Memorias y autobiografías de escritores mexicanos

por Pável Granados

Aunque parecen casi lo mismo, diferenciadas sólo por algunos matices, las memorias y las autobiografías son géneros prácticamente opuestos. Mientras que los memorialistas encuentran su placer recordando lugares e invocando fantasmas de otros tiempos, los autores de autobiografías intentan construirse a base de palabras. La mayoría de nosotros formamos con nuestras palabras un Yo tan endeble que se derrumba cuando se decide a caminar. Es un género tan escaso el de la autobiografía porque requiere de la valentía que da la sinceridad, y quizá por eso esté condenado a la extinción… o más bien a la exhumación. Primero muertos que sinceros; o, mejor dicho, sólo muertos seremos sinceros. De tal modo que sólo aquellos que vengan después sabrán con profundidad de nuestras vidas, de lo que en realidad pensábamos, en caso que muestren algún interés. De los textos reunidos en este libro, sólo el de sor Juana podría ser llamado plenamente “autobiografía”, y acaso pasajes de las memorias de Enrique González Martínez, en el sentido de que son dos autores que se sumergen en sí mismos para encontrar algo propio, o para sacar de la cantera propia ladrillos con qué edificar. Esta necesidad de construir literatura con el material del Yo no se da a causa de la pobreza de los autores o de la incapacidad de comprar vivencias en el exterior. Entre los dos escritores mencionados hay diferencias extraordinarias. Sor Juana dejó un personaje único, no lo llamaría “yo” en el sentido de lo que entendemos hoy por esa palabra. Si reflexiono en torno a ella, me sorprendo: es capaz de tomar su propio yo entre las manos para verlo de fuera, no lo mira como una posesión, no se contempla sólo a sí misma: es consciente de que posee una inteligencia excepcional (¿es ella misma esa inteligencia o sólo la posee?) a la que sólo concibe como un préstamo de la divinidad. Sin embargo, se necesita poseer una inteligencia notable para poder describir la inteligencia que capta. Naturalmente, esto se convierte en un juego de espejos que comienza a ser enfadoso. Por su parte, González Martínez tenía otro tipo de herramientas que le permitieron excavar en el mismo tema; las herramientas psicoanalíticas que pudiera haber tenido (en cierto momento de su vida se apasionó por Freud) le sirvieron para apuntalar el ideario simbolista que formó en su juventud. Él contemplaba un paisaje interior, el que uno recorre en sueños o durante los arrebatos de la inspiración. Y la autobiografía, ella puede manifestarse dentro de las “memorias”: cuando el narrador es elemento del paisaje, cuando toma conciencia de que él es la voz que construye el mundo narrado y que tendrá las peculiaridades que él tenga. Veo una cosa más: las memorias parece que recorren periodos; van de la narración de hechos (fray Servando, Guridi Alcocer) y de la descripción gozosa de un mundo (Prieto) hasta el retrato de una época hecha con los colores conscientes de la personalidad (Tablada, Torres Bodet). Pero no he dicho lo más importante: las memorias y las autobiografías me fascinan. Son un remedio contra la anemia espiritual que causa la academia cuando extirpa, de las obras de arte, la vida por considerarla elemento de poco interés.

Nahui y Lizardo frente a la bahía de Acapulco, de Nahui Olin, 1921.

Sor Juana Inés de la Cruz et al. Memorias y autobiografías de escritores mexicanos, prólogo y selección Raymundo Ramos, 1ª reimp. de la 3ª ed. México, UNAM, 2007 (Biblioteca del Estudiante Universitario, 85).

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Pável Granados
Escritor e investigador mexicano y actual director de la Fonoteca Nacional. Estudió letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coautor, junto a Guadalupe Loaeza, de Mi novia, la tristeza, biografía del cantautor Agustín Lara.

Imagen de portada: Máscaras y muñecos, de Angelina Beloff, 1955. Ésta y la imagen de interiores fueron tomadas del Museo de Arte Moderno.

Somos idiotas, dice Felipe Calderón

por Héctor Gutiérrez Trejo

Felipe Calderón dice que el PAN perdió el rumbo: tejió una alianza con el neofalangista Vox. Santiago Abascal, caricatura posmoderna de José Antonio Primo de Rivera. Los mexicanos son una raza inferior, infantil, inacabada, que, en un teatro edípico no resuelto, necesita que el hombre blanco la guíe a la razón y la modernidad, hacia el progreso. Piensa Vox. Los proyectos (mínimamente) antineoliberales son un peligro para México, piensa Calderón. La coma como acto de resistencia ante la tiranía de la palabra. Y sin embargo la coma también es una palabra. El silencio y el ruido no son antónimos, sino transnónimos: cosas diferentes que se vuelven una misma cosa y tienen un distinto devenir; sin que se separen del todo, mantienen una autonomía sin rompimiento. Como el amor y el odio. O el ADN. La modernidad y el progreso, palabras huecas ante un futuro que nos ha sido negado, atavismo del siglo XX: todo lo que se aleje un par de grados a la izquierda del neoliberalismo es salvajismo. Comunismo. Comunismo visto como antonimia del progreso. Y no como su transnónimo: algo en principio distinto, que se vuelve lo mismo pero con un distinto devenir. El capitalismo fue transnonímico: permitió el progreso, fue revolucionario. Ahora es antonímico: se opone a cualquier forma de organización que busque un progreso ajeno a su modelo de explotación y acumulación de la riqueza. El plusvalor como antonimia de la humanidad.

Calderón reprueba que el PAN haya firmado un pacto con Vox. Vox aduce que el machismo es culpa de las mujeres. Calderón aduce que la drogadicción es culpa de jóvenes que se alejaron de Dios. “Tienen poco que creer, que no creen en la familia, que no tuvieron; que no creen en la economía o en la escuela; que no creen en Dios, porque no lo conocen”,1 arguye Calderón. Los milenials somos una generación sin futuro, admite de forma implícita: no creemos en la economía porque la economía nos condenó a trabajos precarios e inestabilidad laboral. No hay futuro. “No me siento representado por la palabra fascista, no me considero facha”,2 asevera Abascal. El fascismo posmoderno, dice Mark Fisher, es un fascismo negado:3 no soy fascista, pero “soy partidario de abrir la puerta de mi país o la puerta de mi casa a quien se la quiero abrir… que las alambradas sean sustituidas por muros”,4 apunta Abascal.

El cómodo autoespectáculo de la frivolidad. Abascal en el senado mexicano junto a Eduardo Verástegui. Imagen tomada del Twitter del supremacista español.

Primo de Rivera se niega a sí mismo, pero quiere que votes por él. Primo de Rivera vive en el corazón del hombre común, en el burócrata, que no es fascista pero cree que los inmigrantes islámicos le roban el trabajo a los españoles. La guerra contra el narco de Calderón no fue más que un proyecto de clase materializado en forma de una guerra contra la gente pobre, morena y fea ante la posibilidad de su organización colectiva masiva tras el fraude del 2006. Los descabezados de la nota roja, siempre morenos, que sirven para avanzar en la imposición de la axiomática del neoliberalismo. Decapitados en el Metro, La Prensa y El Gráfico. Las élites blancas en las revistas del corazón: Hola, Club y Quién. Las vidas inocentes que se perdieron por la sed bélica de Calderón son daños colaterales. El capitalismo, apuntan Deleuze y Guattari, desterritorializa, destruye todo tipo de normas sociales, lazos sociales, formas culturales, rompe identidades, pero al mismo tiempo reterritorializa por medio de estructuras atávicas, religiosas y autoritarias. Privatización de las empresas estatales. Salinas de Gortari restablece relaciones con el Vaticano. Debilitamiento del Estado y liberalización del mercado. Fox le besa la mano a Juan Pablo II. Abascal, el del PAN, no el de Vox, hace que despidan a una maestra por enseñar Aura, de Carlos Fuentes, en la escuela de su hija.5

El novio de México en la comodidad de sus portadas.
Imagen tomada de las redes sociales de la publicación.

Es cierto que en México partidos que se identifican con la izquierda han signado alianzas con institutos políticos de corte confesional. Morena y el PES, el ejemplo. Sin embargo, sin que sean loables, y sin justificarlas, dichas coaliciones han sido de carácter pragmático-electoral y no hay una supeditación de la agenda de izquierda hacia la agenda evangélica del PES, sino todo lo contrario. Morena, más allá de sus errores y el conservadurismo del presidente —no confundir conservadurismo con derechismo, porque incluso la derecha, es decir, el liberalismo, puede aparentar ser progresista—, ha impulsado a nivel regional temas como el aborto6 y el matrimonio igualitario, que son contrarios a la plataforma del PES, partido que ya perdió el registro dos veces a nivel federal. Incluso se puede argumentar, sin hacer una apología, que la derecha evangélica, identificada con sectores de las clases bajas de la sociedad mexicana, es distinta a la derecha católica criolla, el Yunque, que predomina en el PAN y las clases altas. Las que salen cada fin de semana en Hola, Club y Quién. Acción Nacional, más allá de que, ante el escarnio público, se haya retractado de la carta suscrita con Vox, sale del clóset y se vuelve a meter: en el fondo comparte la misma ideología y es proclive a la misma agenda contraria a movimientos populares y otras formas de organización social estigmatizadas y criminalizadas por el neoliberalismo. Ambas, a su vez, resultan más cómodas para las élites económicas que movimientos populares con una plataforma abiertamente antineoliberal. Véase el golpe blando contra Lula en Brasil.

¿Acción Nacional y Vox coincidirían en la abolición del libre mercado? ¿Apoyarían al magisterio disidente? El PAN es un Vox que se autoniega, pero suscribe acuerdos con el Frente Nacional por la Familia.7 Calderón sería antes candidato de Vox que de Podemos. El PAN y Vox no son antonímicos, tampoco transnonímicos, son hipernomínicos: lo mismo pero llevado al extremo. FRENAA llamó a votar por los candidatos del PRI y el PAN. Los españoles liberaron a los pueblos del Altiplano del yugo mexica, alega Vox. Me parece una arbitrariedad el retiro de la estatua de Colón en Paseo de la Reforma, alega Calderón.

Orgulloso michoacano presume cercanía con el actual presidente de Estados Unidos.
Imagen tomada del Twitter de Felipe Calderón.

Notas

1 Herrera, Claudia y Cruz, Ángeles. “No creer en Dios hace a la juventud esclava de narcos, señala Calderón”, en La Jornada.

2 Redacción, “El PSOE utiliza a Vox para meter miedo a los ciudadanos y otras frases de Santiago Abascal”, en La Vanguardia.

3 Mark Fisher, “Políticas de la des-identidad”. Los fantasmas de mi vida, Fernando Bruno (trad.), Argentina, Caja Negra Editora, 2018. p. 266.

4 Mopez, Víctor, “Las 12 frases más peligrosas de Santiago Abascal, líder de Vox”, en Los Replicantes.

5 Redacción, “El libro de Carlos Fuentes que fue censurado durante el gobierno de Fox”, en Reporte Índigo.

6 Redacción, “Aborto en Hidalgo ya es legal: se publican reformas para su despenalización”, en El Financiero.

7 Redacción, “Anaya coincide con Frente Nacional por la Familia en rechazo al aborto”, en El Financiero.

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Héctor Gutiérrez Trejo

Periodista adicto a los doritos nacho y a la coca cola. Y a los cheetos bolita de desayuno. Ha sido reportero en Reforma y coordinador editorial en Esquire Latinoamérica. Actualmente colabora en El Financiero.
Twitter: @tedefrijol

Imagen de portada tomada del Museo Memoria y Tolerancia, compartida el 30 de agosto de 2021 en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada.

La emergencia poética de escribirse a una misma

por Michelle Vázquez

Jan Rosagel imaginó Emergencia poética después de ir al mar. Jan Rosagel creó Emergencia poética en medio de la tormenta que supuso 2020 para todas.

La gran pausa —en la que resultó inevitable vernos a nosotras mismas— fue escenario para que, como Scheherezade, Jan nos mantuviera vivas día a día, prestando su voz a nuestras ancestras: mujeres-poetas, mujeres-escritoras, mujeres-creadoras, mujeres-artistas.

A través de la imagen y el texto, fuimos encontrando nuestras voces, hablando, verbalizando eso que nos lastima, que nos da miedo, pero también lo que nos apasiona, lo que nos mueve, lo que nos transforma.
Jan siempre se presenta como una mujer enorme, y cuando la conoces te das cuenta de que lo más grande que tiene son su corazón y su luz, que resultan ser flama y te encienden.

Es tan bondadosa con sus saberes que los comparte sin escatimar, lo que hace que sus laboratorios realmente sean espacios seguros de experimentación donde tanto las mujeres como las infancias podemos desplegar toda nuestra creatividad sin la constante carga patriarcal del canon y la academia.

Como yo experimenté muchas cosas hermosas en los tres laboratorios que tomé con ella, quise compartir con ustedes esta entrevista, en la que nos cuenta todo lo bello que tiene para ofrecer.

Autorretrato.

La poesía es una parte importante en tu quehacer diario, podría decirse que vives a través de la poesía. Cuéntanos cuál es tu relación con ella…

La poesía es mi casa, es mi madre, a veces mi hija. A las mujeres como yo no les pertenece la poesía; a las mujeres pobres nos la han contado como un lujo, como una técnica, como un instrumento difícil de comprender. Me la arrebataron desde siempre. Jamás pensé ser una mujer de versos. Hoy es mi mar y mi esperanza. La poesía para mí es justicia y ternura y, como puede ser profundamente humana, imperfecta.

¿Cuáles son tus autoras favoritas?

Me gustan mucho Alejandra Pizarnik, Cristina Peri Rossi, Cristina Rivera Garza, Clarice Lispector, Pita Amor, Gloria Fuertes y todas las mujeres orales que no escriben pero que cuentan. Las narradoras orales para mí son seres extraordinarios.  

En tus laboratorios siempre empiezas con un relato; usas tu voz para transportarnos a ese otro espacio que estamos a punto de crear. Los relatos normalmente vienen de tradiciones orales que, desde tu experiencia como narradora, utilizas para construir puentes entre mujeres. ¿Qué es para ti la oralidad?

La oralidad es el origen, es un poder y un regalo de la naturaleza. Ella es la madre de la escritura, toda escritura es una extensión de la oralidad. Somos un cuerpo que tiene la capacidad de construir y emitir sus sentires a través de su voz. Eso, para mí, es un milagro.

La naturaleza le dio a cada ser su sonoridad; la oralidad es la nuestra. La oralidad es un misterio para la ciencia, su genealogía es ancestral. Toda comunidad tiene lenguaje oral y no siempre escrito. Hay cientos de lenguas que no se escriben.

La oralidad está viva, y todo lo que está vivo cambia, muere y nace con  constancia. Además, la oralidad la ejerce cualquier mujer sin importar la jerarquía social. No es como la escritura; la oralidad se ejerce día a día y no hay mujer que no tenga voz, que no emita su voz, aunque sea tímidamente. El mundo actual la ha devaluado mucho, pero si hacemos una revisión histórica de cuando la humanidad era oral, vemos cómo la relación con la naturaleza era mejor, porque la escucha y la herencia de historias resultaba vital. La oralidad, entonces, es una cuestión de sobrevivencia y de cuidado. 

Esto no es un libro, es una vulva.

En este orden de ideas, ¿cuál crees que es la importancia de usar nuestra voz como mujeres?

La voz como mujeres siempre ha estado presente: en el útero la voz de nuestra madre y su latido nos acompañan y cobijan. La voz es la que nos recibe al mundo, la voz es una herencia materna, somos las sembradoras del lenguaje. Es importante jamás olvidarlo.

Actualmente se están prefiriendo espacios exclusivos para mujeres, ¿por qué crees que sea importante hacer esta separación?

Es muy curiosa esta pregunta. Siempre han existido los espacios exclusivos para nosotras las mujeres, sólo que ahora que los nombramos y elegimos como una postura política y de cuidado se nos cuestiona, pero ésa es la ley patriarcal. Mi respuesta ante un mundo mirado desde el patriarcado es ésta: las mujeres necesitamos reposo y espacios de escucha y diálogo, espacios que ayuden a reconstruir nuestros lenguajes y poéticas sin la mirada y aprobación masculina. Son espacios hermosos, por cierto, de mucho poder y sentipensares que construyen resistencias, porque renunciar y rebelarnos a la aprobación patriarcal es liberador. 

Cuéntanos sobre la plataforma desde donde brindas estas experiencias, tu proyecto Emergencia poética…

Pues la querida Emergencia poética es un brote. Somos hijas de la desgracia porque nacimos en la pandemia como forma de sobrevivencia colectiva. Este proyecto ya era un latido que tenía desde hace tiempo y que no me atrevía a construir, pero como buena madre que nos arroja del nido, heme aquí volando.

Emergencia poética es un proyecto autogestivo y experimental para  construir poéticas con mujeres y las infancias. Hacemos principalmente laboratorios de experimentación escrita y visual, tenemos una fanzine y varios conversatorios.

En pocas palabras, un lugar para soñar colectivamente.

La pregunta y el hallazgo.

Aparte de los laboratorios para mujeres, también tienes laboratorios para las infancias. ¿Desde dónde trabajas con ellas?

Con las infancias trabajo desde la incertidumbre. La infancia es un periodo humano hipersensible, indómito; me desarma todo el tiempo, son hackeadores por excelencia. Su ternura y mirada son salvajes y, por ello, feroces. Yo trabajo poesía con ellas y ellos, la expongo desde el juego y la pregunta. La pregunta es fundamental para hacer emerger el poema; la pregunta siempre tiene que ver con su vivencia, desde las palabras y los sentires que conocen.

La infancia me trae siempre al presente y a la palabra honesta. 

¿Qué has aprendido a partir de los laboratorios que impartes?

Todos los laboratorios que he impartido me mostraron que el proceso educativo es también un proceso creador y que las mujeres tenemos una urgencia por sanar y recordar quiénes somos y de dónde venimos. Es impresionante el parecido de nuestras historias.

Las mujeres tenemos un poder creador hermoso y brutal, sólo hay que provocarlo. Hay que jugar un poco más en esta vida.

La experimentación, el juego, la imagen.

La escritura es parte fundamental de todos tus laboratorios y de tu experiencia vital, ¿cómo la vives?

La escritura para mí es una batalla; es donde más veo a mis fantasmas. Tengo dos tipos de escritura: la que fluye naturalmente, que se da al ver y sentir la vida, y la escritura forzada, la que es un pendiente, un encargo, una tarea. Sufro mucho cuando tengo que escribir para alguien, tengo que huir de mí misma para poder escribir, pero ya que inicio fluyo como agua de río. Es un trance bellísimo, una especie de magia. Mis versos siempre están mojados y a veces dejo la marca que dice: aquí dejó una lágrima.

Siguiendo con la pregunta anterior, entonces ¿cuál crees que sea la importancia de vernos y escribirnos?

En muchos cuentos ancestrales, las mujeres pierden los dientes por el amor, pero el amor antes no era pérdida para nosotras; hoy sí. Estos cuentos orales siempre fueron contados por mujeres, de generación en generación, como mapas de vida.

Siento que el acto de remirarnos y reescribirnos de forma colectiva e individual ayuda a construir un mapa para leernos, para encontrar caminos. La escritura es, entonces, un mapa de revelaciones y representaciones indómitas; es la posibilidad de construir nuestra libertad. 

Breve opulencia que fluye.

***
Michelle Vázquez

Orgullosa sagitariana, fan del arte contemporáneo y de las películas del llamado “cine de arte”. Tiene una relación amor-odio con la academia, pero encontró en la docencia una trinchera política. Piensa en la educación como un espacio de experimentación y diálogo que permite la interacción desde lugares más amables. Entre sus actividades favoritas están ser feminista, viajar, dormir, bailar y comer.
Twitter: @Mich3ll3_07

Todas las imágenes son obras de Jan Rosagel.

Bestiario de mis exes

por Svetlana Garza

El Homúnculo

Aunque diminuto,
era casi humano.
Temía aplastarlo por la noche,
pero también era escurridizo.

Cegaba mis piernas peludas
como campos de trigo:
pan y vodka como soy,
alimentaba de mí a su pueblo.

Medía un centímetro de alto,
pero su báculo crecía hasta el cielo,
y como un minúsculo Moisés
lo clavaba en mis arenas.

Así atravesaba el mar rojo,
que lo obedecía y se abría en dos,
como yo toda,
para bienvenirlo.

Cuenta la leyenda
que dejó en algún túnel
un mapa hacia mi punto G
tallado en braille.
(¿quién pudiera leerlo?)

El homúnculo vivía en mis grecas
a veces sin yo sentirlo.
El homúnculo vivía con miedo
y tuvo que escaparse un día. 

Cuando se fue me parecía sentirlo
recolectando la cosecha de octubre,
juntando leña para el invierno.
(homúnculo prevenido vale por dos)

Nunca lo vi partir,
un día fue sólo el silencio.
A lo mejor sigue aquí en mi sacro,
martillando mis lumbares.

Quién sabe si él es mi ciática,
quién sabe si él es mi lordosis,
quién sabe si él es mi distrofia,
quién sabe si él es mi dolor.

En la faena colosal.

El Gorila

El Gorila quería, más que nada,
las botas rojas de Vincent Galo.
Creo que las quería para volver a casa.
(como Dorita)

Nunca le dije que para usarlas
iba a necesitar talones,
para no hacerlo llorar en mi cama.

Yo, más que nada, quería
que me engullera entera
para lamer su panza desde dentro.

Que su estómago infinito y negro
escaldara de cosmos mi lengua.

Mientras, mis dedos de tiza
pintarían murales de colores
en las paredes de su vientre. 

Nunca me faltaría espacio.
Todo mundo sabe que las panzas de los gorilas
son más grandes que su pecho,
que su hambre… 

Y al fin mi troglodita
conocería las cosquillas
y las constelaciones.

Cósmica digestión homínida.

El Warsie

Yo pude ser tu tavern wench
y tú hubieras sido mi Chewbacca,
al fin que él también era un genio incomprendido.
Extrañas gargantas de los wookies,
incapaces de pronunciar todo lo que entienden.
Más extraña aún su sensibilidad,
con más de quince formas de gruñir “violencia”.

Todo mundo sabe
que detrás de ese disfraz de alfombra,
esconden un miembro majestuoso,
enarbolado y animal,
y aunque nadie lo decía en voz alta
hay silencios en la película
en que es obvio que lo están pensando.

Nunca quise que fueras Harrison Ford.
No es mi estilo.
Y yo, más Carrie Fisher que Leia Organa,
bocafloja y borrachales,
me habría tenido que inventar un personaje,
antropomorfo pero no humano,
capaz de cabalgar un wookie
por el kessel run en doce parsecs
todas las veces que hiciera falta.

Una jedi azul con tubérculos donde iría el cabello
y un pasado prostituto,
proveniente de uno de esos planetas,
famosos por su trata de blancas,
tan letal con las armas blancas
(mis exnovios siempre lo han dicho)
como con un sable láser.

Nos habríamos conocido en la cantina
donde yo trabajara de encubierta
y hubiéramos bailado toda la noche
(habrías hackeado la rockola).
A Han no le habría importado
que me llevaras al halcón milenario,
ocupado como estaba
con su princesa revolucionaria en turno.

El pretexto sería que tienes un vinilo
de una banda de una galaxia más lejana
o una matrioshka de aquella vez
que traficaron cocaína en mi cuadrante.
O quizás sería yo quien te dijera, 
aficionada como soy a las armas,
que tienes que enseñarme tu ballesta,
y ya insinuada en los albures subsecuentes,
no me dejarías escapatoria. 

Me llevarías a la cabina de mando
y me acorralarías contra los controles.
El motor se encendería varias veces,
de tanto rebotar en ellos,
y nos tendríamos despegando toda la noche
en un planeta donde la noche durara
el doble de horas que el día.

En la mañana, todo tu pelaje
estaría adherido de mi aroma,
mientras te preparas un termo de café
que podría despertar a un Bantha,
y nos quedaríamos sentados por un rato
sin ganas ni hora de irnos,
pero sin pretextos para quedarnos.

O quizás habríamos coincidido en una aventura
y hubiéramos rescatado el pañuelo de la reina
de manos de un antiguo amante
que amenazara con contarle al rey
de sus viejos amoríos. 

O quizás nos habríamos rescatado mutuamente
de morir en las garras o fauces o espinas
de algún monstruo intergaláctico
y nos hubiéramos revolcado bajo las lunas
unas doscientas veces.

Todo el universo sabe
que los wookies se vienen y
hacen venir 200 veces.
Y por ahí de la 150,
me habrías conquistado.
No diría que en silencio,
pero sin palabras.

Triste y hermoso pelaje.

Hombre máquina 

Quiero que me atropelles,
que me pases por encima,
que seas como un tren
cargado de material de construcción.

Quiero sentir mis flancos
en tu engranaje,
su corona de metal
allanándome la piel.

Los engranes tienen dientes
que bien encajados
pueden mostrarme
el camino de regreso.

Más que gemir,
hazme que cruja,
que truene y chisporrotee
bajo tus ruedas.

Quiero que me embarres en las vías,
que me adhieras a los rieles
hasta que sólo picos y palas
arranquen mi piel del suelo.

Quiero mojar la grava de mí:
que mi rocío en la tierra
brille como mi sangre,
brille como luciérnagas.

Amante lámina.

El Neurodivergente

Dices que tienes el cerebro cariado,
que es un colador de pasta
por donde todo el amor se filtra.
Que es un rayador de queso
que hiere con los bordes.

Igual yo quisiera untármelo
por todo el cuerpo, como mantequilla.
Quiero montarme en sus grumos,
como en un toro mecánico
y aprender de ti por ósmosis.

Si está lleno de agujeros,
lamerlo y masticarlo,
como un queso roquefort
escurriéndome
entre las comisuras. 

Y si de veras te suicidas,
déjamelo en tu testamento
para hincarle el diente
y el coño,
como un vibrador orgánico.

Entre los huecos del silencio y la soledad.

El Alebrije o poema de opción múltiple

Dicen que sólo existes en mi mente,
pero llevo las marcas de tus ____________ 

  • a) Dentelladas 
  • b) Lengüetadas 
  • c) Asfixias 
  • d) Zarpazos 
  • e) Otra: ____________ 

para probarte verdadero.

Convertiste mi piel en cofre
donde resguardo incansable tus

  • a) Plumas 
  • b) Pezuñas 
  • c) Molares 
  • d) Uñas 
  • e) Pinzas 
  • f) Otra: ____________ 

con que llenabas mis ____________ 

  • a) Ansias 
  • b) Ganas 
  • c) Nalgas 
  • d) Horas 
  • e) Acantilados 
  • f) Otra: ____________ 

Qué esperas para venir a _______________ 

  • a) Envolverme 
  • b) Enrollarme 
  • c) Embalarme 
  • d) Vendarme 
  • e) Cercarme 
  • f) Circundarme 
  • g) Sitiarme 
  • h) Acorralarme 
  • i) Otra: ____________ 

en tus ____________ 

  • a) Brazos 
  • b) Alas 
  • c) Escamas 
  • d) Tentáculos 
  • e) Fauces 
  • f) Lenguas 
  • g) Armas 
  • h) Ancas 
  • i) Sábanas 
  • j) Otra: ____________ 

Qué ganas de ensalivarte todo
desde el ____________

  • a) Pico 
  • b) Asta 
  • c) Aleta 
  • d) Exoesqueleto 
  • e) Caparazón 
  • f) Tórax
  • g) Otra: ____________
     

hasta la ____________ 

  • a) Médula 
  • b) Aleta dorsal 
  • c) Penúltima raya 
  • d) Última escama 
  • e) Otra: ____________ 

Jálame del cabello hasta que ____________

  • a) Relinche 
  • b) Barrite
  • c) Cante 
  • d) Aúlle 
  • e) Implore 
  • f) Grazne 
  • g) Tararee 
  • h) Otra: ____________ 

Pero si no vas a volver nunca,
al menos ____________

  • a) Enhébrame 
  • b) Traspásame 
  • c) Perfórame 
  • d) Hiéndeme 
  • e) Horádame 
  • f) Remáchame 
  • g) Empálame 
  • h) Ensártame 
  • i) Cálame 
  • j) Picotéame 
  • k) Taládrame 
  • l) Engárzame 
  • m) Traspásame 
  • n) Acribíllame 
  • ñ) Socávame 
  • o) Trepáname 
  • p) Barréname 
  • q) Todas las anteriores 

una última vez.

Estos poemas son un adelanto del libro Bestiario de mis exes, en el que la Rinoceronta (Svetlana Garza) embiste por medio de una sátira poética que se mueve entre el erotismo contestatario y una suerte de melancolía irónica, entre un lenguaje que abreva de la expresión cotidiana y de la lírica de vuelos robustos. En esta exploración, se juega con el anhelo por el paraíso de la carne pretérita y se proponen mapas corporales y espirituales, los cuales expanden sus rutas como cicatrices placenteras encaminadas a la satisfacción propia y a una crítica mordaz que desafía los discursos que se han masticado hasta la insensatez. Los textos aparecerán ilustrados con el trabajo de Mario Méndez, quien es dueño de un trazo rotundo y audaz, liviano e incisivo, agradable y perturbador.

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Svetlana Garza
Estudió lengua y literatura inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde ahora cursa la maestría en literatura comparada. Es poeta, traductóloga y traductora de libros como Trozos de mí, del poeta beatnik Bob Kaufman; de la novela Entre actos, de Virginia Woolf; de La venganza del Saguaro, de Tom Miller, entre otros. También es autora del poemario de literatura erótica La Rinoceronta en el cuarto (Editorial Letras Líquidas). Su obra, además de en revistas independientes, ha sido publicada en el libro colectivo Fantasías desanimadas, de Editorial Literal, y en la antología Silueta: narrativa y poesía, de Colectivo Entrópico. Sus próximos dos libros de poesía están varados por la pandemia y nunca se ha ganado un premio. #jamásbecada
Facebook: @larinoceronta

Mario Méndez
Nació en la CDMX cuando aún se le decía DF. Pasó su vida dibujando y leyendo historietas, hasta que llegó a la Academia Mexicana de Arte Secuencial, donde le enseñaron a poner orden a las líneas que imaginaba. Es posible haber visto sus ilustraciones en libros, escenografías y algunos muros, sólo que tiene la horrible costumbre de no firmar su obra. Actualmente, juega a ser godín en jomofis para sobrevivir la pandemia, pero el muy mañoso no deja de dibujar.
Instagram: @mariomendezilustraciones

Todas las ilustraciones son cortesía de Mario Méndez.

 

 

 

 

La práctica: un día en la vida de un poeta de tiempo completo

por Aaron Poochigian

Como poeta de tiempo completo, trabajo en mi propia poesía al menos ocho horas diarias. Este trabajo va de la creación en bruto hasta la revisión y la relectura. Antes también incluía la traducción de poesía en este mismo cajón, pero ahora me estoy enfocando en mis propias creaciones. Muchos de mis amigos escritores (y todos los poetas) me preguntan: “¿cómo le haces?” Lo que quieren decir con eso es que cómo le hago económicamente; es decir, “¿cómo pagas la renta?”, pero también están preguntando cómo logro meter la poesía en el burocrático horario de nueve a cinco.

Un día de la semana normal en mi vida como poeta transcurre más o menos así:

Alrededor de las siete de la mañana, camino de mi departamento en el Lower East Side a mi lugar de escritura, Paragraph, en la calle 14. En el trayecto voy recogiendo mis impresiones de la ciudad. Últimamente he estado leyendo traducciones de poesía china clásica, abundante en imágenes. Y lentamente he ido construyendo una colección de poemas propios influidos por la poesía china, basados en imágenes urbanas, para mi próximo libro. La ciudad de Nueva York es el amor de mi vida, y cada día trato de tomar una ruta distinta rumbo a Paragraph.

USA, donde la libertad es una estatua: Nicanor Parra.

Abierto las 24 horas, Paragraph es un área de trabajo prediseñada para escritores, al estilo de las oficinas compartidas de la empresa WeWork, pero para literatos. Tiene una sala silenciosa de clima controlado donde novelistas y biógrafos consagrados, aspirantes a escritores y unos cuantos editores picotean sus teclados como pájaros recogiendo alpiste. También hay una cocina con cafeteras y otras fuentes de cafeína, y un refrigerador. Para poder sentirme “legitimado” como escritor y poeta de tiempo completo, necesito este singular espacio fuera de mi departamento al cual ir como a una oficina de las nueve de la mañana a las cinco de la tarde y a veces más.

Cuando llego a Paragraph, le dedico entre media y una hora al “mercadeo y publicidad”, lo que quiere decir, principalmente: contestar emails (de mis seguidores, de mis odiadores, de mis contratadores y de mis promotores) y publicar en Facebook y Twitter.

Para entrar en modalidad creativa, me pierdo un rato en poemas que encuentro estimulantes; seguido leo traducciones de poetas chinos o poemas de Auden. Luego me pongo a trabajar.

Empiezo con fragmentos, frases o líneas que se me hacen provocativas. Las combino de formas distintas en busca de una chispa. ¿Alguna vez han ido a acampar y han tratado de prender una fogata haciendo fricción con dos varas de madera? Esa es la analogía que quiero lograr aquí. Las frases y líneas son esas varitas, y yo froto unas con otras hasta que surge el poema (que es también una fogata).

Algunos días los termino con un poema que quiero conservar; otros días termino sin nada.

Les tengo otra analogía: ir a pescar. A veces los peces muerden el anzuelo, a veces no. Véanlo con filosofía, no se desesperen si escriben por horas y terminan con pura paja. Mañana será otro día.

Competencia y reposo.

Cuando necesito un descanso del trabajo crudo y creativo, me pongo a revisar. Imprimo varios poemas que haya escrito recientemente y hago todo lo que puedo con ellos en términos de sustitución de palabras, expansión y contracción, en un intento de empujarlos hasta que lleguen a su más “perfecta” enunciación.

Acuérdense de que la edición no se opone al proceso creativo; al contrario, es una parte muy fecunda del mismo. Cada pequeño problema, cada pequeño bache en un poema necesita ser subsanado antes de publicarlo, y las soluciones que se me ocurren durante la revisión con frecuencia hacen al poema mucho más fuerte de lo que era antes, ya sea que lo empujen hacia un nuevo camino o le den ese clic necesario para convertirlo en un todo satisfactorio.

Crecí como poeta cuando me enamoré del lector. Jonathan Franzen dice que el novelista debe pensar en el lector como un amigo; yo digo que el poeta debe pensar en el lector como alguien a quien se quiere ligar. Un poema es un acto de seducción. Sé que uno de mis poemas está listo cuando me puedo imaginar leyéndoselo a alguien al oído, confiadamente, como preludio al besuqueo.  

Supongo que debo contestar la pregunta que todos están pensando: ¿cómo te alcanza para vivir en Nueva York? Algo de dinero llega de mi poesía original en forma de premios o publicaciones, pero, lo confieso, la gran mayoría del dinero que necesito para mi modesta forma de vida sale de traducir y dar clases.

Concrete jungle where dreams are made of, dice Alicia Keys.

La traducción me parece una buena opción porque, sí, te puedes ganar algo de dinero, pero también porque sirve como una forma de ejercitar el oficio y obliga al escritor a encontrar una voz y un idioma diferentes en sí mismo. Déjenme darles un consejo: si vas a traducir algo, traduce algo de dominio público para que, no sé, Eurípides no ande por ahí listo para cobrar una parte de las regalías.

Consideren también traducir obras de teatro porque en ese caso se pueden vender los derechos de publicación pero conservar los derechos para montar la obra y, así, cada que una compañía teatral quiera representar la obra usando tu traducción tiene que pagarte una cantidad por cada función. Hay que tener varias fuentes de ingresos funcionando simultáneamente.

Para mí, dar clases es algo tan natural como respirar. El truco para tener un “negocio lateral” es que se quede lateral; es decir, asegurarte de que no interfiera con el tiempo designado para escribir. Trato de agendar mis clases para entrada la tarde o la tarde-noche, de modo que mi horario de trabajo creativo quede intacto.  

Al final del día, imprimo las creaciones de la jornada para poder seguir jugando con ellas en el camino.

Normalmente, a eso de las seis de la tarde, ahora que la ciudad no está en cuarentena, camino hacia el East Village para tomarme un trago o dos. Me he dado cuenta de que unos tragos me permiten “tomar distancia” y tener “un cerebro nuevo” frente al trabajo de todo el día. Sí, yo soy el tipo ese al que vez garabateando sobre unas hojas de papel en el bar.

Finalmente, regreso caminando a mi casa, y si estoy de humor sigo trabajando en el material que compuse antes; si no estoy de humor hago algunas revisiones ya en cama o releo obras de mis poetas favoritos. Luego me quedo dormido y cuando me levanto lo vuelvo a hacer todo otra vez.

Adiós a las armas.

Traducción de Svetlana Garza. Puedes consultar el texto original aquí.

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Aaron Poochigian

Poeta y traductor, se doctoró en literatura clásica por la Universidad de Minnesota. Su primer poemario, El ronroneo del cosmos, fue publicado en 2012, y el segundo, Manhattanite, en 2017. Activo en Twitter, ha publicado en sitios como The Paris Review, Best American Poetry y POETRY.

Arantza Gascón
Nacida bajo el signo de géminis, es una apasionada del universo de Harry Potter. Conduce una comunidad de seguidores del mago en Facebook e Instagram llamada Sangre Potterica. Trabaja en ventas en Apple y tuvo un reciente paseo vacacional en Nueva York.

Todas las imágenes, principal e interiores, son fotografías cortesía de Arantza Gascón.

Guía de papel: El chico del periódico

por Rodrigo Hernández López

La vida, al igual que el periodismo, está construida por diversas líneas que se conjugan en un punto de la historia, dando como resultado hechos que al final son determinantes para el curso de las cosas.

Pete Dexter, un columnista del Philadelphia Daily News, publicó una columna el 9 de diciembre de 1981 donde detallaba la muerte de un joven llamado Buddy Lego. El texto relacionaba el asesinato con un asunto de tráfico de drogas. El hermano de Buddy, un cantinero de Grays Ferry, llamó a Dexter para que se retractara; el periodista accedió a reunirse con él en el bar para discutir la información.

El reportero alegaba que sus datos eran fidedignos y que la muerte de Lego estaba relacionada con el crimen; el hermano aseguraba que no y le respondió con una golpiza. Dexter era amigo del boxeador Tex Cobb y, al despertar sin dientes y golpeado, acudió a su casa. Cobb daba una fiesta y acudió con un grupo de amigos de vuelta al bar para ajustar cuentas. Al final, el lugar se volvió un campo de batalla.

Dexter terminó con una fractura de pelvis, un fémur lastimado, una conmoción y hemorragia cerebrales, y una cortada que requirió 90 puntos de sutura. Por su parte, a Cobb le rompieron el brazo y la lesión le costó una pelea programada con Muhammad Ali.

Tras ese evento, Dexter comenzó a publicar novelas; la primera, dos años después de la golpiza. Desde entonces, la violencia, en todas sus formas, es el leitmotiv de cada una de sus obras, como si los golpes de aquella noche fueran el motivo de su escritura.

Nicole Kidman representando a uno de los personajes de Dexter.

En 1995 lanzó al mercado El chico del periódico. La sinopsis es en sí misma una noticia que puede leerse en cualquier periódico:

En una celda de la prisión de Moat County, en Florida, Hilary Van Wetter, acusado del asesinato del sheriff local, espera su ejecución. Charlotte Bless, una mujer que ha estado escribiendo cartas de amor al condenado a muerte, se pone en contacto con la redacción del Miami Times y asegura que su «novio» es inocente.

”El periódico envía a dos reporteros, Ward James, originario de Moat e hijo del director del periódico local, y Yardley Acheman, un periodista brillante y muy ambicioso, a investigar el asunto. Éstos, con la ayuda de Jack, hermano menor de Ward y narrador de la historia, realizan un reportaje y se ven envueltos en una turbia historia, en la que se entremezclan enigmáticos testigos, métodos periodísticos no siempre ortodoxos y situaciones de extrema violencia.

”La publicación del reportaje fuerza a que el caso se revise y abre las puertas del éxito a sus autores. Pero quedan demasiados cabos sueltos. Demasiados enigmas sin resolver. Alguien descubre que no todo es tan sencillo como parece. Los pantanos devuelven cadáveres. Y resulta difícil vivir con el cargo de conciencia de saber que no se ha actuado con ética. El joven narrador aprenderá muchas cosas sobre la vida y sobre los seres humanos, pero el precio de este aprendizaje es tal vez demasiado alto”.

Incluso la adaptación de ese libro puede ser vista en Amazon Prime, bajo el título Amores peligrosos (The paperboy en inglés, dirigida por Lee Daniels y estrenada en 2012), con Zac Efron, Matthew McConaughey y Nicole Kidman.

Dexter no es ajeno a la brutalidad y encuentra algo de alivio al dolor de sus recuerdos. Deberíamos recordarlo siempre: la violencia nos marca cotidianamente y converge en formas insospechadas.

Galanes para representar la precariedad.

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La guía de papel, nombre de este espacio de colaboraciones con Altura desprendida de periodicidad mensual, es una pieza en ángulo usada como referencia al momento de insertar la hoja en la máquina de escribir, cuya función es facilitar la fijación de los márgenes a la hora de teclear.

Rodrigo Hernández López
Creció entre libros viejos y periódicos y aún escribe en su vieja máquina de escribir. Fanático de la fatalidad de Casablanca y de la lluvia. Busca cómics de la Editorial Vid, ediciones de La casa de los espíritus y figuras de Star Wars. Como Clark Kent, su pasión es el periodismo. Le gusta dar paseos por el cementerio y sube cosas de Batman desde su Twitter: @lopezperiodista.

Las imágenes de portada e interiores son fotogramas de The paperboy tomados de IMDB.

La máscara luminosa de una draga Pancho Villa

por Axel Hernández

Es el sábado 26 de junio de 2021. Liebre se está transformando en Transylvania antes de dirigirse al Centro Histórico de la Ciudad de México. Es la marcha del orgullo. Frente al espejo, entre sombras púrpuras y glitter rosa, se aplica labial rojo en su boca coronada por un prominente bigote y rememora cómo fue que inevitablemente se abocó al activismo político.

“Pasé por un proceso de lectura, de aprender, de conocer a las personas, de conocer vivencias no sólo de las personas hegemónicas, sino rodearme de otro tipo de personas, llámese travestis, trabajadoras sexuales, personas trans, ir conociendo, ¿no?, ir aprendiendo y darme cuenta de que realmente no somos tan distintos, seguimos siendo personas”, platica.

“Tal vez ha encontrado su equilibrio en tener bigotes de Pancho Villa y labios color rojo”, sintetiza así su vecina la manera en que Liebre transita de uno a otro géneros, con lo que quebranta la dicotomía entre hombre y mujer día con día y encarna una lucha por la autodeterminación y la libertad de existir.

El equilibrio está en el hecho de ser con plenitud. Foto: Paola Macedo.

Se asume no binarie, una identidad de género que se localiza en el espectro trans, término que suma a las identidades que rechazan su socialización sexual conforme a un género identificado como hombre o mujer. Su cambio de nombre refleja este rechazo y resulta de un proceso complejo de desarrollo identitario.

Habitante de Los Héroes Tecámac, en un conjunto habitacional ubicado en el noreste del Estado de México, la artista transdisciplinaria de 24 años de edad tiene muy claro cómo se siente más cómoda con su identidad: prefiere estar afuera del modelo genérico binario dominante en la cultura occidental y que plantea dos categorías rígidas, opuestas y codependientes.

Liebre recuerda que desde su más temprana infancia la acompañó un repudio hacia las dinámicas masculinas, lo que complicó su convivencia con otros varones y la llevó a preferir la presencia de sus compañeras. Esto reforzó su conexión casi innata con la feminidad.

Estridencia de colores. Foto: Paola Macedo.

“Toda mi vida, desde que vine a este plano terrenal, me he visto rodeada de puras mujeres. Mi mamá era la que siempre me cuidaba; y cuando mi mamá trabajaba, era mi abuela o era mi tía”, expresa.

Sentada en su habitación de paredes moradas repletas de cadenas, talismanes y gafas de colores, Liebre rememora las innumerables mañanas en que contemplaba a su madre maquillándose frente al espejo antes de partir a su jornada laboral. “Si yo crecí con eso y me identifico con eso, ¿por qué debo performar de otra manera?”, inquiere.

Amor y más amor. Foto: Axel Hernández.

Vero, su madre, es trabajadora del sector educativo. Originaria de Tuzantla, Michoacán, emigró al Valle de México en la década de 1980. Siempre sospechó de las inquietudes identitarias de su único hijo; su mayor preocupación no rondaba su orientación sexual, sino lo que ella enuncia como “la crueldad de afuera”, así que buscó confirmaciones que eliminaran la incertidumbre y buscó armonizar la rebeldía de su hije, que choca con otras formas de pensar en la familia. La madre se esforzó por construir un ambiente de respeto para todos.

“Bueno, yo crié a un niño para que se comportara como un niño, ¿no? Entonces ahora habrá que modificar algunas cosas y lo único que no se puede modificar es que tú debes ser un buen ser humano; seas mujer, seas hombre, seas quimera o lo que seas, tienes que ser un buen ser humano”, asienta.

En la adolescencia las inquietudes de Liebre se intensificaron y se vio frente a nuevos cuestionamientos sobre su autodeterminación. Se subió a unos tacones por primera vez antes de cumplir los quince años y empezó a maquillarse con cosméticos que hurtaba a su madre, ocultándose del escándalo que causaba en sus padres la exploración desde una feminidad clandestina que la obligaba a removerse el esmalte de uñas antes de llegar a casa, pero que le permitió entender la vida de otra manera. Fueron los salones del plantel 9 de la Escuela Nacional Preparatoria donde por primera vez usó en público zapatillas de tacón, venciendo el miedo a recibir comentarios desafortunados. Se llenó de una sensación de satisfacción, se sintió realizado; fue ahí también donde tuvo su primer acercamiento al teatro, arte que se convirtió en un medio para descubrirse y liberarse.

El esmalte y su relevancia vital. Foto: Paola Macedo.

Esa liberación eventualmente llegó al hogar y poco a poco el alboroto menguó para dar paso a una muy estrecha relación entre Liebre y su madre, contrastada con la relación con el padre, un poco más distante pero armónica, basada en el respeto mutuo a la libertad y las diferencias de pensamiento.

Ya en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM se cruzó con las teorías queer y el concepto de lo no binario. Hasta entonces pudo entender mucho mejor su identidad, mediante el acercamiento a la historia de los géneros disidentes y a toda la espiritualidad que se les ha conferido en diferentes culturas del mundo.

“Lo que no se nombra, no existe”, dicen, y una nueva identidad necesitaba un nuevo nombre, una voz neutra con la que realmente Liebre se identificara. “Una vez yo le pregunté a mi mamá qué significa mi nombre. Ella me respondió: ‘Érick significa el barón que regirá eternamente’. ¡Imagínate! Ni es barón y es anarquista, las ironías de la vida”, responde.

La identidad como fuente de esclarecimientos y herramientas de lucha. Foto: Axel Hernández.

Con el tiempo adoptó varias identidades para escapar tanto de la normatividad como de los márgenes legales y, en honor a su relación zodiacal con la luna, Liebre acuñó para sí ese nombre, otro conejo en la luna, como las historias que en la niñez le contaba mamá.

La compañía teatral de la FAD la acercó a la cultura drag, apoyada en las artes gráficas y la comunicación visual. Lo que comenzó como una exploración académica, artística e identitaria devino una forma de lucha, un medio para transmitir sus mensajes, poder educarse y educar. “Yo estoy casada con la idea de que mi drag es político y en mis shows siempre tiene que haber un eje político”, determina. Esto fue la génesis de Transylvania, nombre que da a su performatividad drag, quizás la versión más libre de sí misma.

Transylvania y la fuerza de su belleza. Foto: Axel Hernández.

Y es que la comunidad trans es particularmente vulnerable en esta sociedad cisheteronormada. De acuerdo con datos de la organización Letra S en su informe La otra pandemia. Muertes violentas LGBT+ en México, 2020, desde 2016 han sido asesinadas 459 personas de la comunidad en el país, entre las que 257 se identificaban como mujeres trans. Durante la pandemia de covid-19, esta cifra detuvo su tendencia creciente para dar lugar al aumento de casos de expulsión forzada del hogar de personas LGBTTTIQA+ (lesbianas, gay, bisexual, transgénero, travesti, transexual, intersexual, queer, asexual), confinadas en un entorno hostil. Sin embargo, los asesinatos están registrando un repunte, con 43 nuevos casos en lo que va de 2021, según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT en México, de la Fundación Arcoiris. A esta violencia transfóbica, se suma la violencia estructural del Estado mexicano, que no sólo no protege sino que se niega a reconocer sus identidades en documentos oficiales, lo que deriva en violaciones sistemáticas a sus derechos humanos. Estas personas se ven marginadas en sus procesos de acceso a servicios administrativos, de justicia y salud, una de las formas de discriminación más padecidas por este sector sexodiverso.

En este panorama tan adverso, las múltiples opresiones que atraviesan a esta colectividad han provocado el surgimiento de la resistencia trans, encarnada en colectivos e individuos unidos en defensa de sus vidas e identidades. Ante el confinamiento, Liebre trasladó su activismo al plano digital: participó en conversatorios, conferencias y hasta un pódcast.

“Lo no binarie no solamente se ha colocado en el cuerpo y en la expresión de género, sino que también es una postura de pensamiento, una postura incluso política. Estamos tan acostumbrados a pensar en estos polos, en estos binarismos sociales, rico/pobre, moreno/güero, todo esto que nos viene articulando en extremos y lo no binarie también es una posición y un llamado a hacer crítica a todo esto, desestabilizar todos estos binarios que parten del género pero también en una lógica que es violenta porque te quiere obligar a decidir”, apunta Lenin Zamorano, doctorante en psicología social por la Facultad de Psicología de la UNAM, “y si no te sientes cómodo decidiendo, si quieres experimentar en muchos ámbitos, ésa es la posibilidad y el panorama que te abre lo no binarie”.

Es mediodía y un pequeño grupo de personas trans y no binarias se ha reunido en el bazar autogestivo instalado en la Glorieta de Insurgentes, debajo de la estación del metrobús, un espacio seguro donde se preparan antes de irrumpir en la fiesta del Paseo de la Reforma, que para elles representa otra arista de opresión que pretende hegemonizar las identidades de la diversidad sexual para encasillarlas bajo categorías del mercado rosa.

Cuidado con la alienación mercantil, que todo lo compra y lo vende siguiendo su agenda de oportunismos. Foto: Axel Hernández.
Con el cuerpo y las palabras se resiste y se combate. Foto: Axel Hernández.

La apariencia de este contingente es radicalmente opuesta a lo demás: el negro anarquista de su ropa contrasta con los colores de sus banderas; maquilladas o con capuchas fluorescentes algunes van entaconades y otres usan botas. Abriéndose paso a través de la multitud arcoíris, todes gritan al unísono: ¡Aquí está la resistencia trans! Su postura combativa rompe abruptamente con el ambiente festivo de la aglomeración, que observa confundida. No faltan los comentarios despectivos, las burlas y los señalamientos, que sólo vienen a confirmar que incluso al interior de la comunidad existen opresiones y discriminaciones.

A su paso van realizando intervenciones en el espacio público; con latas de aerosol plasman mensajes contra el estado, la transfobia, el machismo y el capitalismo. En el trayecto se les han unido más personas contagiadas de rebeldía y alegría que van engrosando los gritos que exigen justicia ante los crímenes de odio y un alto a la violencia transfeminicida, así como las consignas que llaman a la unidad en la lucha de la comunidad sexodiversa que camina en dirección a la plaza de la constitución. Una vez ahí, una casi afónica Transylvania se ve rodeada de gente, la mayoría adolescentes acompañades de sus padres que buscan tomarse una foto con ella, maravillados por su espectacular atuendo y ese pasamontañas negro adornado con pedrería. Mismo pasamontañas que mostraba en aquella entrevista mientras se pintaba las uñas en ese amoroso hogar diciendo: “no soy una etiqueta, no soy un pronombre, yo simplemente soy y simplemente existo”.

Simplemente soy y simplemente existo. Foto: Paola Macedo.

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Paola Macedo
Egresada de la licenciatura en diseño y comunicación visual de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, especializada en diseño editorial y fotografía. Es fotoperiodista independiente y se interesa en historias con perspectiva de género y en la defensa de los derechos humanos. Colaboradora de la agencia fotográfica Obturador Mx, del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad y del portal Sociedad Noticias.
Instagram: @paolamacedo_foto
Twitter: @PaoMaceB

Axel Hernández
Estudiante de comunicación en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, de la UNAM. Cineasta documentalista integrante del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad, fotoperiodista y reportero del medio Sociedad Noticias. Su trabajo está enfocado en documentar, a través de herramientas audiovisuales, procesos de lucha y resistencia colectiva.
Instagram: @axel_hernandez.m
Twitter: @axelhdm

Todas las imágenes, portada e interiores, son cortesía de los fotoperiodistas. La imagen principal es de Axel Hernández.

El marinero de Estridentópolis

a Marduck Obrador Cuesta (1974-2021)

por Víctor Hugo Juárez Herrera

En los últimos años de su vida, a Marduck Obrador Cuesta se le podía ver como al capitán de una vieja embarcación en el camarote de su librería, Los Argonautas, en Xalapa: ante la mesa atestada de libros, revisando cuentas o registrando las nuevas adquisiciones en el inventario; en la parte posterior, jugando backgammon en un grueso escritorio colectivo, o en alguna de las mesitas de la cafetería, leyendo.

La comparación no le hubiera sido ajena, pues para él el oficio del librero era algo marítimo, parecido al trabajo del navegante (a veces, del detective) que surca enormes distancias en busca de joyas y tesoros, en ocasiones en territorios ignotos y no siempre con la seguridad de hacerse del botín.

La muerte de un librero no suele ser motivo de tantas elegías como la muerte de un escritor —aunque al primero bien se le podría considerar como fundamental para recordar y celebrar al segundo—, pero para quienes conocimos a Marduck la distinción parece irreal: no sólo se trató de un gigante gentil (corpulento e imponente de complexión), sensible y generoso, siempre dispuesto a recomendar o presumir parte de su acervo, sino también de alguien que llevó el oficio de seleccionar, conservar, adquirir o reeditar libros para su venta a alturas o profundidades artísticas.

Uno de los sabores más apetitosos de la editorial: el clásico del novelista polaco, alguna vez extraviado en Buenos Aires.

“Yo soy el primer librero de la familia, el primero con esta vocación: siempre que iba a casa de mi abuela, en Xalapa, era encontrarse con el librero de don Néstor Cuesta, mi abuelo, para investigarlo”, me relató en febrero de 2020, antes de que hablar de confinamientos y contagios se volviera tan cotidiano y, con el anuncio de su muerte, tan desconsolador. También fue la última vez que nos vimos.

Como muchos, lo conocí en alguna de mis andanzas por las calles xalapeñas desde que Los Argonautas era no el elegante camarote que actualmente asemeja, sino un estrecho pasillo con un par de estantes donde ya se notaba su mano afortunada para exhibir tomos magníficos. Quise ser su amigo y tal vez conseguí ser un cliente ocasional (por vivir en otra ciudad) pero persistente. Las últimas veces sentí que había logrado incitar cierta camaradería.

Busqué entrevistarlo cuando me enteré de que su pasión libresca provenía también de su parentesco con el poeta contemporáneo Jorge Cuesta (1903-1942), autor del complejo y evocativo “Canto a un dios mineral” e impulsor de la crítica literaria en México. Obrador Cuesta dedicó parte de su trayectoria a estudiar las “elucubraciones evanescentes” del célebre cordobés, su tío o medio tío, de quien incluso seleccionó y prologó obras para una colección del gobierno de Veracruz, publicada en 2013.

“De alguna manera estamos vinculados (Jorge Cuesta y yo): él como creador extraordinario y yo con las acciones de la librería, que es otro tipo de escritura”, me dijo.

Trabajo administrativo en la argonáutica.

La cercanía con las letras no se limitó a la palabra impresa: Marduck fue discípulo predilecto de Sergio Pitol, así como de Hugo Argüelles y Mónica Lavín, entre otros, en la escuela de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), amigo estrecho del poeta y ensayista Luigi Amara y figura reconocida y reconocedora del ambiente intelectual de la capital veracruzana, cuna de algunos acervos extraordinarios que en no pocas ocasiones terminaron en sus manos. Pero, en definitiva, el eje de su producción vital, la quilla de su navío, fue Los Argonautas, un espacio que albergaba, según las cifras que me compartió en nuestra entrevista, más de 14 mil volúmenes en un espacio de 140 metros cuadrados dentro de una casa xalapeña típica. Esta “bibliofilia apasionada”, el lema con que acompañó cada acción de la librería, la llevó a convertirse en referente de “Estridentópolis” en poco más de diez años.

En 2010, Los Argonautas se hizo a la mar con su colección personal, integrada por ejemplares de literatura mexicana e historia de México, pero venturosamente también con el rescate de 700 ejemplares de la biblioteca de un célebre exiliado español (padre de un conocido académico mexicano cuyo nombre, con un celo característico del librero competitivo, nunca me compartió), tras enterarse de que serían demolidos junto con la vivienda del refugiado, ubicada en Polanco.

Éste fue el primero de muchos encuentros afortunados que siguieron, fortuitos o no, en la carrera del argonauta, no exenta de episodios rocambolescos para adquirir un título deseado: por ejemplo, cuando se hizo de un libro de preceptos del jesuita Antonio Núñez de Miranda, publicado por una de las imprentas más importantes de la Nueva España, la Viuda de Bernardo Calderón, en 1667.

“Llegué literalmente a rastras (al libro): la persona que me lo había ofrecido en Xalapa era una mujer muy singular, físicamente era estrambótica y tenía mesas para practicar magia negra. Quien había sido dueño del acervo fue un estudioso de la heráldica y tenía esos libros magníficos en unos libreros llenos de polvo”, recordó durante nuestra última conversación.

La necedad de un oficio pese al coronavirus.

Luego arribaron otros títulos igual de valiosos: Varón de deseos, de Juan de Palafox y Mendoza, de 1642, una obra de intenciones místicas; y una Historia de la conquista de México de Antonio de Solís, publicada en 1704 en Bruselas por el impresor Francisco Foppens, con broches metálicos y grabados desplegables.

El encuentro con cada uno de estos títulos le podía llenar de una emoción casi infantil, con la que inevitablemente se expresaba. Así me relató la adquisición de parte de la biblioteca de Salvador Elizondo, con títulos dedicados al narrador por parte de extraordinarios escritores, como Emiliano González y Juan Vicente Melo. Dentro de ésta, la existencia de un ejemplar de Los senderos ocultos, de Enrique González Martínez, publicado en 1911 en Mocorito, Sinaloa, donde el autor dio a conocer por primera vez el poema “Tuércele el cuello al cisne…”, que Marduck recitaba casi de memoria. El libro perteneció a la madre de Salvador Elizondo, Josefina Alcalde, y está dedicado por el propio González Martínez.

Pero esta avidez que podría confundirse con avaricia siempre fue con el propósito de excitar el encuentro del libro con un lector, de conservar acervos y cachos de historia cultural que de otro modo habrían desaparecido para siempre y de hacer de Los Argonautas su gran dique contra la obsolescencia. Así lo decía:

Los libreros somos un dique ante la obsolescencia programada, aquí lo que prevalece es la persistencia del tiempo en los libros”.

Memoria local y universal.

El pasado 17 de julio me enteré de su muerte por covid-19. Gracias a Luigi Amara, a quien visité un par de días después en su librería La Murciélaga, en la Ciudad de México, supe que otra de sus grandes pasiones era la botánica, misma que saciaba en su casa dentro del municipio contiguo de Banderilla. Como buen marinero, gustaba de hacerse a la mar, visitando la playa de vez en cuando en compañía de sus hijos: así lo muestra la última foto que publicó en el perfil de Twitter de Los Argonautas.

Pregunté a Amara cuáles eran sus ideas sobre el futuro de este buque sin capitán:

“Muchas veces tendemos a creer que ciertos proyectos culturales están muy relacionados con una persona, y que de algún modo son inseparables. Y luego, quizás no. No siempre es fácil, pero idealmente algo que él construyó, que ha dejado a la ciudad, un buen homenaje sería continuarlo, retomarlo, aferrarse por ver de qué manera siga viva la librería Los Argonautas”.

Será difícil regresar a Xalapa sin tener la expectativa de saludar, aunque sea brevemente, a Marduck Obrador Cuesta. Pero ya el buque navega aguas muy profundas y es imposible devolverlo a la costa, y esa imagen suya en el camarote está tan viva como para recordarlo en cada visita a Los Argonautas, en cada encuentro con un libro y en cada taza de café. ¡Hasta siempre, marinero!

Me hiciera yo a la mar, mar agorera.

***
Víctor Hugo Juárez Herrera (Coatzacoalcos, 1992).
Periodista veracruzano. Becario de la décima promoción de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, España (2011-2012), y actual estudiante de maestría en ciencia política. Promotor del excepcionalismo xalapeño.

Todas las imágenes fueron tomadas de las redes sociales de la librería.

La lingüística mexicana a 500 años de la caída de Tenochtitlán

por Mauro Mendoza

A primera vista los elementos que se relacionan en el título de este texto deberían motivar la desconfianza. ¿Qué relación puede haber entre una disciplina fundada a principios del siglo XX en Europa y la toma de la ciudad de México-Tenochtitlán por parte de los ejércitos indígenas y sus aliados españoles? Un clickbait seguro, pensarán algunos, y nada más. Me parece, sin embargo, que, bien pensado, existe un vínculo entre el estatus de la lingüística mexicana el día de hoy y, por lo menos, el tratamiento que se le ha dado a la narración canónica sobre la llamada ‘conquista de México’, un evento que en realidad describe la derrota de los mexicas, uno de muchos grupos nahuas asentados en el centro del valle de México y que sin duda es un parteaguas para las campañas de conquista del resto del actual territorio mexicano.1

Esta narración, elaborada en la época del criollismo a finales del siglo XVIII, asumida por el Estado mexicano desde la independencia y oficializada en los programas de estudio de educación básica por el Estado postrevolucionario, sitúa en ese momento el nacimiento del Geist nacional: cualquier cosa que signifique ser mexicano fue insuflada en la carne de indígenas y españoles por el demiurgo de la historia para la elaboración de una “cultura híbrida” justo en el momento en que tlaxcaltecas, tetzcocas, españoles y otros grupos pusieron el pie en la ciudad derrotada el 13 de agosto de 1521. Además, esta narración privilegia el punto de vista castellano de los hechos: pienso así que, por ejemplo, la ciudad conquistada se nos describe siempre desde los ojos asombrados de los europeos que, como dicta el lugar común, la comparaban con las maravillas de los libros de caballerías que habrían escuchado en su terruño. Así, aunque se reconoce una veta americana de ese Geist, el punto de partida es el español, y el punto de arribo es lo que de españoles nos queda en nuestra identidad, moldeada poco a poco por la interacción con comunidades pertenecientes a otra tradición cultural que son reducidas a donantes de algunas curiosidades americanas. A ello hay que añadir que para que esta narración funcione se necesita de una serie de mitos que le dan orden a la misma.2

Malinche interpreta para los españoles cuando Montezuma se encuentra con Cortés. Pigmento / tinta sobre papel ca. 1570-1585. Libro 12, Cap. 18 del Códice Florentino, Historia general de las cosas de Nueva España, Bernardino de Sahagún et al. Cortesía de la Colección Latinoamericana de Nettie Lee Benson, Bibliotecas de la Universidad de Texas, Universidad de Texas, Austin.

Esta idea proviene de la propuesta que desarrolla Matthew Restall en su reciente obra, Cuando Moctezuma conoció a Cortés. Me parece que podemos establecer un parangón entre esta narración y la propia disciplina lingüística, pues, así como la primera está plagada de estos mitos incuestionables que guían el entendimiento del hecho histórico, la lingüística (por lo menos en su vertiente hispanista) ha establecido también una serie de mitos que acomodan su propia explicación de la realidad. En ambos casos la visión es siempre colonial, pues se encarga de dar sustento a la dinámica de sometimiento que se originó tras este conflicto histórico. Es también colonial porque elimina buena parte de la agencia de las comunidades no europeas.

Así, para poner un ejemplo de estos mitos históricos, podemos recordar que es bastante conocida la supuesta rendición del tla’tōani Motecuzoma ante la aparente divinidad de Cortés y su diminuta fuerza de ocupación. En esta perspectiva, los motivos del tla’tōani se comprenden sólo desde la visión castellana, lo que ensombrece desde las características retóricas de su supuesto discurso de rendición (elaborado en pilla’tōlli, una variedad del náhuatl central empleada por los nobles y caracterizada por su ceremoniosidad) hasta el de sus intereses y praxis política, que a los ojos de los europeos debió ser absolutamente incomprensible.

Un grupo de mitos similares parece rodear la disciplina lingüística. Quizás el más evidente se encuentra en una idea que se lee por aquí y por allá sobre cómo la lengua española dio unidad lingüística a la entonces caótica Babel americana. Por supuesto que este mito no soporta el más mínimo análisis lingüístico, pues sabemos que la norma en las comunidades humanas no es el monolingüismo. Esto es evidente en la misma Europa, pues en un espacio mucho más reducido que el actual territorio mexicano existe una gran diversidad de lenguas que pueden o no estar emparentadas entre sí y que nunca ha supuesto un problema para la intercomunicación. De esta forma, acaso los lingüistas españoles (y también alguno que otro mexicano) buscan limpiarse la posible culpa que ni siquiera les corresponde, porque la imposición del español —que ha sido un proceso largo acompañado de discriminación en contra de los hablantes de lenguas originarias— es consecuencia de las políticas del Estado mexicano. Creo que con la justificación lo único que demuestran es su desprecio a la diversidad lingüística.

El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) fue creado en 2003 con la misión de promover “el ejercicio pleno de los derechos lingüísticos [y] el desarrollo de las lenguas indígenas nacionales”.

En realidad, ese mito parece inocente como consecuencia de su simplicidad. Otros, sin embargo, son más peligrosos porque habitan en los espacios académicos, y se introducen en los planes de estudio que forman a las generaciones que en un futuro volverán a contar una y otra vez la misma historia. Pienso sobre todo en el mito de la impermeabilidad del español ante el contacto con lenguas originarias. Permítanme resumir: según los estudiosos más reconocidos, la influencia de las lenguas americanas en el español mexicano se encuentra reducida a un grupo de palabras y expresiones que dotan de un color particular a las variedades de español que se hablan en el país, pero la parte nuclear de la gramática (la morfología y la sintaxis del español) ha permanecido ajena a este proceso.3 Desconozco dónde se origina el tópico, pero podemos encontrarlo con sustento académico en la obra de Juan Miguel Lope Blanch, el fundador de la escuela de filología hispánica mexicana. Según el autor, la influencia de las lenguas indígenas en el español es reducida incluso en su léxico, lo que lo lleva a concluir que el español ha mantenido sus tendencias evolutivas propias al margen del contacto con lenguas como las nahuas, las zapotecas y un gran etcétera.4

Este mito opera en conjunto con su opuesto: las lenguas indígenas han incorporado a su sistema elementos estructurales del español. Así, por ejemplo, se reconoce sin ambages la presencia de preposiciones españolas en lenguas americanas, así como de otras categorías que son propias de la gramática del español. Este tópico se encuentra presente tanto en los estudios hispánicos como en los estudios de corte antropológico, y ciertamente se sustenta en un hecho innegable; es decir, la influencia del español se ha dejado sentir en la estructura de muchas lenguas originarias, siempre en diferentes formas y profundidades.5 Sin embargo, su papel como mito, sustentado en el trabajo académico serio, ayuda a sostener la idea de que mientras que las lenguas de los colonizados han sido incapaces de frenar el influjo asimilador de la lengua del conquistador, ésta ha mantenido su pureza, incluso cuando se permite el lujo de que sus hablantes doten de alguna característica regional a un sistema que, por otra parte, se piensa como general para Hispanoamérica, postura ad hoc con el propio programa de mantenimiento de unidad lingüística desarrollado por las academias de la lengua con fines económicos.6

No podemos culpar a Lope Blanch por las conclusiones a las que llegó en su momento. Éstas se encuentran sustentadas en su propio programa académico, en el que se interesaba por entender las particularidades lingüísticas de lo que llamó Habla culta de la Ciudad de México. Este constructo nos remite a una variedad urbana de grupos socioeconómicos que habían sido instruidos en la norma estándar del español mexicano, que considera como referencia a la propia norma castellana. Es claro que en esta variedad es difícil aprehender algún fenómeno de contacto. Sin embargo, a lo largo del tiempo, estas afirmaciones no han sido puestas en duda, y se han convertido en una verdad repetida en foros académicos que parten probablemente de la misma premisa: en el siglo XXI el español de la Ciudad de México no muestra ninguna influencia de alguna lengua originaria. Incluso ahora, cercanos como estamos al quincentenario de ese supuesto momento fundacional, conferencias en centros como el Colegio Nacional nos repiten que la influencia de las lenguas indígenas está limitada a estos niveles superficiales y reciclables de la lengua.

Lope Blanch (1927, Madrid-2002, Ciudad de México) utilizó el término de “prestigio lingüístico” para jerarquizar las lenguas de acuerdo con la autoridad y la fuerza expansiva de cualquier norma idiomática.

Creo, sin embargo, que así como nos cuestionamos la narración de ese proceso que ha sido llamado ‘conquista’, es necesario que nos preguntemos si es verdad que el español mexicano no tiene influencias más profundas de las lenguas junto a las que se ha hablado durante los últimos 500 años, y entre las cuales ha sido minoritaria la mayor parte del tiempo. Me parece que la respuesta tendría que ser positiva: a lo largo de la historia parecen haber existido variedades de español mucho más influenciadas por lenguas como el náhuatl. Las pruebas son documentales: acercarse al Archivo General de la Nación (y a archivos locales), por ejemplo, nos permite identificar una serie de documentos que muestran la influencia de estas lenguas en la morfología y sintaxis de esta variedad de español.7 Por desgracia, el trabajo de archivo no es caro a los lingüistas mexicanos (con honrosas excepciones). Sin duda esta variedad ha desaparecido de las zonas circundantes a la Ciudad, lo que no significa que históricamente no haya existido. Reconocerlo nos permitirá dar entrada a la influencia activa de las comunidades indígenas que, entre sus recursos lingüísticos, incluyeron la lengua de los españoles (seguramente con fines administrativos y comerciales). Rastrear su desaparición nos permitiría también clarificar ese proceso que románticamente ha sido llamado “patrimonialización” y que entraña una serie de relaciones políticas desiguales impuestas, sobre todo, por el Estado mexicano tras la independencia y profundizadas por el sistema de educación básica posterior a la revolución.

Además, la influencia de las lenguas indígenas se siente en nuestra interacción cotidiana tan normalizada que se nos ha escapado de las manos, o se ha mitificado para ensombrecerla. Pienso, por ejemplo, que se dice que el uso excesivo de los diminutivos del español mexicano es una calca del uso del afijo –tzin del náhuatl, empleado en ciertos contextos honoríficos.8 Me parece que este rasgo ha sido sobrevalorado, y es necesario un estudio que compare si es verdad que el español mexicano abusa de los diminutivos. Cabría preguntarse también si en náhuatl esta estrategia es la más usada para mostrar respeto a los interlocutores. Creo que la respuesta a esto tendría que ser negativa. En realidad, es en la morfología verbal y en la reelaboración de un mismo evento donde podemos encontrar las características más respetuosas de la lengua, cosa que es muy similar a nuestros grandes circunloquios que elaboramos al pedir un kilo de tortillas. Creo que, como han apuntado apenas algunos lingüistas, deberemos ir reconociendo las características discursivas del área lingüística mesoamericana; probablemente encontraremos que muchas de ellas son empleadas en nuestros discursos en español, una lengua con rasgos mesoamericanos no por haber sido influida por ellas, sino porque ha sido empleada por estas comunidades como otro recurso lingüístico más a su disposición.

Ante esto, me parece necesario cambiar nuestra perspectiva al acercarnos a esta cuestión. Por una parte, es necesario que quienes pretenden hacer un estudio respecto a la influencia de las lenguas amerindias en el español conozcan los sistemas que se encuentran en contacto para valorar la información desde ambas perspectivas;9 esto implica también abandonar como único criterio el español urbano de la Ciudad de México, que no puede ser representativo en esta situación. Implica también abandonar la idea de la influencia pasiva de las lenguas indígenas en el español local. En realidad, la dinámica del contacto implica el uso lingüístico, y la decisión de emplear una forma por sobre otra es consecuencia de las características de la interacción al interior de las comunidades. Nuestro foco, por lo tanto, debe ser la comunidad y no la lengua.

La diglosia, según Ferguson, es una situación lingüística de dos lenguas en contacto donde una de ellas está en desventaja frente a la otra. Se detecta de acuerdo
con ciertos elementos, como la función, el prestigio, la herencia literaria, la forma de adquisición, la estandarización y la estabilidad.
Ilustración de Brenda Araceli Romero Amaya para la publicación La Guerra de Castas y la Cruz Parlante, de María Guadalupe Flores Rodríguez, tomada del INPI.

De igual forma, es necesario que demos espacio en los programas de estudio a la historia del español en América. Por desgracia, el apenas revisado programa de la licenciatura en lengua y literaturas hispánicas de la UNAM (que actualmente no ha sido aprobado por la estructura burocrática de la universidad), de donde egresa la mayor parte de gente que se dedicará a reflexionar sobre este tema, ha dejado de lado el problema para centrarse en el estudio de la historia fonológica de la lengua hasta el Siglo de Oro, mientras que abandona a una posible optativa la reflexión histórica del desarrollo del español en nuestro continente. Ante la necesidad de repensar nuestra realidad lingüística, la academia ha respondido con una visión tradicional que no contribuye en nada a nuestro conocimiento. Además, sin la crítica a los mitos, estos se mantienen defendidos por los criterios de autoridad que siguen guiando al estudio filológico.

Así, a 500 años de la caída de Tenochtitlán, la lingüística mexicana tiene una deuda histórica para explicar el desarrollo de nuestra realidad lingüística contemporánea, así como con la mayoría de hablantes del país que tienen por lengua materna o una lengua originaria o una variedad no normativa del español. Esta deuda, además, es consecuencia de una academia centrada en la visión hispánica del proceso histórico de “mestizaje” o “patrimonialización”. Un cambio de perspectiva nos permitirá no sólo observar que la supuesta hibridación es consecuencia de una serie de relaciones sociales en constante conflicto en las que la lengua jugó un papel crucial dentro de estas comunidades no europeas, sino también que las relaciones e influencias entre los sistemas lingüísticos empleados en el país no son tan simples como se nos ha contado.

“Mazahuacholoskatopunk es una discusión social sobre cómo están entendiendo «lo indígena» las personas de los pueblos originarios, algo que definitivamente no está resuelto en los países que fueron colonizados y donde se callaron las voces de los nativos, como ocurrió en México”. Federico Gama, 2018.

Notas:

1. La conquista del actual territorio mexicano nunca estuvo en realidad completa. La resistencia indígena ha sido calificada de “rebelión”, pero esto supone un control irreal del territorio por parte de los españoles. Puede revisarse la reciente obra de Enrique Semo La conquista. Catástrofe de los pueblos originarios.

2. Bibliografía especializada sobre este evento sobra. Recomendamos a los lectores interesados en ello la obra ¿Quién conquistó México?, de Federico Navarrete. Sobre la continuidad de la tradición mesoamericana posterior al 13 de agosto de 1521, puede revisarse la serie de ensayos reunidos en Cosmovisión mesoamericana. Reflexiones, polémicas y etnografías, coordinada por Alejandra Gámez y Alfredo López Austin.

3. En otras tradiciones lingüísticas, como la peruana o la paraguaya, ha sido reconocida la influencia de las lenguas andinas y amazónicas en la conformación de las variedades locales. Una revisión muy general al respecto se puede encontrar en el artículo “Español en contacto con otras lenguas: variación y cambio lingüístico”, de Azucena Palacios.

4. Justo es decir que, en el artículo “Sobre la influencia del maya en el español de Yucatán”, de 1982, el autor reconoce en el español yucateco la única variedad lingüística de español hablado en el territorio mexicano que ha sufrido una fuerte influencia de alguna lengua mesoamericana; también resume su postura en torno a la influencia de las lenguas mesoamericanas en el español mexicano.

5. La dinámica bilingüe en las comunidades que se reclaman originarias es bastante compleja y no puede simplificarse a la llana influencia del español en los otros sistemas empleados. Un análisis incomparable por su profundidad para entender esta dinámica lo elaboraron Jane Hill y Kenneth Hill en su clásico Hablando mexicano. Otro trabajo que se puede consultar es el de Flores Farfán, Cuatreros somos y toindioma hablamos, sobre las comunidades bilingües en la zona del Balsas en Guerrero.

6. José del Valle ha analizado con claridad las consecuencias ideológicas y políticas del programa lingüístico de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y los miembros que la integran. Remitimos a su trabajo para profundizar al respecto.

7. Para más detalles, puede revisarse mi artículo “Voces indígenas en letras españolas”.

8. Desconozco también el origen de este tópico, pero se lo puede observar ya en el artículo “Posible influencia del náhuatl en el uso y abuso del diminutivo en el español de México”, de Ignacio Garibi, fechado en 1951. En general este rasgo ha sido aceptado como una posible influencia del náhuatl en el español mexicano.

9. Este programa ha sido ya enunciado recientemente por Alonso Guerrero y Marcela San Giacomo en su artículo “El llamado español indígena en el contexto del bilingüismo”.

***
Mauro Mendoza ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras en un lejano 2006 para estudiar letras hispánicas convencido de que tendría un papel en la literatura nacional, como todo adolescente. Cejó sus intentos gracias a su profesora del taller de redacción del primer semestre (quien lo regañó por su excesivo uso de oraciones relativas) y poco a poco abandonó las preocupaciones literarias que lo atribulaban para abrazar el ordenado mundo de la lingüística. Desde entonces se interesa por la historia del español, particularmente la del contacto entre ésta y las lenguas mesoamericanas, así como por la filología nahua y la sintaxis y semántica de esta lengua en su variante colonial. Contrario a su vocación antimonárquica, ha recibido junto a un grupo de investigadores el premio RAE 2015 por el rescate documental de textos para elaborar la historia del español en el país, mismo que presume cuando le es posible. Cada que la burocracia se lo ha permitido, ha impartido clases en la Facultad de Filosofía y Letras, donde se ha encargado de pasar a los alumnos rezagados de la materia de filología hispánica. Actualmente imparte la materia de náhuatl en la licenciatura en antropología de la Universidad Nacional y se pelea con una tesis doctoral en la que estudia un aspecto del náhuatl colonial. Cuando la termine, dice, abandonará la academia para vivir de pescar en Zipolite. Sobra decir que este deseo nació de su paso por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), donde cursó sin pena ni gloria la licenciatura en lingüística. Para revisar su sosegada vida, se le puede seguir en Instagram como @amauros87.

Imagen principal: detalle del Frontispicio del Códice Mendoza, Virreinato de Nueva España, c. 1541-1542, pigmento sobre papel. ©Bibliotecas Bodleian, Universidad de Oxford.

Ensayos para mudar a otra Tierra: Apocalipsis ahorita

por Karen de Villa

—Es un elefante —digo sin titubear frente al dibujo hecho con tres plumazos de tinta azul en el cuaderno de raya. El psiquiatra valida mi respuesta asintiendo.

El consultorio tiene una atmósfera fría de luz blanca y polvorienta, está adornado con un característico olor a IMSS. Yo estoy sentada con mis tres años en las piernas de mi madre, frente al escritorio metálico.

—Muy bien, ahora te voy a preguntar algunas cosas —dice él como si supiera de lo que está hablando—­. ¿A quién quieres más: a tu papá o a tu mamá?

Escucho un silencio que no sé cuánto durará.

—A los dos —digo después de hacer una valoración sobre una disyuntiva que nunca antes había creído posible.

—Sí, pero ¿a quién quieres más?

—A los dos.

—Sí, pero ¿a cuál de los dos quieres más?

Él no entiende nada y yo no me atrevo a decírselo. Su voz rodea mi garganta como si una serpiente se deslizara por mi cuello. Busco la manera de desempatar la cuestión y salir del interrogatorio. Mientras me parto en dos, pienso en la sonrisa de mi mamá, en la textura de la piel de mi papá, en la voz de ambos… y contesto.

Ese fue el primer fin del mundo, pero yo no lo sabía.

***

El desenfoque de la decisión.

Mi ventana de quinto piso da a una vista típica de Iztacalco: azoteas descoloridas coronadas por el brillo cobrizo del Palacio de los Deportes, como una corcholata vieja que refleja la luz en medio de la acera. Pero es de noche y solamente alcanzo a ver su silueta. Me asomo porque a veces se ven las estrellas. Hoy el cielo está cargado de nubes, aunque hay un punto de luz distante que parpadea a un ritmo acelerado. La luz se acerca. ¿La luz se acerca? Me doy cuenta de que me están mirando desde ella. Conforme la luz se hace más brillante mi pánico aumenta y pasa lo de siempre: se estrella con un edificio cercano. “Esta vez sí pasó”, me digo a mí misma. Pero nunca sucede, no importa cuántas veces lo sueñe.

—Mi abuela dice que en el año 2000 se va a acabar el mundo. Que nos daremos cuenta porque las mujeres ya no podrán embarazarse y muchas personas van a desaparecer. Pero en el Apocalipsis no dice eso, ya lo busqué. ¿Dónde crees que podamos investigar?

Los expedientes secretos X deben ser una forma de decirnos lo que va a pasar. En el capítulo de ayer, Scully no recuerda lo que pasó, pero dijo algo del triángulo de las Bermudas, ahí debe haber algo muy peligroso de otro planeta.

Estoy segura de que un día llegará el fin del mundo. Es una promesa postergada desde tiempos bíblicos. Alguien tiene que venir a aclararnos qué está pasando. ¿Por qué vienen las abejas africanas? ¿Quién mató al candidato por el que iban a votar mis abuelos? ¿Cuándo se va a acabar la crisis?

Tengo una caja con lo necesario: papas fritas, mi muñeco Trapito, un cuaderno, mi pluma favorita, un yoyo y dos fotos.

Ese fue el segundo final, siempre pospuesto.

***

La ciudad, hervidero de preguntas laberínticas.

La postal decía: “Será un honor pasar el fin del mundo a tu lado. ¡Feliz año nuevo 2012!” Él y yo esperábamos con ilusión el apocalipsis zombie. Sin embargo, lo único que terminó ese año fue la relación y, en cambio, empezó un sexenio.

Hoy mi inconsciente me dice cosas raras. He confundido al leer, por ejemplo, “autopista” con “autopsia” y “multinacionales” con “mutilaciones”. Después me topo con una nota en internet, de una periodista mexicana exiliada en España: “Mi resignación está a punto de encontrarme, puede ser doloroso, hasta miedo me da. Pero siento que está a punto de llegar, lamentablemente puedo presentir que no tendré un buen final, todo apunta a eso. No sé qué vaya a pasar conmigo, quisiera darme un buen final, pero no sólo depende de mí”.

No es casualidad que lea sangre y muerte en los espectaculares que anuncian carreteras o en los banners que venden zapatos. Es 20 de noviembre, los sonidos de helicóptero rondan mi almohada, mi café de la mañana, mis redacciones del día y mi viernes en la noche.

Miro la pantalla que me escupe su brillo, en ella los encabezados suben y suben mientras los periodistas zumban como un refrigerador que fue el Estado. El dolor ajeno se vuelve cercano como un déjà vu porque una mujer cuenta que vende ropa interior de entre 3 y 150 pesos porque su esposo decidió dejar su trabajo pues no quiere golpear niños: era granadero.

Prefiero irme a dormir. Oigo la Obertura 1812 de Tchaikovsky mientras la piedra se convierte en talco y el acero en agua. El jabón fabricado con grasa de liposucción surte su efecto: caen las torres de Babel y los judas arden. Los logos de las corporaciones y los caballos de Troya ya no pueden atravesar ninguna puerta. Los fondos monetarios internacionales y los bancos mundiales colapsan, las bolsas de valores se desploman. Vendetta. Las Marla del mundo bailan, los Tyler Durden no paran de reír, los Guy Fawkes por fin pueden besar a su chica, las pitonisas tienen razón. Y todas las Milena Jesenska, las Gerda Taro, los Robert Capa, los Lorca, los Allen Ginsberg, las sor Juana, los Lucio Cabañas, los Quanah Parker, los Caballo Loco y todos los 43 del mundo vuelven. Al final vamos en una diáspora que se vuelve un carnaval que suena a rumba vieja en La Habana del este, que pasa por debajo de mi ventana de siempre en el quinto piso, y ahí te encuentro.

Ese fue el tercer final. Pensé que sería prehispánico, pero fue burocrático.

***

Una luna que se conmueve en lo alto.

La selva me eriza la piel. Al dejar el cuerpo quieto sobre la bolsa de dormir se magnifica el chirriar de las cigarras y los grillos, los únicos sonidos que soy capaz de distinguir debajo de tantos otros. Sólo distingo la Luna y Orión de entre el mar de estrellas. La alta densidad de vida me mantiene involuntariamente alerta. Soy una intrusa, una turista en un camino de viajeros.

Me avergüenza mi analfabetismo, no puedo siquiera distinguir un árbol de otro o un canto de ave entre los demás. No puedo encender un fuego o bajar un coco. En la selva la vida y la muerte conviven a cada paso. Es la que nos recibe y la que nos lleva. El más complejo de los ecosistemas. La selva hace posible la lluvia alrededor del mundo después de ser fertilizada por la arena del desierto. Lo vi en el documental que narra Will Smith.

Hojas secas sobre troncos en degradación, éstos a su vez sostienen hongos que se comunican entre sí, y todos están conectados a las raíces de los palos mulatos, los plátanos o las ceibas. Una sinfonía de mil orquestas. Un solo gran organismo. La selva volverá una y otra vez como volvió sobre los templos mayas, sin importar lo que tenga que cubrir.

Pero ya no estoy en ninguna selva sino en el sofá de mis papás: desempleada, treintona y con dengue.

El sudor me envuelve por completo con una sensación de frío y calor simultáneos, el olor de mi cuerpo me da náuseas. El olor del virus está en todos mis fluidos. La cabeza me punza como si quisiera recordarme de todas las veces que no paré en el esfuerzo inútil de querer entender mi vida pensando. Con certeza puedo decir que no sé nada. No sé cómo no sentirme culpable de haber dado todo por sentado: desde cagar en el agua hasta el amor romántico. No sé cómo dar la vuelta, no sé cómo explicar, no sé si deba. Tal vez simplemente soy una niña herida que no supo decir lo que sentía. El sargazo en la orilla, el humo en el pantano, el pastizal en la selva, la ciudad en el lago y la inundación en el asfalto… pero ese asfalto también ha sido mi casa. Todo me grita al unísono. Después un silencio corto. La piel de ese otro, el granizo en bicicleta, una salsa vieja en un cabaret, un solo de la guitarra de Gilmore, la sonrisa de una niña corriendo hacia mí, un círculo de personas alrededor del fuego, un trago de café por la mañana. Quizás estoy recuperando el asombro.

Ese final sólo fue mío.

***

Las palabras del agua que seguimos sin comprender.

Por fin llega la catástrofe prometida y no tiene ningún tipo de glamour cinematográfico. Esta catástrofe no requiere de nosotros ninguna habilidad especial: basta con cubrirse la nariz y la boca y sentarse en casa a esperar. Eso dicen las pantallas.

En mi sueño de noviembre de 2019 se abre un socavón en el asfalto, se va abriendo poco a poco y nadie puede escapar de él, porque nadie puede escapar del mundo, ni siquiera Jeff Bezos. Un buen día me alcanza. No me arrepiento de ningún beso, ningún abrazo. Fiebre, dolor de espalda, hipersensibilidad a las redes sociales, el privilegio de vivir sola y tener un amigo en la puerta de al lado. Mi abuelo se escondió en una tienda de la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. Mi mamá huyó de la cama donde cayeron ladrillos el 19 de septiembre de 1985 (y yo con ella). Mi abuela, a sus 87 años, sólo había sentido una gripe la navidad de 2020. Aún no sé si ella sabe qué tan fuerte es.

Lo difícil empieza cuando se terminan los síntomas y la doctora me dice que ya puedo salir a disfrutar la vida. Y la vida se siente como el segundo plano de una secuencia de thriller. En el primer plano algo une mi pecho a una tristeza abstracta y gigante, como los monstruos que asustan a los niños antes de dormir. ¿Así que aquí vienen todos cuando parece que ya no hay esperanza? ¿Aquí se quedan todos los anhelos no cumplidos? ¿Aquí es donde el inconsciente colectivo hace su desmadre?

No me queda más que verme el miedo de cerca, lo más de cerca que puedo. Aprovecho para cambiar de ocupación por cuarta vez, para visitar a todas mis familias, para soñar despierta a la mitad de mi pan con mermelada (la que preparó una amiga), para sentarme en la mañana a ver cómo maduran duraznos del árbol confundido, para darle los buenos días a la gata que no es mía pero que siempre me visita, para decirle al casero que me espere con la renta, para hacer por fin lo que se me da la gana, para conocer personas que no hubiera conocido de otra manera, para ir al cine a mediodía, para comer con hambre, dormir con sueño y querer amarlo todo. Creo que estoy aprendiendo a pactar con la incertidumbre.

He soñado con arrullar a un niño cantándole y no veo cómo podría pasar, no veo aún cómo podría atreverme. Es como si hubiera que mudarse a otra Tierra para hacer algo así.

Este final es un principio.

¿Qué le cantarán los árboles al sol cuando sea la hora de enterrarlo?

***
Karen de Villa
 (Ciudad de México, 1986) 
Su quehacer se centra en la escritura, el cine documental, la permacultura, los pueblos originarios de América y el baile afrocubano. Se ha formado en la UNAM, la Cineteca Nacional y el bosque de niebla de Veracruz. Actualmente trabaja en un documental sobre permacultura y cambio climático en México.
Instagram: @kala_de_villa y @otra_tierra

Imagen principal: participación de Lech Kowalski en la Clínica de realización documental, como parte de la Cátedra Bergman ofrecida por el FICUNAM.
Tanto la imagen principal como las de interiores son cortesía de la autora.

Laura Itandehui, clave y un chorrito de voz

por Karen Fabián

Por fin llegó el día que muchos esperábamos con ansias… La cantante y compositora oaxaqueña Laura Itandehui publicó su primer disco… Tras dos años de trabajo, el material fue bautizado con el mismo nombre de la creadora y llegó a todas las plataformas digitales… 

El álbum es un desfile de puro crack de la música… Aquí les va la lista: 

Laura Itandehui, evidentemente, en la voz; la acompañan Agustín Bernal en el contrabajo; Gabriel Puentes en la batería; Roberto Verástegui en piano y órgano; Diego Franco en el saxofón tenor, clarinete y bombardino; Martín Urquidi y José Ángel Lugo “Chepo” en las percusiones… Hugo Díaz y Gustavo Guerrero en las guitarras; Alfredo Pino en la trompeta; Carmen Serrano en el salterio y, por si fuera poco, la participación especial del Mariachi Potros de México, del arreglista y compositor Miguel Darío… 

Laura Itandehui se compone de ocho canciones que, a mi parecer, conforman un viaje a través del desencuentro y el encuentro con el amor, ese niño travieso y malcriado que, por lo menos, después de jodernos nos regala obras de arte como este álbum… 

Todo comienza con “Yo no necesito de mucho”, cuyo videoclip se puede ver en el canal de YouTube de la cantante… Se trata de un son en el que Laura le demuestra al mundo que para hacer una buena canción ella sólo precisa de dos palitos pa’ marcar la clave y un chorrito de voz… 

Abrir apetito.

Le sigue “Trataré”, un tema con el que la también arreglista ya nos había tocado una que otra entraña hace dos años, pero que hoy nos devuelve acompañado de guitarras acústicas, contrabajo, clarinete, saxofón tenor, piano, órgano, batería, congas y calabaza… 

Cuando la escuché por primera vez, me movió muchísimas cosas la letra, honesta y sencilla pero al mismo tiempo poderosa y tenaz… Y esta vez no fue la excepción… Sin ánimo de caer en cursilerías, convertiría en una máxima cotidiana el verso que dice que “a veces está bien no entender a las cosas que no pueden ser”… 

Hasta aquí había sospechado que no era fortuito el orden de las canciones… Pero con “Ojalá me olvides”, tercer tema del álbum, confirmo que, ciertamente, la sucesión de los temas está perfectamente trazada por la cantante… Con el cuarto tema, a través de uno de los géneros clásicos del desamor y las cantinas (o sea el bolero), la oaxaqueña le canta al “intento imperfecto de amar”… 

Si los discos pudieran ser escuchados como leemos un libro, podría decir que lo que sigue después es el conflicto de la historia (¿o historias?) que Laura intentó (y consiguió) contarnos a través de este trabajo… 

Sonrisa ¿y mezcal? Fotografía tomada del Facebook de la artista.

Me refiero a “Rancherita”, pieza con la que la maestra Carmen Serrano y el mariachi Potros de México me trasladaron a una película de la época de oro del cine mexicano… Claro, con la diferencia de que Laura no le canta a un amor tóxico, pues “siempre hay más de un camino al andar a pie”, nos recuerda la cantautora… 

Tal vez por mi natural tendencia a enterrarme el cristal, hubo una época en la que desprecié la música ranchera por el terrible daño que le hizo a nuestra educación sentimental (hablo de mi generación, la mal llamada millennial). 

Sin embargo, con esta canción, Laura me hizo reconciliarme con el género (que la verdad es que sí disfruto, pero qué mejor que resignificarlo mediante el canto de una mujer como esta creadora)… 

Ráspale, maestro.

En este punto, todo parece comenzar a reconciliarse en la trama que es Laura Itandehui, pues las cosas dan un giro con “Tiempo al Tiempo”, cuya letra fue escrita en coautoría con el “soldador de los ritmos”, el venezolano Augusto Bracho… 

Aquí, Laura vuelve a su voz como chorrito. O eso siento yo. Después de la oceánica “Rancherita”, la cantante se sincera y confiesa una nueva coincidencia, todo al maravilloso ritmo del chachachá: “Yo sé que tú me miras con discreta ilusión / acércate un poquito, vamos a platicar / tal vez algún besito te llegue a regalar”, contrastando con el imperativo de “Ojalá me olvides”… 

Pero vámonos tranqui porque en “Queriéndote en silencio”, al compás de un exquisito vals peruano que me hizo bailar y hasta chascar los dedos, la cantante nos demuestra que no todo es una línea recta que podemos recorrer sin ningún tropiezo, porque en el camino también nos juegan chueco nuestras inseguridades y miedos, esos “castillos en el aire en frágiles suspiros”. 

Y, por fin, la reconciliación. “Cuido tu recuerdo” es casi como una confesión, algo que hay que procurar y que, por lo mismo, se tiene que susurrar… como un “hilito de agua”, un “hilito de voz” que titila… 

Recordar, dicen por ahí, viene del latín recordare, formado por el prefijo re– y cordis, que significa corazón, por lo que la palabra significa mucho más que conservar a alguien en nuestra memoria. Recordar es guardar a alguien o algo en nuestro corazón, metáfora para referirnos al lugar donde yacen nuestros sentimientos, que nos distinguen como humanidad.

Así, acompañada sólo de una guitarra, la artista adopta el susurro como canto, como un “último gesto de amor”, y llega al final de esa Ítaca que es Laura Itandehui para descubrir, con sabiduría, que ha comprendido lo que los amores significan…   

En El Desierto, Casa Estudio. Tomada del Facebook de la artista.

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Karen Fabián (Ciudad de México, 1991)
Estudió filosofía en la UNAM y, después de un tiempo, se dio cuenta de que no le importaba la vida académica. En 2017 fundó la Liga Mexicana de Filosofighters, quizás el proyecto más bello de toda su perra vida. Ha publicado en revistas como Punto de partida, Crash y Mexican Times. Ama la música, pelearse con fachos en Twitter y armarla de pedo por todo. Actualmente trabaja en El Heraldo de México y sueña con ser periodista de investigación.
Twitter: @Karen_Fabian1

Imagen principal: portada del álbum debut de Itandehui, tomada de sus redes sociales.

Pandemio, inoculación y la importancia de reportear ciencia

por Israel Sánchez

Horario de tu cita: 13:00 horas, arrojó el sistema un sábado. A la semana siguiente dan las 12:26 y ya estoy formado bajo las carpas levantadas afuera de la Biblioteca Vasconcelos. 

El referencial espacio de Buenavista, del cual alguna vez escribí que se convertía los fines de semana en una “romería de libros”, alberga desde hace un par de meses una fiesta distinta. Una que los entonces protagonistas en turno titularon en redes como el “Vacuna Pop Tour”, el “Treintañeros fest” o —los más tropicalones, acaso— el “Tinder presencial”. 

Al llegar, no obstante, el ánimo es un tanto de regaño hacia los que no llevan el Expediente de Vacunación completa y correctamente lleno. El estentóreo voceo del personal uniformado en color verde les repite la marca y el lote de la vacuna que están por recibir; entre paso y paso, apresuran sus bolígrafos sobre el papel, avanzando nerviosamente, como a punto de encarar un examen para el que no han estudiado. 

Pero adentro el ambiente es otro. Menos alborozado de lo que habían registrado algunos, pero de indiscutible y optimista entusiasmo. 

“De este lado. Si le duele no paga. Adelante, adelante”, nos dirige una voluntaria. “¿Y el panda?”, pregunto, desconcertado por la ausencia del viral personaje que animó el proceso para mis predecesores. “Uy, no. Hoy le tocó en Prepa 9”.

Como dijo Silvio Rodríguez: el día más importante de su existencia fue el de su selfie.
Inoculación del biológico en el autor.

“Quiero que se sientan bien contentos, porque para eso vinieron”, dice el auxiliar médico, uno de tantos ahí, encargado de inocularnos. Consciente de lo que el momento representa, no tiene reparo alguno con quienes sacan su teléfono y estiran el brazo contrario a donde van a recibir el piquete para inmortalizarlo con una casi obligada selfie. 

“Es mi trabajo, pero a mí me da mucha felicidad saber que estoy ayudando a la gente, contribuyendo a que finalmente se acabe esta pandemia. Ojo, que no el virus. El coronavirus es como el rocanrol: llegó para quedarse”, enuncia, y nos reímos juntos.

Para las 12:48, ya espero sentado en el área de observación, enfrente de un grupo que flexiona los brazos al ritmo del bubblegum pop de los daneses Aqua. ”Come on, Barbie, let’s go party”. En dos semanas, hasta que sea efectiva la inmunidad, y, de preferencia, hasta tener la segunda dosis, habría que responderle a Ken.

El que no brinque no es inmune.

Así es como, en menos de 30 minutos e incluso antes de lo que marcaba la cita, me fue administrada una vacuna contra el covid-19. Solamente un año y tres meses después de la primera vez que, como reportero de la sección de Ciencia de Reforma, tuve la oportunidad de escribir sobre el tema. 

No se trató en ese entonces de la de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, que ahora circula en el torrente sanguíneo buscando instruir a mis células para producir la proteína Spike del SARS-CoV-2, con el fin de que el sistema inmune pueda reconocerlo y defenderse de él. Sino de la desarrollada por el grupo que encabeza la investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM Laura Palomares, hoy directora del mismo. 

Eran las 20:30 de un miércoles a finales de marzo cuando la biotecnóloga atendió mi llamada y me explicó cómo funciona su vacuna de tecnología recombinante, en fase preclínica, elaborada a partir de la propia plataforma que por años han venido trabajando contra zika y dengue. 

Lo hizo con tanto detalle y accesibilidad en el lenguaje como es propio de los científicos al hablar con los medios, ofreciendo incluso echar un vistazo a la nota antes de su publicación. Propuesta frecuente en la fuente de ciencia quizás como en ninguna otra y no sin razón, pues no pocas veces una combinación de comunicación inefectiva y mala interpretación de reporteros y editores ha llevado a encabezados y contenidos del tipo “Encuentran la cura del Sida”. 

Aun con el chapuzón informativo de rigor que debe preceder a cada entrevista, no hay forma de que a uno no lo tomen por sorpresa cosas nuevas (¡qué dicha y absoluto tesoro de este oficio!). En este caso, fue con la doctora Palomares la primera vez que, en el brevísimo par de años que llevo reporteando para la sección de Ciencia, me encontré de frente con nociones como ARN mensajero o los nombres de Moderna y CanSino Biologics.

Frutos del periodismo.

Y es que así como la rápida dispersión del pandémico mal obligó a investigadores y autoridades mundiales a voltear la mirada e intentar descifrar qué es lo que ocurría y cómo había que actuar, también la agenda de los medios se vio súbitamente redefinida por un tema cuyas implicaciones y ramificaciones atañían a prácticamente todas las áreas de información, teniendo que aprender tanto como fuera posible al presuroso compás de la tesitura. 

De pronto y como nunca antes me encontré leyendo papers, atendiendo conferencias a distancia y hablando con expertos nacionales y extranjeros acerca de que no se trataba de una enfermedad meramente respiratoria, sino de carácter sistémico; de propuestas de fármacos y protocolos de tratamiento que resultaban en altos índices de sobrevida, contra otros más bien polémicos y no recomendables, y hasta de los mejores materiales para hacer cubrebocas que bloquearan la inhalación de los aerosoles emitidos desde el tracto respiratorio, que entonces también parecía algo nuevo y difícil de aceptar como la principal vía de contagio.

Enlazándome con especialistas que contaran cómo funciona la inmunidad y el papel de los anticuerpos y los linfocitos T; el impacto de los altos niveles de vitamina D; las fases de investigación clínica que preceden la autorización de las vacunas; las más de cincuenta secuelas persistentes en quienes se recuperan de la enfermedad, y hasta por qué razón muta este virus escurridizo que se resiste a ser vencido. Científicos, divulgadores y comunicadores, todos ellos nunca antes tan concurridos por la prensa, convertidos además en una suerte de influencers que disipan dudas desde la cotidianidad de sus cuentas de Twitter, que han pasado de tener algunos cientos de seguidores a varios miles. 

Lo más difícil, recuerdo y reconozco, fue la ocasión en que el encargo era informar sobre los modelos de epidemiología matemática, abundantes en determinado momento de la pandemia, pero hoy un tanto en desuso, acaso por no haber conseguido atinar el tan ansiado momento en que la contingencia terminaría (no diría que por un mal cálculo suyo, sino por la falta de más datos procedentes, en parte, de un tamizaje amplio que autoridades rechazaron reacia y repetidamente hacer). Cada entrevista realizada fue una clase particular sobre las ecuaciones diferenciales, variables y supuestos a la base de estos modelos compartimentales y mecanísticos. Varios días de trabajo para una nota que terminé por enviar de madrugada, a las 4:09 de un viernes. 

Pero entre todo esto que acaparó las órdenes del día en la agenda que recibo a diario, las vacunas sin duda han ocupado un lugar privilegiado: el propio que los científicos y la sociedad les asignaron como el armamento más prometedor para vencer al virus.

De forma que también he podido conocer de primera mano los esfuerzos que hacen investigadores en universidades mexicanas, como las autónomas de San Luis Potosí o de Querétaro, para desarrollar las suyas; al igual que instancias privadas, como la empresa de biotecnología Novavax, que espera únicamente el permiso de las autoridades regulatorias alrededor del mundo para empezar a distribuir los millones de dosis de una vacuna con la que estiman poder combatir esa amenaza que representan ahora las variantes de preocupación del SARS-CoV-2.

El pasado 23 de junio, el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2021 recayó en la labor científica de quienes allanaron el camino para tener tres de las primeras vacunas anticovid. Pretexto perfecto para hablar de nuevo con algunos especialistas nacionales en el tema, como la doctora Palomares, quienes celebraron el indiscutible bien merecido reconocimiento. 

Ese día, la viróloga María Isabel Salazar, del Politécnico, me escribió algo que estaría por demostrarse del otro lado del mundo: “El reconocimiento a la labor científica siempre tendrá una repercusión positiva en el corto o mediano plazo, ya que en ocasiones los científicos no son particularmente destacados en la escala social o cultural”.

Reconocer.

Días después, en la cancha central del mítico Wimbledon, la multitud reunida brinda una espontánea ovación a Sarah Gilbert, líder del grupo que impulsó la vacuna de AstraZeneca y una de las galardonadas con el Asturias. La genuina sorpresa en el rostro de la vacunóloga británica mientras el público que le aplaude comienza a ponerse de pie no deja de emocionarme, especialmente hoy, cuando mi esposa, mis padres y mis amigos hemos sido inoculados con el fruto de su trabajo. 

Emotividad pública.

Viendo esto, más los incontables mensajes de “viva la ciencia” que las personas vacunadas comparten en redes, y sin el más mínimo afán de querer colgarme una medalla que no me corresponde, me resulta imposible no pensar en lo fundamental que ha sido para ese reconocimiento público el trabajo enorme de comunicar la ciencia.

Por un lado, el de los científicos que se toman el tiempo de hablar detallada y pacientemente de su trabajo ante micrófonos, cámaras y grabadoras; por el otro, el de divulgadores y periodistas de ciencia que los escuchan, cuestionan, entienden y “traducen” para que el público no especializado pueda, por ejemplo, enterarse de qué contiene esa vacuna, cómo es que estuvo lista en tiempo récord y en qué forma los puede salvar. 

Noble quehacer desde la radio, televisión, internet, libros, revistas o el superviviente diario impreso de la mañana; ya sea en un pequeño recuadro de la primera plana, en un amplio despliegue en la página 10 o en el hub principal de los portales en línea. Espacios ganados a pulso correspondiendo a la necesidad de información de lectores asediados por el alarmismo y las teorías de conspiración, como revelaron este año y medio las métricas de visitantes y clics, sustentando una verdad irrebatible: la ciencia también es nota. 

Y así como en el gremio científico ha anidado la esperanza de que la actual crisis deje tras de sí la imperiosa lección de nunca más dejarlos sin financiamiento ni fuera de las decisiones importantes, entre quienes vivimos de comunicar su trabajo acaso nos quede esperar que no se olvide no sólo que la gente está interesada en tales temas, sino que informarlos puede influir en que una convocatoria a vacunarse se convierta en un festejo masivo, o que una vida consagrada a la investigación sea homenajeada en uno de los escenarios deportivos más importantes del planeta.

Los memes no se firman ni se atribuyen, pero éste lo tomamos de @SimpsonitoMx.

***
Israel Sánchez (CDMX, 1990).
Reportero. Hacía ensayos y videos sobre filosofía y cultura pop en Reflexiones Alternas hasta que se le atravesó el periodismo. Cubriendo cultura, ciencia e historias de salud y curiosidad desde 2019. “¿Usted es físico?” Party gamer con aprecio no irónico por los memes. Escucha cumbias y psychobilly mientras anda en bicicleta.
Twitter: @israelgRim
Instagram: @isra_sanchez21

Imagen de portada: tomada del Facebook de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México.

El retrato del inoculado y los recortes de periódico son cortesía del autor.

Osiris gringo: cinco poemas de Aaron Poochigian

por Svetlana Garza

Supe de la existencia de Aaron Poochigian porque, aunque me gustan las drogas duras, soy una ñoña de corazón y necesitaba desesperadamente conocer la historia de las traducciones de la Eneida al inglés (a veces se despierta una en ese humor). Para mi sorpresa, había alguien en este mundo que se había dado a la tarea de investigar el tema y de ponerlo a mi alcance. Ya que mi alma traductora se apaciguó de datos duros, me puse a ver la biografía del autor del ensayo y a stalkearlo un poco. Así fue como supe que es traductor de ruso y griego, y que tiene un doctorado en literatura clásica; que nació en 1973 y vive en Nueva York (su segundo libro se llama Manhattanite). Así fue como supe que es poeta. El título de su primer libro me pareció la cosa más perfecta —The Cosmic Purr (El ronroneo del cosmos) y corrí a comprarlo (bueno, corrí a picarle comprar en Amazon). También empecé a seguir su trabajo en Facebook, donde publica poemas cotidianos que alegran mi timeline. Me sorprendió cómo sus versos podían tener una voz tan gringa y tan universal a la vez. El paso lógico era traducirlo, para tener un pretexto y escribirle y hablar con él, y en Altura desprendida, cursis natos como son, les encantó la idea. Los siguientes poemas pertenecen a su más reciente libro, American Divine, publicado este año.

American Osiris

Dead god, dead god, come alive
on the count of number five.
One, two, three, four. . .

I sense dejection in the vegetation.
I get how red a sun is going down.
And there they go, the dogs all over town,          
howling like widows. Ambush, mutilation,
dumpsites across state lines—the deed is done.
Streetlights will keep on burning all night long
in memory of you, the youth, the strong
seed-giver, the delight, the vital one.

It’s useless but I want to strew
funeral flowers—the orchid, the iris.
Traffic on the avenue
is sighing for the loss of you,
American Osiris.

I smell the crime: in Jersey there’s a scow
tugging, like rubbish, your indignant liver
up the Passaic—post-industrial river—
and all the sap in you has turned crude now
and soaks from ruptured pipes into the prairie.
Your sex is wild boars goring Arkansas.
Who axed you, handsome? Who has dumped
you, raw,
on this democracy, this cemetery?

Sorrow has spread from coast to coast
like a saccharine song or seasonal virus.
You are what weighs on us the most—
darling and carcass, god and ghost,
American Osiris.

Dead god, dead god, come alive
on the count of number five.
One, two, three, four. . .

Osiris gringo

Dios muerto, dios muerto, vuelve a la vida
cuando termine mi cuenta invertida
cinco, cuatro, tres, dos…

Siento a la vegetación rendirse.
Entiendo qué tan rojo es el sol que se pone.
Y los ladridos de los perros que la ciudad impone,
aullidos de viudas. Lugar para emboscarse, hendirse,
urbe de vertederos, lleno de mugre en la frontera estatal.
Toda la noche arderá cada farol
en memoria de tu juventud y fuerza, como el girasol,
tú, portador de la semilla, del placer, el tan vital.

Quiero esparcir, aunque no sirva de nada
flores funerarias: la orquídea, el iris.
El tráfico de la calzada
suspira por tu retirada,
versión gringa de Osiris.

Huelo el crimen: en Jersey hay un barco huesudo
tirando, como despojos, de tu hígado indignado
por el río Passaic —postindustrializado—
y toda tu savia se ha vuelto petróleo crudo
que se escurre por las tuberías rotas a la pradera.
Tu sexo son los jabalíes que cornean Arkansas.
¿Quién te desmembró, muñeco?
¿Aún no te cansas?
¿Quién te dejó tirado en carne viva, todo chueco,
en esta democracia, en esta tumba de tierra?

De costa a costa el dolor se ha extendido
como una canción cursi o como un nuevo virus.
Eres lo que más nos ha dolido
dios y fantasma, cadáver querido
versión gringa de Osiris. 

Dios muerto, dios muerto, vuelve a la vida
cuando termine mi cuenta invertida
cinco, cuatro, tres, dos…

Jackson Pollock, The Flame, 1934-38, MoMA.

Hush Now

Soon as the shift to darkness in the sky
left me alone to my own dark lanai
I must have slipped off somewhere wild since, wan
and long-haired, with a cowgirl flannel on,
this chick was crooning, like a lullaby,
lyrics about a whole world gone awry:

Hush, little pretty, hush. There, there.
Day is done, and night has won,
and Ending Times is everywhere.
 

Don’t cry, don’t cry. Ten years of drought:
the plow is rust; the harvest, dust. 
There’s nothing left to fret about.


Wolves long ago got through the fence,
circled the fold and, as of old,
done massacred the innocents.
 

It’s peaceful now: the mockingbird                                       
that trilled before don’t sing no more.          
Papa’s been gone for months. No word.


Hush, little pretty, hush. There, there.
Day is done, and night has won,
and Ending Times is everywhere.

She blew a kiss, dissolved, and there was dawn,
smog-red—a credible phenomenon.
Steel mesh immured, buzz, buzz, a frantic fly.
Whorled sirens were approaching.
Hush-a-bye.

Haz silencio

Tan pronto como el cielo cambió a “apagado”
me quedé solo en mi oscuro jardín privado.
Debo haber caído en una tierra salvaje
porque llegó una chica de extraño ropaje
de franela y cabello largo, que canturreaba
una canción de cuna, sobre un mundo que se acaba.

Haz silencio, pequeñita, ya, ya.
El día termina, la noche germina,
y el fin del mundo no se va.


Ya no llores por diez años de estiaje:
la yunta oxidada, la siembra olvidada
ya no hay horizonte en el paisaje.


Los lobos hace años cruzaron la reja
cercaron el recinto, y por instinto
masacraron cada hombre y cada oveja.


Hay silencio: si el ruiseñor con su silbido 
calló desde antes, tú ya no cantes.
Nadie sabe de papá, ni una palabra ni un sonido.


Haz silencio, pequeñita, ya, ya.
El día termina, la noche germina,
y el fin del mundo no se va, va…


Me mandó un beso y se disolvió en la madrugada,
entre un humo rojizo, fenómeno comprobable.
Tras la malla de acero, una mosca desquiciada.
Sirenas vertiginosas se acercaban en bandada.
Hasta siempre
shhh

Jackson Pollock, Landscape with Steer, 1936-37, MoMA.

The Tribe

O Rhesus, in this time of desolation
I often look upon your warriors.
Their eyes an avid blue, their red beards Thracian,
they populate my room with baldrics, furs
and penetration: horn-tipped helmets, arrows
and lances, whetted human bones for spurs.
The steeds that stir my atmosphere like sparrows
carry them to hibernal massacres.

Rhesus, I witness, from a rocking chair,
snowflakes—or ashes?—churning in the air.
Ashes. Flambeaux are going street by street.
Choice girls are dragged aside while in the square
the last defenders, brave men, turn to meat
for jackals.
Rhesus, I accept defeat.

La Tribu

Ay, Rhesus, en estos tiempos desolados
suelo voltear la mirada a tus guerreros.
Sus barbas rojas tracianas, sus ojos ávidos, azulados.
Infestan mi cuarto de tahalís, fundas y pieles
y para el ataque: flechas, cascos cornudos,
lanzas, espuelas de huesos de los infieles.
Los potros que agitan el aire como zancudos
los cargan por masacres y derroteros.

Rhesus, soy testigo, desde mi mecedora,
de los copos de nieve ¿o cenizas? en la aurora.
Cenizas. Van con antorchas, casa por casa
y escogen muchachas para arrastrarlas a la plaza
los defensores se vuelven carne de cañón
los valientes alimento para la flota.
Rhesus, cuando así me enfrento a tu nación,
acepto la derrota.

Jackson Pollock, The She-Wolf, 1943, MoMA.

The Uglies

Just yesterday when I was young and clever
I had the perfect purpose figured out:
lavish ecstatic monumental thought
begetting artworks that would last forever
on life’s rich brevity. But in the night
ridicule moved in, and the monster doubt:
Nothing is deathless, so your scheme is shot.
You are a chump, however hard you write.


I slept like hell and all day long, half nuts,
I have been sumping dreck from my infernal
parts, my subconscious—I don’t know—my guts:
priapic howlers that won’t be eternal,
obscene refrains that echo and are gone.

It’s all about the uglies from now on.

Lo Grotesco

Apenas ayer era joven e ingenioso
y tenía mi propósito perfectamente figurado:
prodigar pensamientos extáticos y monumentales,
engendrar arte tan imperecedero como fastuoso
sobre lo breve que es la vida. Pero en la noche oscura
repta el miedo al ridículo, un dudar monstruoso:
Nada es inmortal, tu plan está errado;
Por más que le hagas a la escritura
no se te quita lo tarado.


Dormí del carajo y en la vigilia, fuera de mis cabales,
he estado bombeando estiércol de mis partes más ocultas,
de mi subconsciente, qué se yo, de mis genitales:
gemidera príapica, que ni será eterna ni es tan culta,
refranes obscenos que hacen eco y se hacen humo.

De aquí en adelante lo grotesco y mi poesía son uno.

Jackson Pollock, Stenographic Figure, 1942, MoMA.

The Living Will

Too grizzled now to play the wunderkind,
too apt to sit where I have often sat,
I, Aaron Vaughn Poochigian, now that
my nose has thickened and my hair has thinned,

do hereby most imprudently rescind
the rulebook I propounded, all my sessile
growths and impediments, so that, a vessel
beholden only to the waves and wind,

I may be free to drift out of the bay.
Hereafter I shall whiff the fragrant coasts
of Araby, Dundeya and Cathay

and, further out, beyond the round world’s spalling
margin, hear Odysseus’ ghosts
squeaking like hinges, hear the Sirens calling.

Última voluntad, en vida

Demasiado encanecido para jugar al prodigio
muy apto para sentarme donde siempre me siento
Yo, Aaron Vaughn Poochigan, ahora que siento
que mi nariz es ancha y mi cabello un vestigio,

por medio de la presente rescindo con toda imprudencia,
el reglamento y los sustratos a que me he adherido,
junto con sus impedimentos, y en navío convertido
me rindo sólo a las olas y el viento en su afluencia,

andaré, pues, sin rumbo por la ensenada.
En lo sucesivo respiraré la fragancia costera
de Arabia, Catai o Dundeya, polinombradas.

Escucharé al fantasma de Odiseo narrar sus penas
y más allá de los márgenes astillados de la tierra,
sonará, como chirrido de bisagras, el canto de las sirenas.

Jackson Pollock, Easter and the Totem, 1953, MoMA.

***
Svetlana Garza
Estudió lengua y literatura inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde ahora cursa la maestría en literatura comparada. Es poeta, traductóloga y traductora de libros como Trozos de mí, del poeta beatnik Bob Kaufman; de la novela Entre actos, de Virginia Woolf; de La venganza del Saguaro, de Tom Miller, entre otros. También es autora del poemario de literatura erótica La Rinoceronta en el cuarto (Editorial Letras Líquidas). Su obra, además de en revistas independientes, ha sido publicada en el libro colectivo Fantasías desanimadas, de Editorial Literal, y en la antología Silueta: narrativa y poesía, de Colectivo Entrópico. Sus próximos dos libros de poesía están varados por la pandemia y nunca se ha ganado un premio. #jamásbecada
Facebook: @larinoceronta

Traducciones revisadas y autorizadas por el autor.
Imagen de portada: Jackson Pollock, sin título, 1950, MoMA.

Guía de papel: Ese mito llamado Manuel Buendía

por Rodrigo Hernández López

Netflix estrenó el documental Red privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía?, sobre el asesinato del periodista Manuel Buendía Tellezgirón, perpetrado el 30 de mayo de 1984 y calificado como el “primer asesinato de la narcopolítica en México”.

El homicidio del columnista más importante de aquella época es considerado como el santo grial del periodismo mexicano debido a las interrogantes en torno que siguen sin resolverse.

Entre 2013 y 2014, la revista Proceso detalló parte de una serie de reportajes sobre la denominada Operación Leyenda, una investigación sobre el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena. Como parte de esos trabajos, el semanario reveló un documento clasificado por el gobierno de Estados Unidos como top secret y cuyo contenido puso a la luz una serie de nombres y hechos que pudieron haber desembocado en el homicidio del periodista a principios de los ochenta.

Parte de esas investigaciones son presentadas en el documental, en voz del reportero J. Jesús Esquivel.

La película presenta un eslabón más del rompecabezas sobre el asesinato, que enfrenta tantas teorías. Una de ellas fue la que Rafael Loret de Mola (padre de Carlos Loret) publicó en su libro Los escándalos (1999), donde mencionó que un rumor indicaba que Buendía tenía archivos fotográficos comprometedores en los que se veía al entonces presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado, portando un vestido de Cleopatra y a varios de sus colaboradores y miembros del gabinete vistiendo ropas femeninas.

Archivo de la Universidad de Texas en Austin.

Los espectadores podrán disfrutar de la narración de Daniel Giménez Cacho, la dirección de Manuel Alcalá y el trabajo de Gerardo Gatica, Inna Payán y Luis Salinas en la producción.

Este largometraje documental recoge las voces de diferentes personas contemporáneas de Buendía, a través de las que se conoce su obra y cuyos testimonios harán plantearse al espectador una realidad que no ha cambiado mucho para los comunicadores ante el creciente poder del crimen organizado.

Basta recordar que durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, al menos 68 defensores de derechos humanos y 43 periodistas han sido asesinados en el país, de acuerdo con datos de la Secretaría de Gobernación (Segob), desde diciembre de 2018.

La sinopsis de la cinta es cruda: “Una inmersión profunda en el trabajo del reconocido periodista mexicano Manuel Buendía busca esclarecer su asesinato y los vínculos entre la política y el narcotráfico”.

Mediante un ágil montaje que recupera entrevistas, testimonios, material fotográfico y sonoro, así como las voces de Jorge Carrillo Olea, Iván Restrepo, José Reveles, Raymundo Riva Palacio, Carmen Aristegui, Elena Poniatowska, Blanche Petrich y Sergio Aguayo, la cinta apunta a contribuir con un capítulo más en la leyenda de Buendía.

Y como refiere su propio director: “Hay muchísimos paralelos entre lo presentado en el documental y lo que está pasando en este momento. Todo tiene una conexión directa: caciques, zócalos repletos, ultraderecha, la CIA en México. Todo esto de la época de los setenta y ochenta es el origen de mucho de lo que vemos ahorita en México”.

El columnista detalló en su trabajo periodístico algunas de las operaciones de la CIA en México. Crédito de la imagen: Netflix.

Así que, querido lector o lectora, le recomiendo abandonar la lectura de este texto para prender la televisión y adentrarse en una historia en muchos casos desconocida para las nuevas generaciones.

Porque los mitos sobreviven al paso de las décadas por las interrogantes que continúan presentes.

Desde el periodismo, sin embargo, parece que nunca sabremos quién mató a Manuel Buendía.

***
La guía de papel, nombre de este espacio de colaboraciones con Altura desprendida de periodicidad mensual, es una pieza en ángulo usada como referencia al momento de insertar la hoja en la máquina de escribir, cuya función es facilitar la fijación de los márgenes a la hora de teclear.

Rodrigo Hernández López
Creció entre libros viejos y periódicos y aún escribe en su vieja máquina de escribir. Fanático de la fatalidad de Casablanca y de la lluvia. Busca cómics de la Editorial Vid, ediciones de La casa de los espíritus y figuras de Star Wars. Como Clark Kent, su pasión es el periodismo. Le gusta dar paseos por el cementerio y sube cosas de Batman desde su Twitter: @lopezperiodista.

Imagen de portada: arte de la película, tomado de IMDB.

Greenwashing o la manipulación verde

por Andrea P. Barrera Arrazola

En 1988, el establecimiento del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) dio pie al reconocimiento del cambio climático antropogénico. Desde entonces, las condiciones ambientales, como la gran cantidad de residuos plásticos, la contaminación de ríos, aire y suelo, el fenómeno de isla de calor que afecta a las grandes ciudades, el número creciente de incendios, la extinción acelerada de especies, la pérdida de glaciares, entre otros fenómenos, han ido empeorando en el mundo, sin que aparentemente exista solución.  

Durante 2021, en México, se han reportado sequías generalizadas, con una afectación de 87.5% del territorio, lo que se traduce en una disminución de capacidad en las presas. Por ejemplo, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el caudal del Cutzamala se encuentra cerca de 30% por debajo de la media histórica del periodo entre 1996 y 2020. Eso hace que menos agua proveniente de una de sus principales fuentes de abastecimiento llegue a la capital mexicana.

Lo anterior provoca que los ciudadanos nos preguntemos qué podemos hacer: ¿habrá acciones o cambios en nuestra rutina o en nuestras decisiones de consumo que puedan mitigar lo que está pasando a nuestro alrededor?

Las soluciones inmediatas que hemos optado por realizar van desde usar un cilindro en lugar de comprar botellas de agua, bañarnos en cinco minutos y utilizar bolsas reusables para las compras hasta truequear nuestros objetos antiguos pero todavía útiles para darles una segunda vida.

Mercado del trueque, programa del gobierno de la Ciudad de México operado por la Secretaría del Medio Ambiente, en el que los residuos inorgánicos son recolectados y enviados a reciclar para que puedan ser aprovechados. A cambio de éstos, se reciben puntos verdes, con los que es posible adquirir alimentos frescos cultivados localmente. Fotografía tomada de la página de Facebook del Mercado del trueque.

No obstante lo anterior, muchas veces estas acciones no tienen el impacto que uno desearía para reparar o frenar el daño ambiental. De acuerdo con un informe de Carbon Disclosure Project, titulado The Carbon Majors Database, desde 1988 sólo 100 compañías productoras de combustibles fósiles alrededor del mundo son las responsables del 71% de las emisiones en el planeta de los llamados gases de efecto invernadero (GEI) —principalmente dióxido de carbono y metano—. Entre las empresas señaladas, se encuentra Petróleos Mexicanos (Pemex).

En el caso del uso del agua, la situación no dista mucho de lo que sucede con los GEI. En el estudio de Wilfrido Gómez y Andrea Moctezuma Los millonarios del agua: una aproximación al acaparamiento del agua en México, se muestra la realidad de las concesiones otorgadas por la Conagua. Tomando como marco de referencia la Ley nacional de aguas de 1992, con datos obtenidos del Registro Público de Derechos de Agua (Repda) y a través del análisis de información mediante la ciencia de datos, los estudiosos encontraron que 3 mil 304 millonarios del agua tienen concesionado un volumen de 13 mil 208 hm³/año del líquido, que equivalen al 22.3% de todo lo concesionado en el país.

Es decir que 1.1% de los usuarios explota más de una quinta parte del recurso hídrico nacional. El grupo comprende 966 empresas tanto de energía eléctrica como cerveceras, acereras, agroindustrias, mineras, papeleras, automotrices y embotelladoras, entre otros giros.

Todo esto deja ver que quienes realmente tienen que cambiar sus prácticas para disminuir el daño ambiental son las grandes industrias.

Fotografía antigua del Cárcamo de Dolores resguardada por el Museo Archivo de la Fotografía (MAF) de la Ciudad de México. Se observa un espejo de agua con la figura del dios Tláloc. Esta obra arquitectónica se concibió en 1951 para conmemorar el final de las obras del Sistema Lerma; originalmente, una porción del caudal de dicho sistema llegaba a este lugar.

Ante la necesidad imperante que estas compañías encaran para limpiar su imagen, dadas las irrefutables pruebas de su responsabilidad frente a la crisis climática y ambiental, muchas recurren al llamado greenwashing.

En el libro Understanding and Preventing Greenwash: A Business Guide, se resalta que si una compañía aparenta que lleva a cabo más acciones en pro del ambiente de las que realmente está realizando, entonces incurre en greenwashing.

Además, Hallama, Montló, Rofas y Ciutat (2011) identifican como greenwashing el uso, desde un organismo, de una ampliación selectiva de la información medioambiental positiva, lo cual produce una imagen distorsionada y tendenciosa en favor de los aspectos “verdes” interpretados como positivos por los consumidores.

En 2019 el director ejecutivo de la petrolera Total anunció que la empresa realizaría una inversión de 100 millones de dólares al año para protección de bosques y reforestación; sin embargo, Total es parte de las 100 empresas responsables de 71% de las emisiones de GEI. Además, en la actualidad, no hay una cantidad de árboles suficiente que pueda absorber las toneladas de CO2 presentes en la atmósfera. Las acciones por parte de Total deberían estar enfocadas en disminuir la expansión de sus operaciones en lugar de invertir millones en reforestación.

El diccionario de Oxford lo define como las actividades de una empresa u organización que tienen como objetivo que la gente piense que está preocupada por el medio ambiente, incluso si su negocio daña a este último. Asimismo, registra como usos indistintos las voces greenwash y greenwashing.

Esta manipulación informativa no sólo busca lavar la imagen de una empresa, sino que se aprovecha del creciente interés de los consumidores en comprar productos que, en su proceso de producción y obtención de materias primas, tengan menor impacto ambiental y que, además, sean socialmente responsables.

Según Robertson & Nicholson (1996), citados por Babinksi, si en sus informes de responsabilidad social corporativa las empresas sólo comparten sus visiones y objetivos corporativos sin datos significativos sobre medidas y acciones concretas, podríamos estar ante ejercicios de retórica general o greenwashing.

Desde 2020, los modelos de iPhone ya no llevan cargador. El motivo, según Apple, es evitar la fabricación de nuevos cargadores y disminuir el tamaño de la caja, lo que puede resultar en mayor capacidad de los embarques, menor número de viajes y, por lo tanto, menos emisiones de GEI. Sin embargo, al mismo tiempo, la empresa incentiva la compra de un nuevo dispositivo cada año, dificulta la reparación de sus productos y omite accesorios de la caja, lo que obliga a comprarlos por separado.

La dinámica consiste, pues, en seguir manufacturando y vendiendo productos u ofreciendo servicios que se etiquetan como verdes, amigables con el medio ambiente, orgánicos, reciclables, reusables, veganos y un sinfín de adjetivos que convenzan a los consumidores de que no tienen impacto ambiental o de que al menos es mucho menor que el de los convencionales.

También se trata de colgarse el eslogan de la responsabilidad social tanto con sus trabajadores como con las comunidades de los países donde las empresas operan. De tal suerte, el greenwashing engloba a las compañías que venden promesas verdes incumplidas a través de sus estrategias de publicidad y mercadotecnia.

Para el consumidor es difícil discernir entre esta manipulación diseñada y los esfuerzos reales de las organizaciones rumbo a una mayor sustentabilidad.

En 2015 la empresa April, propietaria de una de las fábricas de pulpa y papel más grandes del mundo, con operaciones en China e Indonesia, anunció una nueva política de sustentabilidad que prometía “terminar con la deforestación” en toda su cadena de suministro. Sin embargo, meses después, la organización Greenomics dio a conocer un reporte que comprueba, por medio de imágenes satelitales, que la empresa ha talado áreas de bosque de alto valor de conservación ubicadas dentro de sus concesiones. Imagen tomada de la página web de Greenpeace.

En este sentido, se recomienda no dejarse llevar por empaques verdes, palabras como eco, natural u orgánico; buscar si las certificaciones de las que presumen los productos son válidas; tomar en cuenta si la organización tiene un historial de desastres que atenta contra el ambiente o ejerce la injusticia laboral; prestar atención también a los procesos de producción y de obtención de materias primas de los productos; y, claro, acercarse siempre a ese amigx o conocidx ambientólogx que pueda sacar de dudas.

Finalmente, no se pretende desincentivar prácticas individuales en pro del ambiente; después de todo, la presión y la acción que éstas generan en el colectivo representan cambios en el paradigma actual.

Referencias:

Babinski, A. (2019). Sostenibilidad y Greenwashing en la cadena de suministro de la industria textil.

BBC News Mundo. (2021). Sequía en México: 4 imágenes satelitales que muestran los graves efectos de la escasez de lluvias.

Gómez, W., Moctezuma, A. (2020). Los millonarios del agua. Una aproximación al acaparamiento del agua en México.

Greenomics. (2015). Proven beyond doubt, APRIL continues to clear legally-established HCVF áreas.

Griffin, P. (2017). The carbon majors database.

Horiuchi, R. y Schuchard, R. (2009). Understanding and preventing Greenwash a business guide.

Pastor, J. (2020). No incluir cargador en los iPhone vuelve a desatar la polémica: por qué eso es buena (y mala) idea.

Lang, C. (2019). Total greenwash: Total CEO announces oil company will spend US$100 million a year on forest protection and reforestation.

Moritz, H., Montló, R., Rofas, S. y Ciutat, G. (2011). El fenómeno del greenwashing y su impacto sobre los consumidores: propuesta metodológica para su evaluación.

Vista aérea de la refinería Deer Park, en Estados Unidos, cuyas acciones mayoritarias fueron recientemente adquiridas por Pemex. Fotografía tomada de la página de Facebook de la petrolera.

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Andrea P. Barrera Arrazola
Estudió ciencias de la Tierra en la UNAM. Realiza divulgación de la ciencia y ha enfocado gran parte de su trabajo en proyectos donde se busca cambiar la relación que se tiene con el agua a través de la captación de agua de lluvia. Se formó como líder climática en el movimiento The Climate Reality Project. Disfruta recorrer la ciudad en bicicleta y observar las estrellas fuera de ella.
Instagram: @andreapam.arrazola

Imagen principal: vista satelital de la mina de oro más grande del mundo en Yanacocha, Perú. Las operaciones mineras en Yanacocha se han expandido continuamente desde 1993. En esta imagen Landsat en falso color se muestra la expansión de la minería a cielo abierto en diferentes tonos de rosa. El verde es la vegetación, y las áreas agrícolas cercanas a la ciudad de Cajamarca se muestran en tonos rosa brillante y púrpura. Tomada del United States Geology Service.

Demandar libertad; escribir con sangre

por Paola Macedo y Axel Hernández

Ciudad de México. El pasado primero de julio de 2021 decenas de personas y colectivos agrupados en la plataforma Haz Valer Mi Libertad, acompañados de integrantes del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero (CDHZL), se manifestaron al exterior de la casa de representación del Estado de México en la capital del país, ubicada en Lomas de Chapultepec, para exigir la aplicación de la libertad de sus seres queridos, a quienes consideran injustamente presos.

Estimaciones del CDHZL señalan que hay 19 mil 500 personas privadas de su libertad en el Estado de México, repartidas en 22 centros penitenciarios. Se trata de individuos acusados de delitos de alto impacto y se acusa que podrían ser víctimas de violaciones a sus derechos humanos en actos de violencia que van de la discriminación hasta la tortura física.

La exigencia de los familiares de las personas presas es que se les aplique de manera efectiva la Ley de amnistía del Estado de México, emitida en enero de este año y que en su artículo cuarto, fracción XII, reconoce su libertad ante estas violaciones.

Para hacer eco de su reclamo, los manifestantes decidieron extraerse sangre y escribir con ella consignas y los nombres de sus familiares. Las palabras libertad, amnistía y justicia quedaron plasmadas en rojo hierro sobre las paredes y puertas de la representación.

Altura desprendida dispone ante sus lectores una fotogalería del episodio de protesta elaborada por los fotoperiodistas Paola Macedo y Axel Hernández.


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Paola Macedo
Egresada de la licenciatura en diseño y comunicación visual de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, especializada en diseño editorial y fotografía. Es fotoperiodista independiente y se interesa en historias con perspectiva de género y en la defensa de los derechos humanos. Colaboradora de la agencia fotográfica Obturador Mx, del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad y del portal Sociedad Noticias.
Instagram: @paolamacedo_foto
Twitter: @PaoMaceB

Axel Hernández
Estudiante de comunicación en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, de la UNAM. Cineasta documentalista integrante del colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad, fotoperiodista y reportero del medio Sociedad Noticias. Su trabajo está enfocado en documentar, a través de herramientas audiovisuales, procesos de lucha y resistencia colectiva.
Instagram: @axel_hernandez.m
Twitter: @axelhdm

Las imágenes de portada e interiores son cortesía de los fotoperiodistas.

Bodas de madera

por Ulises Granados

Cierta ocasión, en una tapicería, conocí a un hombre de lo más extraño. Ya no recuerdo su rostro, pero recuerdo que en cuanto me escuchó entrar por la puerta del negocio, dejó de acariciar el forro de una silla y me miró fijamente por un instante antes de decirme:

—Estoy enamorado.

Debo haberme puesto a la defensiva ante la sorpresa, porque lo primero que entendí fue:

—Claramente, usted no está enamorado como yo.

Y de repente me sentí pleno, realmente cómodo conmigo y hasta complacido de que se notaran a simple vista mi templanza y sobriedad. Sin embargo, después de repensar toda esta circunstancia, me percaté de la condición de aquel desconocido y fruncí el ceño, un tanto desconcertado.

—¿Disculpe?

—Que estoy enamorado.

Sé que el tipo estaba feliz, se distinguía una alegría peculiar en la entonación de sus palabras y en sus movimientos; brincoteaba por el lugar como un pequeño labrador esperando que alguien le lanzara una pelota. Su apariencia y su comportamiento me indicaban que se trataba de un hombre solitario, desconectado del mundo, y que no sabía qué hacer con ese amor del que alardeaba. Otro como él en su lugar me hubiera dicho esto con un aire un tanto cabizbajo, pidiendo mi ayuda, mi consejo. Este hombre, en cambio, llevaba una gran sonrisa entre las mejillas.

—Pero, amigo, ¿cuánto tiempo lleva así? ¿Se encuentra usted bien?

Mi preocupación pareció no afectarle de inmediato. Sin embargo, al cabo de un momento, recordando al mismo cachorro, ladeó la cabeza, como si le hubiera confundido mi reacción. Me observó en silencio, todavía sorprendido, pero logró dar con una manera de responderme sin deshacerse de esa mueca que le desfiguraba el rostro:

—¿De qué habla? Si estoy perfectamente. Seis increíbles meses de sentirme… cómodo… feliz. No tiene una idea de lo contento que estoy.

Nigel Van Wieck, Dog days.

En verdad creo que fue en ese momento cuando empecé a sentir algo de lástima por ese pobre hombre incapaz de comprender su situación. Ya antes había visto esa especie de felicidad con que los enfermos suelen negar su estado. Yo mismo había sido ese enfermo alguna vez.

—¿Sabe usted qué día es hoy, señor? —pregunté, esperando descubrir si había algo irremediablemente alterado en su cabeza.

—No exagere, no exagere —me respondió entre risas—. No tiene por qué creerme, pero la verdad es que nunca me he sentido mejor. Es más, le recomiendo que se dé la oportunidad de enamorarse un día de estos.

¡Pobre! No tenía idea de su propio estado y cada palabra que decía me preocupaba más. Lo tomé de los hombros y lo sacudí con violencia, esperando que volviera en sí, pero mis esfuerzos no dieron ningún resultado, ni siquiera fui capaz de borrarle ese gesto.

—¡Responda, por el amor de Dios! Deje de hablar así, suena usted como un loco.

Todavía sonriendo, el convaleciente me tomó las manos para detenerme y dijo con una voz amistosa y serena:

—Tiene suerte de haberme encontrado de muy buen humor el día de hoy. Permítame invitarle un trago para contarle todo. Si tiene tiempo, me gustaría explicarle por qué me siento así.

La invitación me pareció tan franca que terminé por aceptar, a pesar de que un pensamiento persistente me incomodó durante el tiempo que pasamos juntos: ¿estaré abusando de este pobre enfermo? Con esa duda en mente, encargué nuestros muebles al dueño de aquel local y me dirigí con este hombre a un bar cercano. Para ser honesto, llegué a dudar de mi seguridad al estar a solas con alguien tan inestable —se dice que un enamorado es capaz de cualquier cosa—, así que procuré mantenernos en lugares concurridos la mayor parte del tiempo.

Nigel Van Wieck, Caught in a dream.

En cuanto llegamos al bar, nos dirigimos al fondo del establecimiento en busca de un gabinete lo más apartado posible de la entrada y nos acomodamos en él. El enamorado quiso pedir un par de cervezas, pero lo detuve enseguida y, en cambio, ordené una botella de tequila y un par de caballitos, con la esperanza de que a los pocos tragos se le quitara ese gesto que me sacaba más de quicio cada segundo que transcurría.

Después del primer trago, la plática surgió naturalmente:

—Mire, va a pensar usted que todo esto es una broma, pero estoy enamorado de una silla… de la silla con la que me encontró hace rato.

Lo miré fijamente, con un gesto de duda en el rostro y con la esperanza en el corazón de que, en efecto, se tratara de una broma. Después de un breve silencio incómodo, continuó:

—Bueno, no quiero convencerlo de nada, así que procuraré ser lo más breve que pueda. La conocí en un restaurante al sur de la ciudad en el peor momento posible para los dos; yo buscaba reconciliarme con mi ex esposa y ella vivía sus últimos días en aquel negocio. Tal vez nunca me le hubiera acercado a ella siquiera, pero llegué muy temprano, ya sabe, para pensar las cosas. Tenía meses sin ver a Mónica y no estaba del todo seguro de querer estar ahí, de buscar lo mismo que ella y, por supuesto, no cabía en mí de los nervios. Total que llegué a la entrada del restaurante, tembloroso y con la espalda empapada de sudor, frotándome las manos. Nunca en mi vida me había sentido tan inquieto. Entonces, la recepcionista me pidió mi nombre, confirmó las reservaciones y voilá: quince pasos después, mesa para dos junto a la ventana —dudó por un segundo antes de continuar—. ¿Sabe?, ahora que recuerdo, me pude haber sentado en la otra silla, pero pasan cosas así todo el tiempo y ya no tiene importancia, me senté en Paloma —dijo antes de tomar un sorbo del tequila, todavía sonriendo.

—¿Paloma?

—Así se llama. La cosa es que… no me va a creer, pero nada más me senté en ella y enseguida vi las cosas de otro modo. Dejé de pensar en Mónica y comencé a imaginar lo que pasaría si no la esperaba y salía de ese lugar a tener otra vida: nada de segundas oportunidades, nada de “perdóname”, de “lo que tú digas”.

—¿Pero eso qué tiene que ver con cualquier cosa, hombre? Estaba usted nervioso.

—Sí, no cabe duda… vaya que estaba nervioso, tanto que fui al baño a mojarme la cara, y justo entonces comencé a pensar de nuevo en Mónica, en la posibilidad de perdonarnos, de juntarnos una vez más y contemplar un futuro con hijos en otra ciudad, incluso en otro país, y noté que era Paloma la que me ofrecía una alternativa que no involucraba a mi ex-esposa ni a ese tipo de vida que, ahora lo sé, nunca quise. Cuando regresé a la mesa y tomé asiento, sentí algo que no se imagina. No podría describírselo. Me levanté enseguida y pregunté por la dueña del lugar para convencerla de que me permitiera llevarme a Paloma conmigo. Insistí en que no quería denigrarla ofreciendo dinero por ella, pero que no podía aceptar una respuesta negativa, que era muy importante para mí, para los dos. Le expliqué, le rogué, y la señora terminó aceptando. Estoy muy agradecido con ella por su amabilidad. En cuanto aceptó, salí de ahí lo más rápido que me fue posible para que Mónica no me viera escapar con alguien más.

Nigel Van Wieck, Dead end.

No podía creer lo que escuchaba. Comprendí entonces que nos habíamos sentado en ese gabinete, tan alejados de la entrada y del resto de clientes porque le daba vergüenza que otras personas lo escucharan. Quería contarme su historia, pero no estaba dispuesto a exhibirse públicamente.

—¿Nunca pensó que todo esto que me cuenta estuviera mal de algún modo? —le pregunté con cierta condescendencia que no pude evitar.

—Puede ser que sí, pero una vez que vivamos juntos, después de la boda, ya veremos qué ocurre. Todo esto lo pone a prueba el tiempo, y ahora no tengo ninguna intención de retractarme.

—¿Pero cómo boda? Mire, le voy a hacer una recomendación de lo más sensata: trate de llevar una vida normal, como el resto de nosotros, olvídese de ella, ¿qué relación puede tener usted con una silla?

—No se preocupe por eso. Estos seis meses han pasado muy rápido. Nos vemos tres veces a la semana, tenemos una vida sexual satisfactoria y el tiempo libre lo dedicamos a la lectura; disfrutamos mucho de la novela policiaca. Y, bueno, ya no me siento en ella, aunque lo extraño en ocasiones, para serle honesto.

No supe qué decirle. Este pobre hombre debió haber pasado por el juicio de muchas personas para obligarse a llegar hasta este punto; además, nunca en mi vida he maltratado a ningún enfermo. Así pues, lo miré como si la noticia de la boda y su relación me generaran algún tipo de alegría y levanté mi caballito de tequila:

—Salud.

Después de brindar, guardó silencio brevemente, con la mirada en sus manos y la mesa, bastante dubitativo, hasta que abruptamente rompió el silencio para invitarme a su boda.

—¿Qué dice? Seguro que pasará un buen rato —insistió—, incluso Mónica va a venir.

—No me lo tome a mal, pero no creo que deba estar ahí.

—Usted no se preocupe. No sé si esto le sorprenda, pero la mayor parte de la familia de Paloma son ceibas sudamericanas, así que todo un lado del salón estará prácticamente vacío. Nos haría muy feliz a mi Paloma y a mí verlo ahí. Piénselo —sacó una invitación del bolsillo interior de su chamarra y me la extendió, sin dejar de sonreír.

—Lo pensaré, se lo juro —respondí, tomando su invitación, sin dejar de preocuparme por esa sonrisa suya que, como pude ver, era el menor de sus problemas. Terminamos la botella y al cabo de unas horas regresamos a la tapicería por mis muebles y su prometida, mientras me platicaba los planes para su luna de miel. Cuando llegamos, me presentó a Paloma, ataviada con un espectacular vestido de bodas recién hecho, blanco con detalles dorados. Jamás había visto una novia tan hermosa.

Nigel Van Wieck, First floor.

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Ulises Granados (Distrito Federal, 1984).
Escritor, músico y repostero amateur. Ha publicado cuento, ensayo, poesía, minificción y reseña en revistas como Punto en líneaMarabunta, F.I.L.M.E.Deletéreo y Liberoamérica. Administra el blog literario Antología sin poesía (www.antologiasinpoesia.blogspot.com).
Instagram: @gran_uli

Imagen principal: Nigel Van Wieck, Sit out.

Los tormentos del hijo, de Hernán Lavín Cerda

—¡Mamá! ¿Quién fue Dios?

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Sin el infierno, Florita, no sería necesario el talento.

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Homo homini lupus. Sí, Plauto: como en los días del péndulo marino.

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La muerte no tiene futuro, pero el futuro la convoca.

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El capitán Pedro Ruiz de Ahumada cambió su profesión del que funda por la del amero, y en la huerta del Convento de Tepotzotlán, bajo el vuelo de los pájaros rojos, dejó encinta a la bella de ojos tardíos, la novia del saltamuertos.

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¿Sabes quién inventó la tortilla?

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Qué tortura llegar a ser un cuervo cabal.

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A carcajadas la doncella persigue a la muerte y la muerte le hace el gesto taurino y la esquiva y la deja pasar, y la muerte persigue a la doncella pero la doncella corre hacia el cocotero y desentierra el cuchillo y le devuelve el gesto taurino y la esquiva y lo entierra en el pecho de la muerte, y la muerte le hace la mueca mortuoria y desangrándose se muere a carcajadas.

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—La mujer que yo quiero me ató a sus dudas —confiesa Jack Livi comiéndose las uñas—: pero por favor no se lo digas nunca.

Nancy Spero (1993). The Dance. ICA London.

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Un día te levantas de la silla turca y desnuda te miras al espejo y ves cómo tu infancia se aleja, y sólo quedan tus botas de antílope y tus medias negras y tus labios temblando.

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Non omnis moriar: no nos moriremos del todo, viejo Horacio tremendo. Pero hemos de morir como la pobre abeja que zumba y que ilumina. ¿O desesperadamente, río abajo, cielo abajo como el mayor de los rotos chilenos hijo de Heráclito: dejando los sesos botados en los nidos de los mitos?

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Nació como mueren los reyes y los santos: decapitado.

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Soy autor de los cielos concéntricos: al entreabrir los ojos vi que la bella duerme desnuda entre mis brazos, con su boca tan grande como la de un falconete todavía ardiendo. ¿Viviré de olvidarme?

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El estrellado cielo del infierno, donde el pavor baila de smoking.

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¡Sólo el tiempo del mito crea una nueva rumba!

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El alma es un hueso cervical, dorsal, lumbar, cómicamente sacro.

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Dame vino, vino, inmundo vino desangrado: desde aquí vemos cómo sube el nivel de los muertos.

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No te me mueras. Enigma fuiste. No volarás conmigo. Voy a pintar tu rostro en un relámpago tal como eres: dos ojos para tocar lo visible y lo invisible. Desde aquí estoy llamándote en el aire para decirte nada y aquí te dejo tu figura. Ponte al fin el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre.

Nancy Spero (1970). Les choses n’ont plus de odeur, plus de sexe. Fabrice Gibert © The Nancy Spero and Leon Golub Foundation for the Arts Licensed by SIAE 2015 / Courtesy Galerie Lelong.

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Perpetrándolo todo: te amo miserablemente.

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Con romanticismo de can y volando por encima de todo sacramento, dos perros velludos se unen a vista del cielo y mantienen sus ojos blancos, en flujo y reflujo, hasta dar con lo irreal.

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Los animales de piedra tienen los ojos abiertos sobre la presa enemiga.

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Un cuarto lleno de trastos viejos, una silla coja, un candelabro oxidado, una mesa cubierta de polvo, un fragmento de espejo. Hernán acercó su rostro al espejo roto como si algo inimaginable fuera allí a aparecer:
—¿Esta cabeza de toro que me pesa sin que yo pueda recordarte?

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Menos tu vientre, todo es difunto, cenizo, solitario: un hachazo invisible, un trueno, un baco pequeñito y un esplín homicida.

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Un trago de bacanora me hizo ver el cielo de rodillas.

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Con la cabellera furiosa y blanca como la del Minotauro, Rafael Alberti desciende a los infiernos y entra en connubio con Proserpina, la hembra de Plutón, y echa a correr su emoción pánica y dionisiaca cuando ve que una columna rea de siete satanes pequeñitos se le viene encima para matarlo, pero él gana la batalla con tres cornadas y cuatro aullidos descomunales como los perros de Tamayo.

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Encanallada por un bandoneón y una guitarra, te veo cantando tu conversión a la vida, como en las antiguas leyendas del corrido y el tango.

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Nos duele que no estés. Y en tus heridas los siete clavos, las siete vidas del poeta por vivir: como en un miserere canyengue o una toccata rea.

Nancy Spero (1968). Gunship, Pilot and Victims. Galerie Lelong & Co.

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Chile retumba en los bramidos de las viudas bajo el dolor de los hermosos loros tristes, y el palomo casi bruno, cenizo, solitario, está llorando con locura y descorazonamiento la huida final de su paloma capuchina, y nunca más, ya nunca se pondrá pancho, eufórico, elegante, porque el tajo le va sangrando pianísimo por adentro del alma, como un puñal incendiándose o un frío por morir o un vuelo malevo.

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Y dile que no soy que no he sido ni seré sino el vaivén de una cuerda en el vacío, el roce de la eternidad en el cuello del que se prepara para la muerte, la herida solar que me tatué para el amor de la mujer ciega que ahora camina con una sombrilla tricolor por mis venas.

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Somos víctimas de aquellas vidas que nunca hubiéramos querido vivir.

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Yo también quisiera escribir un nocturno con perros, pero los sueños todavía me son infieles.

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Ahora que es la hora y las campanas tocan a rebato, tú te rebelas y vienes desnudándote por el camino con una flor tatuada sobre el vientre.

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A los diez años, Haendel había compuesto un libro de sonatas. Su padre quiso que fuera abogado y le prohibió tocar un instrumento, pero el niño se procuró a escondidas un clavicordio mudo y pasaba las noches tocando a oscuras en las teclas sin sonido.

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Desde el fondo de los murales de Bonampak, vienes volando con tus brazos cruzados de luchador olmeca, tu piel de puma latino, y toda la hechicería del coyote.

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Ahora oímos tus lamentos de lobo nupcial, pacífico, y por las noches, cuando algunos creen que vas a reencarnar en un cangrejo bayoneta, te apareces como un nautilo que canta y tienes los ojos asombrados del pez luna del océano.

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Desde entonces llevo la barba crecida como los murciélagos elegantes.

Nancy Spero (1983), Untitled. Doyle.

Estos fragmentos pertenecen a la segunda de las tres secciones que componen Los tormentos del hijo, de Hernán Lavín Cerda, titulada “La mirada en el ojo ajeno”.
Los tormentos del hijo es un libro de prosas procaces y profanas publicado por Joaquín Mortiz en México en 1977. Y tal vez aún es posible encontrarlo en las librerías de viejo de la calle de Donceles, en el Centro Histórico.

Imagen principal: Nancy Spero (1994). Detalle de la serie Black and Red III.

Moronga: Centroamérica forzada a la paranoia

por Samuel Cortés Hamdan

Ergo, en fin, ultimadamente, que lo que trato de decir es que no hay nada que hacerle a este país y sus alrededores, se trata de una absoluta y definitiva mierda
Roque Dalton, Pobrecito poeta que era yo, 1975

Zeledón y Aragón no se conocen pero tienen puntos en común: ambos son salvadoreños, se refugian en Estados Unidos y están obligados a la neurosis. Sus pasados están deformados por la violencia de un país intervenido por esos mismos Estados Unidos, y en el presente se viven en una misma dinámica emocional: la de la aprehensión.

La aprehensión de Zeledón es disciplinada, militar. Exguerrillero que participó en la guerra civil de El Salvador, este aparentemente discreto conductor de autobús sabe del espionaje permanente, semiabsoluto, de la sociedad contemporánea y de la importancia de la discreción, del control de todos sus enlaces y descobijos.

La aprehensión de Aragón es caótica, obsesiva, reiterada, masturbatoria, internauta, entregada a la pornografía, escurridiza, interrumpida, divagante: una saturación emocional que lo tiene siempre en el borde de la descomposición, atado fijamente al miedo. Académico, consigue financiamiento académico para revisar el archivo de Washington (la memoria del imperio, le llama con certeza) en el marco de una investigación sobre Roque Dalton.

Ambos sufren un destino al mismo tiempo ignorada y explícitamente vinculado mientras soportan su insoslayable envejecimiento, su pérdida puntual de vitalidad, su descomposición en la tristeza de la rutina de una ciudad universitaria sin mejor propósito que la repetición.

Originario de Honduras y El Salvador, él mismo radicado en Estados Unidos y nómada que ha vivido en Europa y México, Horacio Castellanos Moya entrega en su último libro, Moronga, publicado en 2018, una actualización posmoderna del Pobrecito poeta que era yo, la única novela que escribió su compatriota Dalton, a quien la CIA trató de reclutar para convertirlo en agente doble y quien fue asesinado por sus propios compañeros revolucionarios bajo acusación de traicionar al movimiento.

Dalton, sombra primordial en Moronga. Imagen tomada de la Fundación y Archivo Roque Dalton.

Además —como Vladimir Nabokov o Federico García Lorca desde sus trincheras de canción viciosa— Castellanos Moya hace de su recorrido extranjero en Moronga una oportunidad para la diatriba contra el país del puritanismo al interior y el colonialismo militar al exterior, ahogado en la obsesión de las leyes por la corrección política y la fingida extrema bondad, mientras precisamente devasta en dimensiones irreparables a sociedades como la salvadoreña mediante la contrainsurgencia desmanteladora y mientras, hoy, viaja a Guatemala a demandarles a los guatemaltecos que renuncien a la migración como alternativa de vida ante la precariedad y la ingobernabilidad que ellos mismos cundieron en Centroamérica.

En el país de los contraespionajes, de las traiciones eficaces (“ahí estaba la prueba de que desde el 20 de septiembre de 1964 el escritor de izquierda había trabajado para la CIA, mientras Dalton permanecía secuestrado y se negaba a colaborar ante Swenson”), de las hipocresías judiciales que en algún momento condenan las violaciones de derechos humanos que primero entrenaron, articularon, fomentaron y protegieron, del abandono económico de sus sectores vulnerables (“un país cuyo principal negocio era la enfermedad”), a pesar de provenir de una sociedad descoyuntada en generaciones de agresividad inducida, los protagonistas de Moronga construyen con su testimonio cotidiano una denuncia aguda, flagrante, enfermiza, de las violencias imperialistas que normalizan la erosión psicoemocional de los habitantes de unos Estados Unidos automatizados, depresivos, capaces del éxtasis sólo en el disparo de armas, el alcoholismo y los deportes, y en otro caso sometidos a la repetición acotada bajo las obsesiones de una moral no sólo plastificada sino absurda en su reclamo contra la sonoridad del cuerpo.

El Cementerio General de San Salvador fue el asentamiento de decenas de familias que huían de la violencia y la pobreza provocadas por la guerra. Larry Towell/Magnum Photos 1991 — Morazán, El Salvador, 1988.

Con un ritmo telegramático y contenido en la parte narrada por Zeledón, y un monólogo interior caótico en el fragmento narrado por Aragón, Moronga es una novela de madurez artística notable que disipa las dudas sobre la condena contra Castellanos Moya de ser únicamente un resentido monoestilístico en busca de revancha, dada la ubicuidad de su novela El asco: Thomas Bernhard en San Salvador, texto que es una queja desbordada contra El Salvador enunciada por un exiliado en Canadá con un profundo desprecio por el país centroamericano y sus íconos, entre quienes se reitera, por supuesto, a Roque Dalton —de alguna manera el poeta oficial salvadoreño: lugar común permanente y al mismo tiempo voz nítida cuyas reivindicaciones líricas y políticas siguen alebrestando con legitimidad y renovación.

La novela es conocimiento del mundo, un retrato y una crítica de sus tensiones de violencia, una celebración resignada de sus simultaneidades, donde pese al hartazgo y la negación de las intimidades significativas es posible el placer, y Moronga experimenta bien los recorridos por estas verdades del dolor inserto hasta el desmantelamiento de la humanidad como potencia de unificación, como chispazo rumbo al contacto significativo y palpitante. Zeledón y Aragón están negados a la sinceridad espiritual que los conecte con otros seres humanos en lazos de amor; imposibilitados para la generosidad abierta y húmeda, en cambio viven en apretada sospecha, en especulación, educados en la evidencia vomitiva de que todo es reversible, lamentable, susceptible de trabajar para el enemigo y articular filtraciones que derramen sangre inocente o conviertan al ser amado en un amasijo de carne devorada por las detonaciones traidoras.

Castellanos Moya construye un relato que denuncia varias opresiones y su ulterior mutilación dramática de alternativas. El exguerrillero está obligado a vivir en precariedad a pesar de desarrollar múltiples empleos, mientras que su contraparte, el nervioso Aragón, sólo se halla víctima de la amenaza omnipotente y la extorsión, ya sea que se ejerza en su contra desde la precariedad o desde la opulencia, sabido de que su vida no es sino un despojo febril en espera de caer en la siguiente activación de fuerzas que lo superan y lo reiteran en su impotencia.

El combate a la violencia histórica de El Salvador ha sido uno de los principales discursos políticos del actual presidente, Nayib Bukele, quien presume que ha disminuido los índices de criminalidad con su Plan Control Territorial, además de exhibir en imágenes de prensa su control de los recintos carcelarios. Fotografía tomada del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública salvadoreño.

El capítulo final de Moronga hace coincidir los llamados cabos sueltos de la narración con cierta espectacularidad narcoviolenta, y yo reprocho un poco la satisfacción de esa salida porque, creo, cede al placer de la redondez escandalosa, hinchada de balacera, claro —a lo Breaking Bad, mencionada en el libro—, y a la literatura neoliberal como entretenimiento inmediato en razón de una mejor venta de ejemplares, cuando en otros momentos el discurso novelesco de Castellanos Moya es completamente astuto en su comprensión de contradicciones, en su retrato de ambigüedades, en su descripción de las zonas de la sugerencia donde lo que duele escupe borbotones y a pesar de eso es medianamente invisible, en vez de quedar rigurosamente expuesto hasta la obviedad de cuadros dramáticos afinados en eficacia y coincidencia.

No obstante este aspecto estratégico que acuso incómodo, el arte de Castellanos Moya da cuenta de que, pese a los mandatos del espectáculo y los negocios editoriales, la literatura latinoamericana no ha olvidado su compromiso con una dialéctica que permita aproximaciones al difícil, incómodo y catártico grumo desconcertante de la realidad, ni dejado atrás su complicidad con un dialogismo que abunde en el recorrido de las fracturas mientras ensaya el doloroso discernimiento que sorprende porque reitera la permanencia de la vileza.

Así, Moronga ratifica la lucidez con que la novela latinoamericana denuncia opresiones sistémicas y trabaja con la complejidad del curso de la historia al atender algunas de las manifestaciones de su detalle: mediante la observación de las lesiones íntimas de sus individuos.

Mural de la Masacre del río Sumpul elaborado por los familiares de las víctimas.

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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988)
 
Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.
Twitter: @cilantrus

Imagen principal: fotografía del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública de El Salvador, difundida en redes sociales como parte de la promoción del Plan Control Territorial del presidente Bukele.

Mediocridad

por Jaime Woolrich

***

Sírvase/fúmese
una ligereza
en medio de una tristeza cualquiera

***

Y para qué “mariposa”

Antes
oruga que jesucristo clavado
en el muestrario de un entomólogo

Antes
rastrera infinita
que insecto del parabrisas

antes
venenosa
que muerta de hambre
en busca de la miel ansiada
y elocuente de las flores

antes
de hinojos
que escupida hacia la nada
por una traicionera ráfaga de un aire

antes
mil veces antes
oruga que mariposa
que dé miedo de envenenarte
que dé un poco de ternura.

***

Vocación

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
César Vallejo

Quemé las naves, anduve la orilla del camino, botando cristos con la convicción de quien cree en la derrota como un barco que al hundirse tira las provisiones al mar y se salva: “Ya estamos perdidos, deshágamonos de la belleza”.

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Y sin embargo, alguna vez, exprimiendo al destino, reconocí mis manos y palpé mis piernas y me dije: “yo he de andar y construir o viceversa”.

++

Y escupí la gota que derramó el vaso de entenderme.

++

Y tiré los cristos del alma antes de que, por su propio peso, se cayeran.

***

Francis Bacon, Crucifixión, 1933.

Gorrión de felpa

Ven, con tu anticanto,
pequeño gorrión de felpa
come de mi mano
bebe del cuenco
alimenta tu rabia de vuelo de ornato
ya diste lo que podías
yo no te juzgaré:
pondré mi amor en tu odio
mientras en tu “vuelo”
te matas con ternura
intentando demostrar
que no te caes
cuando extiendes la alas.

[…]

Platicaré contigo de rodillas,
a esa
tu altura única
y miraré
sonriente
la pequeña sombra
que dejas en los días soleados.

***

La dulzura de los rincones

A ojos vistas, debe parecer una gran mentira el alma
y por eso suele establecerse en los rincones

también pienso que cada ínfula
de mi hermoso cuerpo sarniento
es una almita llena de pus
Y la exprimo y desaparece

y pienso que el alma está a mi merced

***

Francis Bacon, Figura escribiendo reflejada en un espejo, 1977.

Disquisición sobre mis manos

Mis manos no sostienen el aire que las rodea, el mismo aire las evita para no irse con un aire a muerto.

++

Mis manos mueren lo que tocan y también las líneas rectas que lo llevan del punto A al punto B, cosa tan sencilla. Corre peligro la geometría en mis manos.

++

De emerger del mar, mis manos saludarían con gracia y sin ánimo y volverían a hundirse como una caricatura de miss universo.

***

Me toco
solamente lo necesario
Y no me doy asco del todo
(al parecer existo y soy tangible).
Pero mi más sentido triunfo es cuando orinando
con el vapor al aire meo

***

Hoy tiré una meada de un color amarillo solar: hermoso.

Los desechos del baño se sonrieron como si fuera su primera vez
No hubo mosquito que no brindara con un poco de mi sangre revoloteando en el chorro.

Cantó
con el agua del escusado
el swing de los girasoles:
mi meada.

***

Francis Bacon, Tríptico, 1973.

Qué sed mi sed
que me empelusa y me escombra
y me deja
agua
que no llega nunca
y polvoso de infierno:
el regreso de todas las culpas
los dedos inquisidores en que me miro
y no me peino,
no me peino y me adolezco más que nazco
Vomito en los vientres de las yemas de mis dedos
que no paren pumas
ni dan a luz a lo oscuro
sino sólo la neblina donde cuando mucho me quito las lagañas
y me caigo cada vez que intento
y me sostengo de mi ser caído para no seguir cayendo

Sed que de atisbos valga la sed aunque nunca llene
un pequeño pocillo de risas ni logre
abrir definitivamente los ojos siempre y nunca entreabiertos
a los milagros que un día la biblia me malacostumbró.

***

Expectativas

Veo cómo tus ojos se fueron vaciando de expectativas
las cuales fuiste construyendo
una a una sin importar que se cayeran las más altas
pues contabas con otras y otras y otras como conejos de magia

En tu ojo alquimista que inventaba del escombro oro de nube
también se fundieron las nubes y se licuaron con la nada
y así se fueron cayendo
más y más las expectativas
y doliendo cada una
y hubo una cúspide de dolor,
un dolor último
dolor de tantos dolores
Y veo cómo tus ojos se fueron vaciando de expectativas
hasta que dejé de verme en tus ojos
y dejé de verme en tus dolores

***

Francis Bacon, Tres estudios de figuras en la cama, 1972.

Haikus donde se pretende que no pase nada:

Mi lengua es
una paloma de bolsillo
en un árbol sin hojas.

Mi hambre
es el hoyo
por donde se escapa el río.

Ninguna palabra
despilfarra
el claroscuro.

Silbar quedito
en lo que
calla el mundo.

***

Al que vende
los raspados con un megáfono y
un casette:

Junté
mi par
de manos
para
un rezo:

besé
cada
par
de
dedos
juntos

y cada
uña sucia
como un jilguero

de
tendedero en
ten
de
de
ro

en la ropa sucia
no olvidé
secar
mi lengua
al sol

sin (rosa)
que niegue
lo visto:

algo me hizo
flauta de carrizo

y

también ying me hizo
y
también yang me hizo

otra
vez

***

Francis Bacon, Tres estudios para una crucifixión, 1962.

La realidad es un conjunto de acuerdos
que pueden ser ciertos o que
pueden estar debajo de
la alfombra:

crepita y crepita
el miedo
como un bombón

antes de morir

que oye

en la ronda
de los que
acampan
un cuento
de terror.

***

Oración:

Todo lo que tengo de mediocre me lo debo a mí mismo.

Francis Bacon, Segunda versión del tríptico de 1944, 1989.

Estos poemas forman parte del poemario inédito Mediocridad.

***
Jaime Woolrich. Tehuano radicado en la Ciudad de México, estudió letras hispánicas en la UNAM. Fue parte del consejo editorial de la Revista Síncope. Ha participado en la edición de libros recopilatorios y de poesía con la Asociación de Escritores de México, además de publicar poesía y crónicas en distintos medios. Aparece en la antología Guelaguetza Poética 2019, anuario de poesía, de la Editorial Girku. Tiene varios blogs pero no se acuerda de la contraseña de ninguno.
Twitter: @jaimewoolrich

Imagen de portada: Francis Bacon, Tres estudios para el retrato de Lucian Freud, 1962.