El infeccioso estilo de I Acevedo

por Gael Montiel

Empecé a escribir este texto sobre mi entusiasmo por un par de libros de I Acevedo en abril y el documento se quedó arrumbado. De cara al inicio del otoño, recordé este borrador y me doy cuenta de que nunca me decidí entre estos inicios:

  1. Si el ensayo en el que César Aira defiende la necesidad de abandonar la primera persona y regresar a la literatura de la evasión tuviera un rostro, I Acevedo llegaría a escupirle. Y luego haría un cuento al respecto.
  1. No hay pulsión más fuerte que la de querer escribir sobre escribir. 
  1. En días de encierro, más de un par de manos hormiguearán de ganas por empezar una obra y, cuando los escenarios apocalípticos ya son reales, lo que vale más la pena imaginar es a uno mismo. 

Es difícil encarar el infeccioso estilo de I Acevedo (Argentina, 1983), escritore argentine donde la autoficción no es sólo una decisión estilística, sino una convicción de vida.

Tuve dos encuentros inesperados con Acevedo: uno, la cautivante portada de Jajaja en una librería, que me hizo comprarlo por impulso y dejarlo en un estante. Otro, la noticia de la plataforma de libros electrónicos Leamos, que permitió registros gratis por la cuarentena en Argentina. Ahí vi la portada del nuevo libro de Acevedo, Late un corazón. Empecé a leerlo y me enteré de que ya no era autora y de que había cambiado el Inés por el neutro “I”, acorde con su transición de género. Su lectura me llevó al libro que ya había comprado. Ambos son reuniones de relatos/diarios escritos en momentos muy distintos de su vida y uno se lee como secuela del otro, aunque no lo es.

En mi borrador inicial también anoté esta obviedad: “La I de su nombre es un yo que se narra”.

Publicación de Acevedo con el sello Mansalva. Imagen tomada de las redes sociales de la editorial.

Son dos libros de cuentos, según los define Acevedo pese a lo que diría la academia, sobre cómo irrumpe la vida en la escritura y se leen como entradas de diario o delirantes posts de un blog. Narran su transición de género, lo que para ella significa “dejar de sentirse mujer”, la maternidad, la realidad política argentina, las marchas a favor de la legalización del aborto en el país. Más de una vez estos relatos se muerden la cola porque los escribe para ser leídos en eventos públicos y cuando los lee suceden cosas que luego son narradas.

“Tengo que contar muchas cosas y debo contarlas aquí y ahora. Lo lograré como siempre, mezclando todo con todo, y sin ocultar mi modo”, escribe Acevedo en la primera página de Late un corazón. Hice muchas anotaciones y subrayé profusamente ese tipo de frases con las que define, no sé si queriendo, su idea de la literatura, pero no las tengo a la mano. Por ahora, creo que con esta basta.

Otra frase que se quedó en mi primer borrador: “Acevedo propone una literatura que parece diseñada para estos tiempos de ensimismamiento y descuido”.

Su obra se podría ubicar, pues, a un lado del Libro vacío de Josefina Vicens o del Discurso vacío y La novela luminosa de Mario Levrero, trabajos donde la pulsión de escribir sobre escribir toma su mejor forma. Pero a diferencia de estos ejemplos, donde las costuras del texto finalmente son ocultadas, Acevedo las exhibe.

En un momento del Fetch the Bolt Cutters, otra obra que para mí ha sido un acontecimiento este año, Fiona Apple tropieza en un tiempo y se lamenta con un “fuck this shit”, que finalmente terminó en la grabación. Así se muestran los textos de Acevedo: llenos de imperfecciones, ensayos, groserías ante el yerro.

Es muy posible que, para algunxs, estos cuentos resulten o muy pesados o muy triviales, pero a mí me provocaron adicción: leí con avidez ambos libros, saltando entre uno y otro, en un par de días. Luego de que pasé meses en un diplomado de escritura, de escuchar sobre el equilibrio entre la anécdota, el lenguaje, el símbolo, y deslumbrado por la perfección de otra Inés (Arredondo), la lectura de estos libros fue una refrescante caída hacia la lucidez que sólo viene del desparpajo. Y es que la del diamante en bruto es una metáfora insoportable por eficaz. 

En mi primer borrador también dejé una línea que no tengo idea de hacia dónde iba, pero decido terminar con ella: “Intentar desentrañar la vida en la literatura tiene menos sentido si ya estamos casados con una definición de literatura”.

***
Gael Montiel (mexiquense nacido en el 91). Egresado del diplomado de la Escuela de Escritores de México y periodista por el ITESM. Textos suyos han sido publicados en el diario Reforma y las revistas Tierra Adentro, Crítica, La Hoja de Arena y la Revista Mexicana de Comunicación.

Twitter: @gaelmontiel

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