“Monear es un juego fuerte que trasciende lo utilitario”: monero El Manchón

por Samuel Cortés Hamdan

En sus dibujos los milagros cotidianos tienen cabeza de bagre y sufren pesadillas los pollos decapitados o por decapitar. Sus trazos son generosos, amplios, detallados, en la expresión del dolor físico y espiritual, de la saturación psicoemocional. Su universo referencial, mexicano, cree en la magia, en los alienígenas, en los tiburones seducidos por la cumbia, en el fantasma grotesco con mandíbulas de vivir en la mancha urbana, en el absurdo sin embargo justificado que hace a una jirafa tomar las armas contra sus opresores, y en la observación de un entorno de trabajadores cansados, sexualmente torpes, reprimidos pero dispuestos a la búsqueda de la caricia en un lugar sin esperanza, como quería Rihanna. O al menos a la intoxicación que los pierda, a la ensoñación que los eleve o los distraiga.

¿Qué nos duele alrededor? Las piedras en el riñón, el derrame cerebral, las enfermedades respiratorias en un sistema de salud precarizado, por supuesto. La pobreza, la discriminación, la crueldad de existir en una indiferencia no sólo institucional, no sólo generalizada. La torpeza de los amantes que se confunden en su neurótica enajenación antes del beso y lo malogran.

Y con esas frustraciones, esas pasiones envilecidas, esos resquemores que mezclan la dolorosa ausencia de empatía con los sonidos bailadores del microbusero, trabaja El Manchón, dibujante que ha hecho de Facebook el espacio para la difusión de su trabajo, junto con Instagram.

“El aburrimiento es un buen motor para ponerse a dibujar y además no iba a desperdiciar mis tardes”

“Soy un intento de dibujante que persigue el oficio de monero”, platica en entrevista.

“Comencé a dibujar en cuanto pude sostener una pluma, como creo que le pasa a la gran mayoría de infantes, pero disfrutaba mucho haciéndolo. La gente a mi alrededor interpretó que tenía habilidad y me motivó a continuar. Además, dibujar es un juego muy barato y carecía de lujos”, explica.

Precarización laboral de uno de los personajes icónicos del novelista superventas Stephen King.

“Podía pasar horas dibujando ratones, dinosaurios o burros. Los domingos era obligatorio ir a casa de los abuelos, un entorno muy adulto y, por ende, muy aburrido; para pasar el rato me ponía a leer las tiras cómicas de El Informador, y ése fue mi primer contacto con la narrativa gráfica. Simplemente me puse a hacer tira tras tira, dibujando a los compañeros de la escuela, a los maestros, parodiando las películas que veía, las inquietudes del momento, con lo que copiaba de cuanto material gráfico caía en mis manos, casi siempre en horario escolar.

“Estudios formales de arte o dibujo tuve pocos, algún diplomado de dibujo ya en la adultez. Lo que más me sirvió fue la práctica masomenos constante basándome en el trabajo de los grandes: Robert Crumb, Simon Bisley, Milo Manara, Moebius, Jis, Rius. También de ellos aprendí que hay que dibujar libremente. En mi casa nunca me pusieron trabas, siempre hubo apoyo. Estaban creando un monstruo.

“A su vez, creo en la teoría del andamiaje. Júntate con los más avanzados y róbales todo. En ese sentido, fue muy provechoso para mí rodearme de gente mucho más talentosa que yo y aprenderles lo que se pudiera: mis primos, compañeros de la escuela, del barrio y, últimamente, con otros moneros locales maestros de la gráfica, como son El Pit, Erandini, Erik Zermeño, el maestro Jors, Santiago Fregoso, El Fuma. Todos genios”.

Uno de sus cartones más celebrados en redes sociales, tanto que el apoyo popular motivó al autor a crear una continuación de la historia.

“El cine fue mi entrada para poder explorar realidades más complejas”

“Tuve la fortuna de que el canal local C7 —El Manchón es de Jalisco— transmitía por las noches (no sé cómo lograron obtener los permisos) grandes obras cinematográficas, clásicas y contemporáneas, superproducciones o independientes, sin ningún tipo de censura. Pude ver, a muy temprana edad, instado por mi hermano mayor, ciclos de cine bélico, de terror, de gángsteres, de ciencia ficción, comedia, cine francés, griego, español, italiano, mexicano, ruso. Conocí el trabajo de (Francis) Ford Coppola, de Martin Scorsese, de (Stanley) Kubrick, de los hermanos Farrelly, de Dario Argento, de Lucio Fulci, John Carpenter, Oliver Stone, Ridley Scott, (Quentin) Tarantino, Alfonso Arau, (Alejandro) Jodorowsky, Elem Klímov”, enumera.

“En la televisión comercial, por otra parte, pasaban buenas cosas también: Robocop, Viernes 13, Halloween, Terminator, Mad Max, Depredador, Rambo, Rocky, (cintas de) Jean Claude Van Damme, Bruce Lee, Clint Eastwood, Charles Bronson, Bruce Willis, Jackie Chan. Cine de ficheras los domingos por las noches. Ahora muchas de esas películas me parecen risibles. Pero el cine fue mi entrada para poder explorar realidades más complejas y muy diferentes a lo que podría llamar mi mundo, que se fue ampliando.

Caprichos de la memoria.

Contactado por internet, como vuelan sus cartones y obliga el coronavirus, Altura desprendida planteó algunas preguntas al autor jalisciense, que reproducimos a continuación.

Tienes un estilo muy definido, una voz propia que sabe mezclar muy bien el asombro con la violencia, la cultura ñera con el desparpajo, la sorpresa surrealista con la crueldad.
¿Qué te ha ayudado a consolidar ese estilo, cómo fue la búsqueda de tu voz, tu tono, tus temas?

No me gusta el término de único o auténtico, es una trampa del siglo 21. ¿Quién puede jactarse de descubrir el hilo negro de las cosas cuando llevamos más de 5 mil años de pensamiento escrito? Sólo ejerzo mi derecho a la continuidad, haciendo lo que se ha hecho desde que los primeros chimpancés consumieron psicotrópicos y se pusieron a rayar las cavernas, dibujar pornografía de extraterrestres.

Comencé masomenos de manera formal haciendo cartón editorial para algunos diarios locales, pero la verdad es que no entendía una mierda de política y la paga era nula. Me dije: si de todos modos no me van a pagar, pues mejor dibujo y publico lo que a mí me dé la gana. Así que unos camaradas y yo fundamos una revista que llevaba por nombre El Gamborimbo, cuya prioridad era divertirnos sin buscar un provecho material, bajo la premisa de que no se iba a censurar nada. Con ese margen de libertad, comencé a ponerle imágenes al contenido del inconsciente, jugando con la realidad, priorizando el sentido del humor y la risa.

Y hubo público para eso.

Los rituales del caos del corazón

Para poder jugar con la realidad de alguna manera es necesario vincularse con el pensamiento mágico, abandonar la lógica y el hecho frío. Me di cuenta de lo absurdas, vulgares e irrisorias que son muchas cosas y tomarlas en serio puede derivar en neurosis. ¡Qué mejor que machacarlas con unos buenos monos, divertirme con lo que me habita, a partir de la reflexión, de las conversaciones con los amigos, de caminar en la calle, de observar, de escuchar, de andar de metiche, de la literatura, de la filosofía, del cine, los periódicos, la experiencia, la cultura!

He convertido esto en un ritual de carácter alquímico.

En ocasiones escribo guiones (para los cartones); pero si, al dibujar, las imágenes me sugieren que vaya por otro lado, hago caso y dejo que fluya. A veces el tema es un mero pretexto para dibujar una jirafa con una metralleta, por ejemplo, y otras veces dibujo para sintetizar un proceso de aprendizaje de algún tema que me haya parecido interesante o que considero relevante recordar y compartir.

Otras veces tengo los monos, pero no se me ocurre nada, y hago partícipes a otros del juego, como al Dr. Kelly o al Dr. Andrés, grandes escritores. A veces el resultado carece de toda coherencia y veo que no es necesaria. No es necesario que todo tenga un sentido o que sea proclive al entendimiento. A veces hay que conformarse con el encantamiento.

Para terminar el proceso, hay que exponer los productos a la sorna y la humillación, traicionar los demonios, someterse al fogueo del escarnio público. Y repetir el proceso.

Una intuición deviene historia.

El sexo es una de las fuerzas más recurrentes de tu trabajo. Y en el clima en que vivimos, de auge del feminismo y reivindicación del género, tu trabajo podría resultar incómodo, hostil a esas luchas políticas y sociales.
¿Qué relación crees que tiene tu trabajo con esos movimientos? ¿Te sientes afín o ajeno a ellos? ¿Has recibido críticas por tu representación del sexo?

Mi relación con esos movimientos es de sexo casual. Creo que la situación, cuando una persona se adscribe a un movimiento —ya sea el feminismo, el LGBT o cualquier otro ismo, comunismo, trotskismo, budismo, fascismo, islamismo, nihilismo, sionismo, cristianismo—, es que en ocasiones esa persona adopta una lealtad ciega a una entidad que se presenta con un discurso único y verdadero, lleno de conceptos e ideas preconcebidas con las que el sujeto trata de ajustar la realidad a su esquema de pensamiento.

El sujeto se disuelve en esa entidad y se obsesiona con dichas ideas, aunque las ideas nada tengan que ver con la realidad o estén muy parcializadas. Entonces es normal que si se topa con algo que no va con su credo o que se presenta de una forma que no concuerda con sus categorías morales y cognitivas se suscite la discrepancia, se sienta atacado u ofendido, y su respuesta es tratar de destruir lo que no es propio de la entidad a la que representa y alimenta, entidad que en ocasiones lo que busca es el poder, la imposición.

Regreso a la Laguna azul.

Es ahí donde yo me pregunto: ¿por qué sus discursos son los válidos y otros discursos no?, ¿por qué hacer concesiones sobre (aquello) de lo que se puede hacer humor y de lo que no?, ¿por qué sus categorías no pueden someterse a la observación, a la risa y a la confrontación con la realidad?

Puedo coincidir en algunas cosas con esos discursos, pero en todo caso creo que mi lealtad está puesta en otras entidades, como el jaripeo o la vida de monje.

Encuarentenarse.

Entiendo que en ocasiones los dibujos que hago pueden mover en el espectador ciertas fibras sensibles, emociones, recuerdos, pero yo no me puedo hacer responsable por las subjetividades ajenas; habría que preguntarse por qué hoy en día una buena parte de la sociedad (virtual, sobre todo) le da tanta importancia a lo subjetivo y toma a las emociones como lo auténtico.

Si me pongo a pensar en cómo quedar bien con todos, pues mejor me dedico a otra cosa; y no quiero. Pero realmente recibo pocas críticas, salvo la censura silenciosa. Creo que la gente que me lee tiene sentido del humor y entiende que la finalidad es la risa. A final de cuentas, mi deseo sincero es que la gente tenga una vida sexual satisfactoria. Y, como dijo un sabio, “que nos vaya bien a todos”.

“We found love in a hopeless place”.

Tus cartones son inequívocamente mexicanos: haces gala de una sensibilidad urbana propia del problema local, además de que tus referencias suelen ubicarse en lo inmediato, como tus cábulas sobre el IMSS, el Infonavit, el Insabi, etcétera.
¿Cómo se da esta elección? ¿Decides parodiar tu entorno inmediato? ¿Cómo asumes la traducibilidad de tu trabajo? ¿Buscas lectores en el extranjero?

Soy un patriota en cierto grado y, por ende, le tengo mucha devoción a este país, al que considero el mejor del mundo por el simple hecho de que aquí están mis vínculos de referencia; me gusta mantener el contacto con ese entorno y dialogar con él.

Y es un país sorprendente por donde lo mires; si se va a hacer presente en los monos pues es por mi mexicanidad, de alguna manera. Pero no me pongo a pensar mucho en los lectores nacionales o extranjeros, dibujo lo que me da la gana, sean temas locales o de otras partes del mundo, a final de cuentas lo que prima en el subtexto escapa a contextos específicos.

Lo que sí espero algún día es prescindir de los diálogos.

El punto.

Tu estética no es ajena a la crueldad del mundo. Representas con mucha versatilidad el grotesco de la vida cotidiana.
¿Es tu respuesta crítica a la violencia del mundo?
¿Cómo describirías la inclusión de estos contenidos fuertes en tu trabajo, es una necesidad impuesta por el entorno o buscas tú generar sensaciones de incomodidad, de sorpresa, de irritación?

Es un hecho que el mundo es cruel y que existe la violencia. Me gusta verla. Preferiría que se quedara en el plano de la fantasía, de lo artístico, de lo lúdico o de lo ritual, pero el universo no anda haciendo complacencias.

La violencia está presente en muchos aspectos de la vida, la humanidad la ha empleado para conseguir sus objetivos a lo largo de la historia y es cimiento de muchas de las instituciones que nos rigen. El leopardo mata a un babuino para alimentar a sus crías, la mantis le arranca la cabeza a su pareja durante la cópula, un hombre golpea a su familia por sus complejos no resueltos, un narco llena una fosa con partes humanas por dinero, o divisiones del ejército alemán cargadas con metanfetamina avanzan arrasando pueblos para conseguir el espacio vital. Esas cosas pasan y no son para nada agradables. Y si voy a retratar lo cotidiano, hablar de las cosas como son, si voy a incluir la violencia, tengo que retratarla lo más gráfico posible para que se aprecie lo cruda y desagradable que es.

O bien, la llevo al absurdo para que se aprecie lo absurda que es.

Si es una crítica, una provocación o una sátira, eso a veces no depende de mí. Un antisemita o un sionista pueden ver La lista de Schindler y la van a interpretar a su manera. Me parece más ofensivo lo que hacen con la violencia las películas del universo Marvel, por ejemplo, violencia sin consecuencias, sin sangre, divertida y para toda la familia.

Pero considero que no es el pilar de mi obra, creo que abordo más temas, como el amor o cómo darle solución a ciertas cosas. Como diría un sabio: “tener sentido común”.

Odisea en lo despacio.

¿Qué rol han jugado las redes sociales en tu desarrollo artístico? ¿Crees que la publicación en papel de este tipo de arte está rebasada, caducando, o sigue siendo relevante?

Han sido de mucha utilidad para conocer el trabajo de otros artistas y talentos y contactarlos. Así como el cine en mi infancia y adolescencia, las redes me han permitido adentrarme en mundos, pensamientos y realidades muy diferentes a las que concebía; también vi otras dimensiones del humor absurdo, como la genialidad del chitpost.

Y me han ayudado en la posibilidad de difundir mi trabajo ante la falta de espacios en donde podría acomodarlo sin tener que ver limitada la creación por criterios editoriales.

O eso era antes, ahora tengo que ser más cuidadoso con las formas y jugar más con el subtexto para evitar el bloqueo y la censura de los que se dicen buenos.

Las redes también me permiten tener un contacto inmediato con lectores de todas partes del mundo y con los trolls. Ambos son enriquecedores.

El Manchón nos observa mientras que él es observado por Batman y las Tortugas Ninja.

La cara sombría de las redes, por así decirlo, es la facilidad de la deformación del trabajo por parte de malintencionados, el plagio y el hurto deliberado. Es un precio que hay que pagar, pero como diría un sabio: “no ser ratero”.

¿Qué moneros, qué cineastas, qué pintores le recomiendas a los lectores de Altura desprendida para que se acerquen un poco a tu mundo o al arte que te interesa?

No debería recomendar nada, sólo soy un palurdo y es imposible recordarlos a todos. Los géneros que me interesan principalmente son los dramas bélicos, el noir y el western. Dilemas existencialistas, caóticos, que retratan la podredumbre humana y la posibilidad de redención. Sobre todo si se trasladan al ámbito del terror o la ciencia ficción. Lo pone a uno de buenas ver que otros la están pasando realmente mal.

Para no repetir a los cineastas que ya referí, pues están Franklin Schaffner, Craig Zahler, Wes Craven, Álex de la Iglesia, Terry Gilliam, David Cronenberg, Danny Boyle, Sergio Leone, Sergio Corbucci, Luc Besson. En animación me gusta mucho lo que hacen Seth MacFarlane, Peter Chung, Ralph Bakshi.

Pero también disfruto mucho el cine de bajo presupuesto o el más simplón, como el de Jim Carrey o Will Ferrel.

En cuanto a cómics, trato de consumir lo que escriba Garth Ennis. Pintores y dibujantes: Beksinski, el Dr. Atl, Otto Dix, Ralph Steadman, Oscar Chichoni, Dave McKean, Mike Mignola, Geoff Darrow, Kilian Eng, Philippe Druillet —en general, todos los que trabajaron en la revista Métal Hurlant—, Fran Frazetta, Sergio Toppi, Katsuiro Otomo, Daniel Warren Johnson, Ulises Fariñas.

Y melolengueando en redes me he encontrado joyas de los monos, como a Jeff Mahannah, Bola de Carne, ChangosPerros y, por qué no, hasta el Tío Totopo y el Mototaxi, que han entendido que monear es un juego fuerte que transgrede lo utilitario y en el que se va la vida.

***
Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988). Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.
Twitter: @cilantrus

Imágenes de portada e interiores: fotografías cortesía de El Manchón
Cartones: tomados del Facebook del monero

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