Del plomo

por Mercurio Cadena

Las historias divinas tienden a ser aburridas porque intentan ser historias de perfección. Sospecho que eso explica mejor que otras cosas el alejamiento de las personas a lo sacro. Si lo sacro es perfecto, me es ajeno. Al menos eso me pasa a mí. ¿Cómo identificarme con un Dios que es todo bondad y que sabe todo perfectamente? Yo a duras penas sé qué comer en las mañanas o cómo cuidar a mi gente… Se siente un poco como se sentía cuando mi abuela decía: lo perfecto es enemigo de lo bueno. Católica devota, nunca cayó en cuenta —o nunca reflexionó conmigo— de lo que el refrán implica para Dios: tanta neurosis no puede ser buena. Seguramente me daría un zape después de decir eso…

Jesús, Brahman, Allah… fardos de virtud; y sus historias, casi victoria tras victoria… Aburrido. Es la misma razón por la que casi todos y todas hemos leído, cuando menos, uno de los círculos infernales de Dante pero ningún capítulo del cielo… Es más fácil reconocerse en alguno de los condenadotes cachondos que con Beatriz, impoluta. El modernismo y su idea de progreso, sin embargo, forzó nuestro rostro en la dirección, casi exclusiva, del perfeccionamiento y la virtud. No me malinterpreten: esos ideales no están mal en sí mismos. Al contrario: hay que saber ganar. Lo único que digo es que es un método que lleva a olvidar que no hay resurrección sin Gólgota.

¿Esto significa que debemos volver a los abismos de la culpa y el arrepentimiento? Para nada. Significa que la sabiduría y la compasión a las que aspiramos deben entenderse como frutos de un camino. No son cocacolas que puedan comprarse en cajitas. No son regalos automáticos del peyote y no son cosechas de campos paralelos. Deben cultivarse en nuestra vida diaria.

Personajes de un recurso mnemotécnico pintados por un artista de India en el siglo XIX. Wellcome Collection.

Y esto no siempre significa trabajo agotador: hay trabajos que nutren y descansan sin que esto implique que no necesiten alguna clase de esfuerzo. Es raro, pero intentaré explicarme: saber disfrutar de la familia y de la gente cercana en torno a esas viejas cenas y demás rituales que nos congregan tiene su chiste. Hay que ser pacientes, hay que refinar el humor, hay que aprenderse uno o dos chascarrillos y hay que afinar, cuando menos, un poquito la voz. También hay que aprender a distinguir lo urgente de lo importante, y hay que saber tratar con cuidado los pliegues de lo ajeno.

Son muchas cosas… no todo saldrá bien. Pero vale la pena intentarlo, con todo lo que somos. Vicios y virtudes. Sin que eso implique resignaciones pero tampoco pretensiones. Un plomo cae pesado en todos lados.

Tal vez eso es lo que hace que la historia de Jesús me parezca un poco más interesante que la del resto de los dioses: su carne lo hizo también hijo del Hombre. Su carne le dio la furia con la que levantó las mesas en el templo, y le dio también esos escabrosos temblores y esas pesadas lágrimas que derramó previo al beso que marcó el destino de Occidente.

Matsia, encarnación ictícola de Vishnú, en una pintura india del siglo XIX. Wellcome Collection.

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Mercurio Cadena
Abogado que codea. Veracruzano y chilango. Escribe ensayos, cuentos y poesía.
Twitter: @hache_g

Imagen principal: Grabado de Augustin Hirschvogel, 1547, del Cristo retirando cadáveres de la cruz. Tomada de Wellcome Collection.

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