Dune prebabélico y las monjas del bondage

por Xel-Ha López Méndez

Considero que Dune (2021) es una oda al teatro, sobre todo al shakesperiano.

Me resuena que los conceptos ritmo y voz sean parte importante en la resolución de diversos conflictos de la trama. Además (si mal no recuerdo, la película empieza en verso), se observa: 1.- Controlar a los demás (tremendamente colonial esto, btw) mediante la voz, pero sobre todo a través de la orden. 2.-Caminar con ritmo para sobrevivir en el desierto, lo más similar al enaltecimiento de la danza (pa’ quedar bien con lo primitivo).

Otra cosa que noté es el papel que juega el lenguaje: el conocimiento de otras lenguas, las expresiones secretas entre el protagonista y los enviados. Expresiones en donde quien las comparte afirma la complicidad de un código común, estableciendo un vínculo extraño de confianza.

Una suerte de conocimiento prebabélico, es decir, mesiánico. Toda la película es tremendamente mesiánica. El rey negro (de la profecía de Nostradamus) y los trajes de los primeros visitantes papales fue el colmo. También el vestuario y la participación de las monjas bdsmeras, donde resuena el tema de la flagelación y el sacrificio cristiano. Redención por dolor.

La épica del chambelán.

Y otro asunto que honestamente me pareció secundario por evidente: se trata del papel de los sueños como elementos adivinatorios (medio forzadón, a mi gusto).

El hecho de que el objeto del deseo fueran las especias en lugar del agua (aunque a decir verdad no acaba por sustituirla: hay dos escenas importantes, regar las palmeras y el roedor con mecanismo de recolección de humedad) abre una lectura nueva que me parece muy curiosa: el placer del gusto, pero también un marco histórico importante en el sentido de la colonialidad que permea todo el discurso de la película: los viajes de Indias, donde comenzó todo el desmadre.

La verdad, entré pacheca al cine, recuerdo que vi muchas más citas de las que puedo recordar.

Otras cosas que llamaron mi atención fueron: la pelea de hologramas, muy de la estética del videojuego; y lo tremendamente binario de los personajes, salvo los malos malotes que eran medio queers y medio cyborgs —ojo aquí con los conceptos que ahora rodean la idea del enemigo en la máquina del entretenimiento.

Así que ¡bravo!, otra película donde triunfa el amor, el amor heterosexual, aunque interracial (which is not new) y medio prohibido (en el sentido de Selena), de dos morrites prefértiles: ninguna sorpresa, imperio de reproducción ideológica del cine.

La verdad extrañaba ir al cine.

Una vez más, un beso cinematográfico.

***
Xel-Ha López Méndez
(Guadalajara, Jalisco, 1991)
Le gustan los gatos, las palomitas y las plantas. Escribe, a veces hace artes o videos y es medio bruja. Sabe que Coral Blanco es el futuro de la poesía.
Instagram: @xel.ha.lopez

Imágenes de portada e interiores: fotogramas de la película de Denis Villeneuve, tomadas de Internet Movie DataBase.

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