Matrix Resurrections o que las cosas mueran

por Karen de Villa

Tras la decepción de Matrix Resurrections, hice mi propia versión para así dejar descansar en paz la saga.

En 1999, la conexión a internet llegaba por teléfono y no había redes sociales. En ese mismo año en que nació Napster, había esperanzas de que el internet fuera un espacio libre para el intercambio de información. Ni hace falta decir que Matrix fue un punto de inflexión para el cine comercial occidental. También fue un parteaguas para muchos adolescentes que, como yo, dejaron de sentirse solos en esta sensación de que el mundo anda mal y algo hay que hacer al respecto.

Pasaron 22 años: aparece el internet 2.0, se observa un cambio enorme en cuanto a derechos LGBT+, llega una pandemia sin precedentes y, más allá de todo eso que puede dialogar perfectamente con el discurso de Matrix, la saga prefiere montarse en la ola de la nostalgia como negocio seguro para construir el discurso de que, al final, no está tan mal vivir en la Matrix y que no te pierdas las siguientes películas porque la franquicia viene con todo.

En mi intento de resucitar mi imaginación adolescente, fantaseo con que Neo descubre que, efectivamente, nunca fue el elegido, sino que esa profecía mal comprendida fue parte de un engaño de la propia Matrix para restarle poder a los demás mortales que están dormidos en sus capullos y, de paso, para que Morfeo y toda la resistencia pierda su tiempo entrenando al Chosen one.

Chosen by no one cae en depresión severa e inicia una nueva trayectoria en la que descubre que cada quien es su propio héroe, su propio príncipe azul, con el potencial de volar o doblar cucharas. Trinity, después de una profunda decepción al darse cuenta de que el objeto de su afecto no es lo que ella creía, finalmente mira hacia sí misma, descubrimos su pasado, sus miedos y secretos, que le gusta el anime, tocar la trompeta o escribir poesía, ¿qué sé yo?

Cuando Neo descubre que no es nadie, como un tsunami del inconsciente colectivo, hay una epidemia en la Matrix de personas que se dan cuenta de que no hay un elegido, sino que cada mortal tiene la posibilidad de salir.

Entonces descubren en Sion que, aunque el desastre ecológico es tremendo, aún es posible regenerar el suelo y la atmósfera; sin embargo, las máquinas tienen las últimas semillas sanas. La misión se trata de rescatar las últimas semillas que quedan e iniciar una nueva era para la “realidad”. Descubren el poder del colectivo. Sin embargo, algunos se regresan a la Matrix después de varios ataques de pánico.

Al final se rompe el melodrama: todos tenemos nuestro Mr. Smith y nuestro Morfeo internos (curiosamente los personajes-arquetipo originales que no reaparecen en Matrix Resurrections). La lucha no era contra las máquinas, sino contra lo peor de la naturaleza humana que las creó. Y ahí termina la película, sin ningún tipo de secuela ni precuela, nunca jamás.

***
Karen de Villa
 (Ciudad de México, 1986) 
Su quehacer se centra en la escritura, el cine documental, la permacultura, los pueblos originarios de América y el baile afrocubano. Se ha formado en la UNAM, la Cineteca Nacional y el bosque de niebla de Veracruz. Actualmente trabaja en un documental sobre permacultura y cambio climático en México.
Instagram: @kala_de_villa y @otra_tierra

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