dzul).

El difícil oficio de la sustentabilidad.

¿Cómo comenzaste a dibujar y cómo decidiste aventurarte a publicar tus monos y chistes?

Comencé como todos, de niño, rayando los cuadernos, los libros de texto, sin mayor formalidad. Lo de publicar monos ocurrió cuando estaba estudiando letras. Tal vez tuvo algo que ver con que yo quería expresar cosas pero no me sentía cómodo haciéndolo a través de la literatura. Así que abrí un blog con un amigo. Allí se suponía que él escribía los chistes y yo los dibujaba. Todo estaba muy feo, pero feo de verdad. Al final decidimos que no éramos buenos para eso y lo dejamos. Ese fue el primer intento. Ya luego saqué lo que viene siendo ChangosPerros.

Rius decía que un monero no tenía que saber dibujar y que él sólo hacía lo que podía, sin una mejor técnica como la de Rogelio Naranjo. Creo que tú hiciste del trazo sencillísimo, de tus monos gachos de labios desfigurados, una virtud, un lenguaje artístico. ¿Consideras esto así?

Opino que sí-cierto. Pero no fue intencional. O sea, yo quisiera que me salieran cartones bonitos. Me pasé harto tiempo intentándolo, practicando y practicando y no lo conseguí. Recuerdo que me frustraba mucho y hacía corajes. Literal lloraba, era súper dramático. Pero en lugar de olvidarme de ello y jalar por otro lado preferí seguir haciendo mis rayones como me salieran porque lo más importante, por encima de ser un gran artista, era divertirse y porque a fin de cuentas lo que yo quería transmitir no pasaba por el buen dibujo sino por los monos, que son otro tema.

Distopía.

Discúlpame la intimidad, pero sé por un pasado en común (en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM) que fuiste cuentista de cuentos de imaginación cortazariana.
¿Por qué cambiaste el arte literario por los cómics, en los que constantemente te burlas del prestigio cultural? ¿Renunciaste a una vocación por otra o el escritor sigue en ti? Platícanos esa transición, esa convivencia.

Ah, caray. A lo mejor sí intenté en algún momento imitar a Cortázar pero lo mío era más bien bukowskiano. Siento. Es verdad que cambié la literatura por los monos. Como te decía, las historias que yo quería contar como que no quedaban bien así sólo con palabras. La licenciatura (que no terminé) me dejó con la impresión de que si uno escribía tenía que tratar temas importantísimos. Casi que cada línea que soltaras tenía que merecer un extenso análisis lingüístico/semiótico. Y pues la neta yo sólo quería contar pendejadas que divirtieran a mi lector.

Con los monitos me sentía más a mis anchas. Mis ideas fluían mejor en ese formato. Y me clavé haciendo eso. Durante años dejé incluso de leer literatura, ni a las librerías me asomaba. Me daban escalofríos. Pero de un tiempo para acá he vuelto a tomarles cariño a los libros. La mayoría francamente no los acabo, los dejo a la mitad o en las primeras páginas, pero cuando logro terminar alguno uno hasta le hago una breve reseña. Y también he vuelto a escribir. Si yo fuera una persona razonable hace tiempo hubiera dicho: a la berga, no sirvo para esto. Pero las ganas de escribir son como una pinche sarna que no se quita. Eniwei, si no pasa ninguna catástrofe, como una pandemia mundial o algo así, espero pronto autoeditarme alguna cosa.

Ecos de una vocación.

Apareciste en la escena de redes sociales y rápidamente te has hecho de una resonancia mediática exquisita: sabes conectar con la comunidad lectora en internet mediante tus burlas al prestigio, a los mamalones, a la violencia cotidiana, y tus retratos de la neurosis que vivimos todos, animales urbanos.
¿Qué significa y significó para ti la respuesta popular a tus cartones?

La respuesta popular es vital para mí porque me ha permitido dedicarme a esto. Si no hubiera gente pidiéndome dibujos de seguro estaría en otra cosa. Y está bonito porque es algo que no esperaba que sucediera. O sea, me puse a mostrar mis mierdas, como una forma de terapiarme yo solo, y resultó que había gente por ahí que se sintió identificada. Hay banda que me escribe sólo para decir que estaban teniendo un mal día y de repente vieron mis monos y se pusieron a reír. Y pues chale, eso lo valoro un montón. Como autor de monitos es lo máximo que puedes esperar, me parece. Por otro lado creo que es algo efímero. Cuando la onda cambie y mis burlas dejen de estar vigentes ya no habrá respuesta popular. Supongo.

Tus lob-estoris, tu oferta de productos, ¿son una forma de alcanzar la autonomía artística, apartado de becas de Estado y pactos empresariales con editoriales? ¿O son, también, el rostro de la precarización del trabajo artístico? ¿Cómo vives esta experiencia de ganar dinero con tu esfuerzo monero?

Yo digo que es más el rostro de la precarización, jaja. La verdad no me molestaría tener un pacto empresarial con quien fuera. Si no he vendido mi alma es porque nadie ha querido comprarla. También he de decir que tuve varias becas del Estado durante mi etapa como aprendiz de escritor. O sea, no soy un rebelde de la cultura ni nada por el estilo.

Y sobre lo de ganar dinero con mis monos no sé qué decir: es una suerte grandísima y al mismo tiempo está de la chingada. No tienes ninguna garantía. No me gusta pensar mucho en eso. Es deprimente. Soy básicamente un vendedor. Siempre desprecié a los vendedores, me parecían lo más falso del mundo. Y ahora estoy acá subiendo anuncios a cada rato: compren esto, compren lo otro. Hasta yo me doy risa. En fin.

Para que desayunes ChangosPerros.
El monero ofrece la oportunidad de inmortalizar tu historia de amor en sus trazos. Detalles y presio inbotz.

¿Qué es lo más difícil de ser un monero de internet?

Está gacho que empieza uno a valorarse de acuerdo con la cantidad de reacciones que genera. Por más que intentes ignorarlo allí estás pegado a las redes viendo cuántos laiks juntaste. A veces una idea que te parece chingona y de la cual te sientes orgulloso pasa desapercibida y dices: chale. Otra cosa fea es que te andas comparando con los demás moneros de internet y luego encuentras proyectos que son mucho más virales que el tuyo y piensas que no eres nada si no tienes un millón de folouers. Me imagino que todos los moneros tienen de alguna forma estas obsesiones pero en internet todo está super cuantificado y es como más in your face.

Otra cosa fea de la que me acabo de acordar, y que es un poco el reverso de lo anterior, es que tienes tu paginita y te sientes recómodo allí, en tu pequeño reino donde todos te dicen que eres la mera berga, y si te distraes puedes creer que ese es el mundo real. Y luego cuando sales al mundo real real nadie te pela. Quiero decir, yo he convocado a eventos presenciales (pre covín) a los que llegaban dos personas. Y pues tienes que ver que el internet está padrísimo pero no lo es todo.

La danza de tener la razón.

Recomiéndanos otros dibujos. ¿Qué le gusta leer y ver a ChangosPerros?

Recomiendo mucho los dibujos de Mark Beyer. Y los de John Callahan.

Un artista en plena autopromoción.

***
Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988). Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.
Twitter: @cilantrus

Imágenes de portada e interiores: tomadas de las redes sociales del monero.

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