La máscara luminosa de una draga Pancho Villa

por Axel Hernández

Es el sábado 26 de junio de 2021. Liebre se está transformando en Transylvania antes de dirigirse al Centro Histórico de la Ciudad de México. Es la marcha del orgullo. Frente al espejo, entre sombras púrpuras y glitter rosa, se aplica labial rojo en su boca coronada por un prominente bigote y rememora cómo fue que inevitablemente se abocó al activismo político.

“Pasé por un proceso de lectura, de aprender, de conocer a las personas, de conocer vivencias no sólo de las personas hegemónicas, sino rodearme de otro tipo de personas, llámese travestis, trabajadoras sexuales, personas trans, ir conociendo, ¿no?, ir aprendiendo y darme cuenta de que realmente no somos tan distintos, seguimos siendo personas”, platica.

“Tal vez ha encontrado su equilibrio en tener bigotes de Pancho Villa y labios color rojo”, sintetiza así su vecina la manera en que Liebre transita de uno a otro géneros, con lo que quebranta la dicotomía entre hombre y mujer día con día y encarna una lucha por la autodeterminación y la libertad de existir.

El equilibrio está en el hecho de ser con plenitud. Foto: Paola Macedo.

Se asume no binarie, una identidad de género que se localiza en el espectro trans, término que suma a las identidades que rechazan su socialización sexual conforme a un género identificado como hombre o mujer. Su cambio de nombre refleja este rechazo y resulta de un proceso complejo de desarrollo identitario.

Habitante de Los Héroes Tecámac, en un conjunto habitacional ubicado en el noreste del Estado de México, la artista transdisciplinaria de 24 años de edad tiene muy claro cómo se siente más cómoda con su identidad: prefiere estar afuera del modelo genérico binario dominante en la cultura occidental y que plantea dos categorías rígidas, opuestas y codependientes.

Liebre recuerda que desde su más temprana infancia la acompañó un repudio hacia las dinámicas masculinas, lo que complicó su convivencia con otros varones y la llevó a preferir la presencia de sus compañeras. Esto reforzó su conexión casi innata con la feminidad.

Estridencia de colores. Foto: Paola Macedo.

“Toda mi vida, desde que vine a este plano terrenal, me he visto rodeada de puras mujeres. Mi mamá era la que siempre me cuidaba; y cuando mi mamá trabajaba, era mi abuela o era mi tía”, expresa.

Sentada en su habitación de paredes moradas repletas de cadenas, talismanes y gafas de colores, Liebre rememora las innumerables mañanas en que contemplaba a su madre maquillándose frente al espejo antes de partir a su jornada laboral. “Si yo crecí con eso y me identifico con eso, ¿por qué debo performar de otra manera?”, inquiere.

Amor y más amor. Foto: Axel Hernández.

Vero, su madre, es trabajadora del sector educativo. Originaria de Tuzantla, Michoacán, emigró al Valle de México en la década de 1980. Siempre sospechó de las inquietudes identitarias de su único hijo; su mayor preocupación no rondaba su orientación sexual, sino lo que ella enuncia como “la crueldad de afuera”, así que buscó confirmaciones que eliminaran la incertidumbre y buscó armonizar la rebeldía de su hije, que choca con otras formas de pensar en la familia. La madre se esforzó por construir un ambiente de respeto para todos.

“Bueno, yo crié a un niño para que se comportara como un niño, ¿no? Entonces ahora habrá que modificar algunas cosas y lo único que no se puede modificar es que tú debes ser un buen ser humano; seas mujer, seas hombre, seas quimera o lo que seas, tienes que ser un buen ser humano”, asienta.

En la adolescencia las inquietudes de Liebre se intensificaron y se vio frente a nuevos cuestionamientos sobre su autodeterminación. Se subió a unos tacones por primera vez antes de cumplir los quince años y empezó a maquillarse con cosméticos que hurtaba a su madre, ocultándose del escándalo que causaba en sus padres la exploración desde una feminidad clandestina que la obligaba a removerse el esmalte de uñas antes de llegar a casa, pero que le permitió entender la vida de otra manera. Fueron los salones del plantel 9 de la Escuela Nacional Preparatoria donde por primera vez usó en público zapatillas de tacón, venciendo el miedo a recibir comentarios desafortunados. Se llenó de una sensación de satisfacción, se sintió realizado; fue ahí también donde tuvo su primer acercamiento al teatro, arte que se convirtió en un medio para descubrirse y liberarse.

El esmalte y su relevancia vital. Foto: Paola Macedo.

Esa liberación eventualmente llegó al hogar y poco a poco el alboroto menguó para dar paso a una muy estrecha relación entre Liebre y su madre, contrastada con la relación con el padre, un poco más distante pero armónica, basada en el respeto mutuo a la libertad y las diferencias de pensamiento.

Ya en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM se cruzó con las teorías queer y el concepto de lo no binario. Hasta entonces pudo entender mucho mejor su identidad, mediante el acercamiento a la historia de los géneros disidentes y a toda la espiritualidad que se les ha conferido en diferentes culturas del mundo.

“Lo que no se nombra, no existe”, dicen, y una nueva identidad necesitaba un nuevo nombre, una voz neutra con la que realmente Liebre se identificara. “Una vez yo le pregunté a mi mamá qué significa mi nombre. Ella me respondió: ‘Érick significa el barón que regirá eternamente’. ¡Imagínate! Ni es barón y es anarquista, las ironías de la vida”, responde.

La identidad como fuente de esclarecimientos y herramientas de lucha. Foto: Axel Hernández.

Con el tiempo adoptó varias identidades para escapar tanto de la normatividad como de los márgenes legales y, en honor a su relación zodiacal con la luna, Liebre acuñó para sí ese nombre, otro conejo en la luna, como las historias que en la niñez le contaba mamá.

La compañía teatral de la FAD la acercó a la cultura drag, apoyada en las artes gráficas y la comunicación visual. Lo que comenzó como una exploración académica, artística e identitaria devino una forma de lucha, un medio para transmitir sus mensajes, poder educarse y educar. “Yo estoy casada con la idea de que mi drag es político y en mis shows siempre tiene que haber un eje político”, determina. Esto fue la génesis de Transylvania, nombre que da a su performatividad drag, quizás la versión más libre de sí misma.

Transylvania y la fuerza de su belleza. Foto: Axel Hernández.

Y es que la comunidad trans es particularmente vulnerable en esta sociedad cisheteronormada. De acuerdo con datos de la organización Letra S en su informe La otra pandemia. Muertes violentas LGBT+ en México, 2020, desde 2016 han sido asesinadas 459 personas de la comunidad en el país, entre las que 257 se identificaban como mujeres trans. Durante la pandemia de covid-19, esta cifra detuvo su tendencia creciente para dar lugar al aumento de casos de expulsión forzada del hogar de personas LGBTTTIQA+ (lesbianas, gay, bisexual, transgénero, travesti, transexual, intersexual, queer, asexual), confinadas en un entorno hostil. Sin embargo, los asesinatos están registrando un repunte, con 43 nuevos casos en lo que va de 2021, según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT en México, de la Fundación Arcoiris. A esta violencia transfóbica, se suma la violencia estructural del Estado mexicano, que no sólo no protege sino que se niega a reconocer sus identidades en documentos oficiales, lo que deriva en violaciones sistemáticas a sus derechos humanos. Estas personas se ven marginadas en sus procesos de acceso a servicios administrativos, de justicia y salud, una de las formas de discriminación más padecidas por este sector sexodiverso.

En este panorama tan adverso, las múltiples opresiones que atraviesan a esta colectividad han provocado el surgimiento de la resistencia trans, encarnada en colectivos e individuos unidos en defensa de sus vidas e identidades. Ante el confinamiento, Liebre trasladó su activismo al plano digital: participó en conversatorios, conferencias y hasta un pódcast.

“Lo no binarie no solamente se ha colocado en el cuerpo y en la expresión de género, sino que también es una postura de pensamiento, una postura incluso política. Estamos tan acostumbrados a pensar en estos polos, en estos binarismos sociales, rico/pobre, moreno/güero, todo esto que nos viene articulando en extremos y lo no binarie también es una posición y un llamado a hacer crítica a todo esto, desestabilizar todos estos binarios que parten del género pero también en una lógica que es violenta porque te quiere obligar a decidir”, apunta Lenin Zamorano, doctorante en psicología social por la Facultad de Psicología de la UNAM, “y si no te sientes cómodo decidiendo, si quieres experimentar en muchos ámbitos, ésa es la posibilidad y el panorama que te abre lo no binarie”.

Es mediodía y un pequeño grupo de personas trans y no binarias se ha reunido en el bazar autogestivo instalado en la Glorieta de Insurgentes, debajo de la estación del metrobús, un espacio seguro donde se preparan antes de irrumpir en la fiesta del Paseo de la Reforma, que para elles representa otra arista de opresión que pretende hegemonizar las identidades de la diversidad sexual para encasillarlas bajo categorías del mercado rosa.

Cuidado con la alienación mercantil, que todo lo compra y lo vende siguiendo su agenda de oportunismos. Foto: Axel Hernández.
Con el cuerpo y las palabras se resiste y se combate. Foto: Axel Hernández.

La apariencia de este contingente es radicalmente opuesta a lo demás: el negro anarquista de su ropa contrasta con los colores de sus banderas; maquilladas o con capuchas fluorescentes algunes van entaconades y otres usan botas. Abriéndose paso a través de la multitud arcoíris, todes gritan al unísono: ¡Aquí está la resistencia trans! Su postura combativa rompe abruptamente con el ambiente festivo de la aglomeración, que observa confundida. No faltan los comentarios despectivos, las burlas y los señalamientos, que sólo vienen a confirmar que incluso al interior de la comunidad existen opresiones y discriminaciones.

A su paso van realizando intervenciones en el espacio público; con latas de aerosol plasman mensajes contra el estado, la transfobia, el machismo y el capitalismo. En el trayecto se les han unido más personas contagiadas de rebeldía y alegría que van engrosando los gritos que exigen justicia ante los crímenes de odio y un alto a la violencia transfeminicida, así como las consignas que llaman a la unidad en la lucha de la comunidad sexodiversa que camina en dirección a la plaza de la constitución. Una vez ahí, una casi afónica Transylvania se ve rodeada de gente, la mayoría adolescentes acompañades de sus padres que buscan tomarse una foto con ella, maravillados por su espectacular atuendo y ese pasamontañas negro adornado con pedrería. Mismo pasamontañas que mostraba en aquella entrevista mientras se pintaba las uñas en ese amoroso hogar diciendo: “no soy una etiqueta, no soy un pronombre, yo simplemente soy y simplemente existo”.

Simplemente soy y simplemente existo. Foto: Paola Macedo.

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Paola Macedo
Egresada de la licenciatura en diseño y comunicación visual de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, especializada en diseño editorial y fotografía. Es fotoperiodista independiente y se interesa en historias con perspectiva de género y en la defensa de los derechos humanos. Colaboradora de la agencia fotográfica Obturador Mx, del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad y del portal Sociedad Noticias.
Instagram: @paolamacedo_foto
Twitter: @PaoMaceB

Axel Hernández
Estudiante de comunicación en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, de la UNAM. Cineasta documentalista integrante del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad, fotoperiodista y reportero del medio Sociedad Noticias. Su trabajo está enfocado en documentar, a través de herramientas audiovisuales, procesos de lucha y resistencia colectiva.
Instagram: @axel_hernandez.m
Twitter: @axelhdm

Todas las imágenes, portada e interiores, son cortesía de los fotoperiodistas. La imagen principal es de Axel Hernández.

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