,

Itzel Domart: Mirar de cerca a las hormigas

Muestra minúscula del poemario Formas del llanto (Cuadrivio, 2026).

La escritora mexicana Laura Itzel Domart publicó este 2026 su poemario Formas del llanto, bajo el sello Cuadrivio. La cuarta de forros, a cargo de Christian Peña, es reproducida a continuación junto con un par de poemas de la autora. Porque sí, porque la amistad es para la transmisión de corriente y Altura desprendida es la casa de los amigos.

Los muros son la prensa de los pueblos, decían y decían bien.

Tiene la palabra Christian Peña:

Hay sonidos que nacen en el mismo sitio: el aullido, el canto, el llanto, el reburdeo, el bramido. Formas distintas de expulsar aquello que el cuerpo no consigue contener del todo. En estos poemas, el llanto rara vez aparece como desborde; habita, más bien, en la contención: en el instante previo a la lágrima, cuando la mirada se empaña como un parabrisas bajo la lluvia o como la respiración de alguien que intenta sostenerse un segundo más.

Formas del llanto recorre el último sonido que hará un cuerpo —desde un retrato de Frédéric Chopin hasta el padre que exhala su último aliento en medio de la plaza— y encuentra en esos gestos una música áspera, baja y grave: el «presagio de lucha y sangre» que antecede a la caída.

Aquí conviven la persona que contempla el mundo desde la ventana de un edificio y las morsas que avanzan, torpes y espectrales, hacia el borde del hielo; la tristeza súbita de una camisa que ya no ajusta igual y el bramido del sol sobre una plaza repleta. Cada poema está cargado de una sensibilidad que observa la pérdida no como una catástrofe aislada, sino como una condición inevitable de la materia viva.

El duelo aparece entonces no sólo en la muerte, sino también en las pequeñas deformaciones de la memoria, en la ropa que deja de pertenecernos, en la intemperie que se instala lentamente dentro de las cosas. Estos poemas no buscan explicar el dolor, sino escuchar la manera en que resuena dentro de todo lo vivo.

Seres que bailan en el Río de la Plata.

Y luego unos cuantos versos:

Fotografía con borrasca en los ojos de un hombre

Hay una fotografía de Chopin en la que aparece con la borrasca perforándole los ojos y los pulmones.

La mirada en acceso, al borde de caer en sí misma, de quitarle las venas al día.

Cerca de la muerte, en el punto preciso en el que la belleza se vuelve insoportable, casi como un paisaje nevado que duele de tan blanco.

En esos días, los melismas debieron entumir su cuerpo de hombre perennemente enfermo y la respiración debió alargarse para cerrar sus pulmones.

Yo que quiero ir siempre en affrettando

para conocer el límite de todo lo bello,

yo que conocí a Chopin por la enfermedad,

me pregunto, ¿cómo será el último sonido de mi cuerpo?

Toreo

Nunca he mirado a un toro a los ojos,
no me he sobrepuesto al metal del día
y tampoco he incubado a la noche.
No he sucumbido como el animal,
no vengo desde una ciudad extinta,
no tengo el sueño fijo en la deshora,
no persigo el movimiento del hombre,
no recorro el laberinto industrial,
no he escuchado el grito en plaza abierta,
ni he dado mi vida en una corrida.
Acaso no he dado nada,
pero me he dado a la nada,
me he entregado con fe
a las ancas del segundo,
como si las hojas que caen siempre
fueran a caer nunca de los árboles,
como si el mar dejara de habitarte
y tú de mirarme desde la orilla.

Minimalismo editorial.

***
Laura Itzel Domart (Ciudad de México, 1992)
. Maestrante en estudios latinoamericanos y licenciada en ciencias de la comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Escritora, periodista y profesora. Disfruta de mirar de cerca a las hormigas y de recolectar ficciones ajenas. Su obra poética se ha publicado en revistas como La Raíz Invertida, Milenio, Este País y La Razón.

Salvo la portada del libro, todas las imágenes que acompañan esta entrada son materiales originales de Altura desprendida y fueron sutilmente arrebatados al puerto de Montevideo, Uruguay.

Tags:

Deja un comentario