, ,

Poemas de Carmen Soler, comunista del Paraguay

Brevísima muestra de una obra elocuente en quebrantos y denuncias.

Los torturados dejan de agitarse
La Moneda se reconstruye íntegra
Los militares vuelven a sus cuarteles
Renace Neruda
Los obreros desfilan cantando: ¡Venceremos!
Gonzalo Millán

La historia política del Paraguay, con su cruel dictadura de casi 35 años encabezada por el general Alfredo Stroessner —quien, por cierto, murió en un retiro pacífico en Brasil, varios años después de ser derrocado— es continua en un fenómeno: el del exilio.

Su novelista canónico, el reconocido Augusto Roa Bastos, galardonado en 1989 con el premio Cervantes e inmortalizado por su crítica palimpsestuosa del poder totalitario en la obra Yo el supremo, es apenas el más reconocido de los autores del país obligados al arrinconamiento en Buenos Aires, París, Estocolmo, Santiago o donde correspondiera.

Entre una apariencia de normalidad democrática, el autoritarismo continúa ejerciéndose hoy en Paraguay, matizado en lo político, pero flagrante en la aplicación de un neoliberalismo elitista, mientras que al frente de sus decisiones gubernamentales ejercen los mismos responsables políticos del stronismo. Basta pensar en el expresidente Mario Abdo, antecesor del actual mandatario e hijo del secretario particular de Stroessner; y en el sempiterno Partido Colorado, gestor de una diversidad de decisiones fundamentales, como un posible cambio constitucional que abriría la ruta a la reelección del magnate Horacio Cartes, o como una política exterior que lleva al país a alinearse a Estados Unidos en las Naciones Unidas para apoyar a Israel, pese a su repudiado genocidio contra el pueblo palestino perpetrado en la Franja de Gaza.

El del exilio, pues, fue también el camino forzado de la guerrillera comunista Carmen Soler, nacida en Asunción en 1924 y quien, víctima de encarcelamiento, persecución y tortura por el régimen, falleció en 1985 en Buenos Aires, sin haber podido regresar al Paraguay ni atestiguar la caída del dictador, ocurrida todavía cuatro años después. Entre sus periplos obligados, la autora se encontró también con el Chile de Salvador Allende y con el golpe de Estado de 1973, donde aquella trágica segunda mitad del siglo XX obligó a los exiliados paraguayos a volver a huir de sus países de refugio cuando, en la década de 1970, también en ellos se activaron dictaduras, veinte años después de la implantación temprana de Stroessner.

En homenaje a las voces latinoamericanas de la resistencia desde la invención, Altura desprendida ofrenda esta pequeñísima selección de una obra siempre reiterada en la acusación política, el elogio de los compañeros, la celebración a ultranza de la vida, el canto a Guatemala, Haití, Cuba, Nicaragua o Uruguay, y la emotividad en el combate.

La poeta denuncia los puntos donde fue golpeada durante un apresamiento en 1960.

¡Ya!

¡Arráncate la mordaza
y canta!

¡Escupe el veneno
y vive!

¡Pon la tristeza
en la palma de tu mano
y sopla!

¡Véndate la herida
y lucha!

¡Vamos!

¡Ya!

Panteones

Panteones para vivos
llaman a estos
calabozos de castigo
pero no seré yo
—pensaba—
quien los transforme
en «para muertos».
Y si lo estoy contando
es que fue cierto.

El torturador

A los que sabemos

De tanto burlar la muerte,
tenía la sangre negra.
De tanto burlar el día,
tenía el alma negra.
De tanto burlar al pueblo,
tenía la vida negra.
Simplemente
lo mataron.
En el lugar encontraron
solamente un pozo negro.
No hubo quién preguntara.

En Concepción, norte paraguayo, en 1956.

Antonio Maidana

Se llama Antonio
como podría llamarse
Agüero
Mariano Roque Alonso
Alberto Candia
Alonso Ramírez
Juan Carlos Rivas
Juan Mora
Mariano Jara
Miguel Ángel Soler
Derlis Villagra
Rubén González Acosta
Emio Roa y tantos,
¡tantos! otros.
Pero se llama Antonio
único Antonio
del espeso muro
de la celda oscura
que no pudo vencerlo
en 20 años
de «panteones para vivos»
en la Comisaría 3ra.
en el campo de «Emboscada».
Se llama
y se llamará por siempre
Antonio Maidana
Antonio entero
Antonio Quebracho
como le dice el pueblo
que recibe su ejemplo
en la noche
de lucha
y espera.
El único Antonio que se nombra
cuando se dice luz, quebracho, fuerza.

Canoa

A los canoeros de los ríos
de mi patria, a sus mujeres e hijos

Canoa río arriba
canoa río abajo.
El rico vive del pobre
y el pobre de su trabajo.

El pescador pesca
lo que no puede
y va controlando
los espineles.

Canoa río arriba
canoa río abajo
se muere de hambre
con su trabajo.

El pescador pesca
lo que no quiere:
su miseria de hijos
que se le mueren.

Canoa río arriba
canoa río abajo.
El rico vive del pobre
y el pobre de su trabajo.

Y aquí hay que poner punto:
la mujer lo sufre
por todos juntos.

Publicación de 1965 en el diario bonairense Crónica del testimonio de su hija sobre tortura sufrida en manos del régimen de Stroessner.

Calabozo

El aire no me llega.
Tal vez ande perdido
por esos corredores
o esté incomunicado
en algún calabozo
castigado
por querer —como yo—
andar por todas partes:
ir a la Unión Soviética
por ejemplo.

Mi patria

Paraguay
tantos años amándote
se me hizo costumbre.
Eres tenaz en mí
como el empuje
del brote en primavera
que está siempre latente
debajo del invierno
hasta que llega el tiempo
que inexorablemente llega
alguna vez.

Frontera

Contrabando y miseria.
Rancho, prostitutas,
sudor y polvareda.
Niños de ojos tristes
y vientres abultados.
Calvario de «paseras».
Frontera.
Hambre, negociados.
Raquíticos soldados
y gordos generales.

Sargentos, capataces
de látigo y caña,
baraja y tiroteos.
Frontera.
Allí la tierra herida
por sus cuatro costados.
El pueblo en carne viva.
Contrabando y miseria.
¡Toda la patria frontera!

Carmen Soler con su hija Matena y su esposo, Luis Casablanca, en 1967, durante su exilio en la capital argentina.

Bandos

Al «roto»

Se prohíbe
al hambre comer
a la boca hablar
al oído oír
a la sed beber
al fuego calentar
al miedo correr
al frío tiritar
a la alegría reír
al amor querer
al poeta cantar
al herido gemir
a la primavera florecer
a la pólvora explotar.

Después
los fusilaron por no cumplir.

Chile, 1973

Hilo de sol

No sé por qué
milagro de reflejos
un hilito de sol
furtivamente
pasa todos los días
en leve triangulito
por el techo
de mi calabozo.
Lo espero
lo espío ansiosamente
lo sigo y lo despido
con tristeza.
Pero enseguida pienso:
mañana volverá
si no lo apresan.

La apariencia

A Dina y Luis
(Ellos saben por qué)

Las cosas por sabidas
no dejan de asombrarnos.
El sol está brillando,
la gente por las calles
pasea, toma helados;
los niños corren, juegan,
y hay rosas en los patios.
Como si la muerte no pasara
tragándose las calles
y el río Mapocho no corriera
con tan extraños peces.
Nada. El sol brilla y como siempre
la gente por las calles.
Pero un poco antes del toque de queda
una corrida general rompe
esta apariencia.
Y es como un alivio cruel
saber que saben.

Mucho más

Me da pena el que quiso
alcanzar un ideal,
luchó y no llegó.
Pero me da más pena
el que no intentó llegar
porque pensó
que no valía la pena.
Y se quedó.
Me da pena
el que quiso soñar
y creyó en sus propios sueños
hasta que se despertó.
Pero más pena
el que nunca tuvo sueños
y sin haber soñado murió.
Me da pena la flor
y más pena la piedra
que nunca floreció.

También la alegría. Reencuentro en Buenos Aires, 1968, con su hija Matena.

Todos los poemas de esta muestra fueron tomados de la edición Poesías reunidas preparada por la firma Servilibro y publicada en Asunción en 2011. El libro contó con el apoyo de la Secretaría de la Mujer durante la gestión del presidente Fernando Lugo, breve oportunidad del progresismo paraguayo que fue interrumpida por un golpe blando al año siguiente.

La imagen de la portada exhibe la ficha que la policía de Stroessner le fabricó a la poeta tras una detención perpetrada en 1955. Esa fotografía y todas las que componen esta entrada fueron tomadas del micrositio La Asunción clandestina de Carmen Soler, dedicado a la memoria de la también maestra bilingüe, periodista, enfermera voluntaria y artista plástica.

Tags:

Respuestas a «Poemas de Carmen Soler, comunista del Paraguay»

  1. Paloma blanca, paloma negra: un poemario de Jorge Canese – Altura desprendida

    […] «El estronismo era aún un gobierno fuerte. El malhadado mamotreto fue sentenciado a la hoguera en vivo y en directo —por televisión—, a través del heraldo oficial de la época: el Subsecretario de Información y Cultura de la Presidencia de la República. Hecho insólito, si los hay. […]

    Me gusta

  2. Historia de un corazón y fundación guaraní de Buenos Aires – Altura desprendida

    […] trabajo de Elvio Romero —obligado al exilio como Rubén Bareiro, Augusto Roa Bastos, Carmen Soler y tantos otros paraguayos— fue celebrado por algunas de las más importantes conciencias […]

    Me gusta

  3. Revertir el imaginario: una película contra la dictadura paraguaya – Este País

    […] durante sus años de control. Por ese proceso, por ejemplo, fueron obligados al exilio los militantes y escritores Carmen Soler y Luis Casabianca, Elvio Romero y Augusto Roa Bastos, entre decenas de otros artistas e […]

    Me gusta

Deja un comentario