Accidente y tenacidad de la edición comunista en México

por Samuel Cortés Hamdan

La lucha por la abolición de la propiedad privada y de la división de clases de acuerdo con la perspectiva comunista se compone de praxis, debate, discusión, militancia y vida impresa.

La divulgación de las ideas que derivan del proyecto político de la izquierda planteado desde la crítica al capitalismo por Marx y Engels ha sido desde el origen parte consustancial de la búsqueda de la emancipación de la clase obrera. Así, practicar el comunismo, discutirlo, debatirlo, ha resultado tan importante como editarlo.

En un panorama que de un inicio se pretende internacional (“Proletarios del mundo, uníos”), la discusión ideológica, la directriz partidista, el debate político requieren sus soportes impresos allende las fronteras y se alimentan del esfuerzo local en un proyecto multinacional por imprimir a los clásicos históricos de la izquierda política —Lenin, Gramsci— junto a los militantes cercanos que también componen la historia del comunismo en México —Valentín Campa, Vicente Lombardo Toledano, Juan de la Cabada, José Revueltas, por mencionar algunos ejemplos—, América Latina y los países comunistas del globo.

Sebastián Rivera Mir, académico chileno radicado en México, es autor del estudio Edición y comunismo: Cultura impresa, educación militante y prácitas políticas (México, 1930-1940), que explora desde la inteligencia académica la historia de la reproducción de las ideas de izquierda en el México del sexenio de Lázaro Cárdenas, donde el panorama internacional se trenza entre la Guerra Civil Española, el ascenso del nazismo en Alemania y la consolidación de la Unión Soviética.

Jóvenes en la sala de lectura de la Biblioteca de Estado Lenin, hoy Biblioteca del Estado Ruso, ubicada en Moscú durante 1962. Imagen tomada de la cuenta de Twitter Soviet visuals.

“La articulación de un proyecto político que apuntaba a todos los proletarios del mundo involucraba una serie de desafíos ideológicos y culturales que fueron enfrentados desde la Internacional Comunista (Comintern) a través de la difusión masiva de impresos y el impulso de editoriales en cada lugar donde existía una célula de militantes”, explica el académico en la introducción del libro, que publica Editorial a Contracorriente en Raleigh, Carolina del Norte.

Edición y comunismo no sólo da cuenta de los años relativamente favorables al pensamiento comunista en el cardenismo, sino también de las represiones en su contra que articuló el Maximato, donde sin embargo la respuesta fue la tenacidad en la divulgación del pensamiento marxista leninista.

“Este periodo [el Maximato] estuvo marcado por la represión, pero también […] por la creatividad, la épica militante y el surgimiento de las primeras trazas de un mundo editorial que eclosionaría durante el cardenismo”, abunda Rivera Mir.

“No resulta extraño que durante los regímenes represivos, los opositores afinen sus estrategias y potencien sus capacidades para difundir. Perseguida la cúpula dirigencial del comunismo, los militantes de base asumieron las labores de mantener a través de la edición de folletos, pasquines, manifiestos, la unidad de las fuerzas partidistas”.

Altura desprendida conversó con Rivera Mir, profesor investigador de El Colegio Mexiquense y doctor en historia por el Colegio de México, al respecto de los objetivos y exploraciones de su libro.

Trabajadores detrás de las ediciones de El Machete y Mundo obrero. Fotografía incluida en el libro de Rivera Mir.

En tu libro Edición y comunismo recorres los esfuerzos que la izquierda mexicana hizo en la década de 1930 para publicar ideas de marxismo, la discusión soviética, la organización del Partido Comunista local, etcétera. Se imprime para discutir y se discuten los esfuerzos para imprimir. ¿Por qué es importante entender este proceso?

Hay varias perspectivas desde las cuales puedes responder esta pregunta. En primer lugar, a nivel ideológico se construyó desde los inicios de los socialismos en el siglo XIX la necesidad de compaginar la práctica con la teoría. Sin ambas caras de la militancia, cualquier esfuerzo por llevar a cabo los procesos revolucionarios estaría destinado a fracasar. Lo interesante es que la apuesta por construir dicha teoría no apuntaba a crear un nicho de intelectuales que se preocupara de manera exclusiva por esta labor; al contrario, se consideraba una actividad que debía ser obligación de todos los militantes. Por ello se planteó esta idea de diálogo constante entre teoría y práctica.

En segundo lugar, encontramos los procesos políticos coyunturales. La composición del Partido Comunista Mexicano (PCM), por ejemplo, en la década de 1930 creció exponencialmente y estos nuevos militantes requerían una formación adecuada. Esto significaba nuevamente generar materiales, como a la vez dedicar tiempo en las células a su lectura e internalización. A ello debemos sumar el importante peso que tuvieron los maestros al interior del comunismo mexicano, lo que hacía más cercana este tipo de práctica a las actividades cotidianas relacionadas con el estudio y los libros.

Finalmente, y esto no era algo menor, la circulación de impresos también debe observarse en términos económicos. La venta de estos materiales permitió a numerosos militantes generar un ingreso para dedicarse a las labores específicas del partido. Así, encontramos muchos ejemplos de personas que subsistían gracias a esta actividad; y, si consideramos que no se trataba sólo de vender, sino de convencer al comprador, esto nuevamente involucraba una relación entre discusión y producción. Antes de ofrecer un folleto, algunos relatos señalan lo importante que era el diálogo sobre el contenido de éste, después recién vendría la compra.

De ese modo, distintos procesos asociados a lo político desde los más básicos, como la conversación entre dos militantes, hasta la construcción de los grandes paradigmas del partido, pasaban precisamente por un vínculo especial con las labores editoriales.

Alianzas, detracciones, accidentes, ambigüedades, cambios de paradigma acompañan la historia de la edición del comunismo tradicional (Marx, Engels, Lenin) y el local. ¿Estos conflictos son un mal inevitable o una riqueza cultural?

En las labores editoriales del comunismo mexicano en la década de 1930, uno podría encontrar un verdadero florecimiento de iniciativas, empresas, prácticas, definiciones y, por supuesto, conflictos y disputas. La riqueza cultural implica ciertos niveles de conflictividad; de lo contrario, estaríamos frente a procesos de homogenización, sin autonomía ni disidencias. El rasgo fundamental que caracterizó el periodo, desde el plano de la historia de la edición, fue la capacidad de los actores por llevar a cabo procesos que no se ajustaban necesariamente a un canon establecido desde arriba: en eso radica la riqueza de los múltiples esfuerzos que germinan por doquier. Era inevitable que, en un partido centralizado, a mediano plazo surgieran discrepancias. Pero tampoco hay que temerle a ello, los conflictos son parte de los procesos sociales y políticos, si no los hay es porque algo extraño está pasando.

Mijaíl Gorbachov, uno de los últimos líderes de la Unión Soviética antes de su disolución en Meeting Gorbachev (2018), documental de Werner Herzog que analiza el proceso de caída de la llamada cortina de hierro.

La persecución del comunismo perpetrada en México en los años anteriores al sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940) revitalizó los esfuerzos editoriales por divulgar sus ideas. La censura generó vinculaciones internacionales y nacionales, cooperación, tenacidad. ¿Es la edición un espacio en resistencia?

La edición es un espacio político y como tal puede servir para que los actores implicados desarrollen procesos de resistencia. Esto se produce especialmente en momentos de persecución como los que atravesó la izquierda a lo largo de todo el siglo XX. Pero ésta no es la única definición que podríamos asociar a las prácticas editoriales, ya que además de “resistencia” son también espacios de negociación y de fortalecimiento de las políticas públicas. Estas tres variables van a articularse de manera diferenciada, dependiendo de la coyuntura política. Incluso actores de este ámbito, que uno podría asociar a la actividad del Estado, podrían ser considerados al mismo tiempo espacios de resistencia, como las publicaciones de marxismo del Fondo de Cultura Económica. Pero también encontramos una amplia gama de editoriales independientes que apostaron durante su existencia por reforzar el discurso del Estado a nivel cultural, y no tenían ningún problema en concursar por fondos públicos. Lo importante en este aspecto es no esencializar el espacio editorial sólo como un lugar de resistencia, hay que ver sus complejidades y matices.

El Machete se aprovechaba para divulgar los títulos disponibles en Ediciones Frente Cultural, dentro de una dinámica compleja de promoción.

Tras recorrer el proceso de las ideas comunistas y su elaboración en folletos, volantes y libros en la década de 1930, adviertes que en los años siguiente estas intenciones enfrentaron una desaceleración de su ímpetu y chocaron con nuevas dificultades. ¿Nos puedes platicar un poco de este proceso?

En primer lugar, debemos considerar que uno de los grandes paraguas de la edición de la izquierda mexicana en la década de 1930 fue la educación socialista. Numerosos libros y folletos fueron parte oficial u oficiosa de este impulso estatal. Por ello, cuando el Estado dejó de lado esta política educativa esto golpeó casi inmediatamente a estas editoriales. Su producción bajó y lo peor es que el giro derechista del gobierno también implicó poner ciertos límites al marxismo en los libros de texto. Las dinámicas anticomunistas también hay que considerarlas en este escenario cada vez más hostil.

En segundo lugar, y casi tan importante como los procesos estatales, encontramos las dinámicas propias de las editoriales. Su capacidad productiva llegó a un límite, y muy pocas pudieron enfrentar las propuestas de modernización que ellas mismas habían impulsado. Por ejemplo, algunas declararon haber lanzado más de un millón de ejemplares, y esto era posible; producir tal cantidad según sus propias características no está tan lejos de lo factible. Sin embargo, ¿qué se hacía con un millón de ejemplares después de imprimirlos? En ese punto no encontramos las condiciones técnicas que les permitieran desplegar el proceso editorial más allá de la producción, hacia la distribución. No vemos redes de librerías, no encontramos sistemas eficientes de almacenamiento y circulación. De ese modo, las propias capacidades de estas empresas editoriales se convirtieron en un problema que en ese momento fue insalvable para ellas.

Finalmente, un tercer elemento que frenó este proceso fue la propia historia del PCM. La década de 1940 estuvo marcada por las sucesivas purgas que implicaron la expulsión de una buena cantidad de militantes. Eso le restó fuerza al partido y evidentemente golpeó en sus capacidades editoriales.

Uno de los aspectos analizados por Edición y comunismo es la respuesta editorial con que la derecha mexicana buscó contrarrestar las ideas comunistas. Para ello, echó mano de descalificaciones en ocasiones basadas en mentiras y exageraciones.

En la era del internet, la profesionalización del oficio editorial en la izquierda, la distribución de ideas políticas combativas, ¿han encontrado una nueva fluidez o, por el contrario —a pesar de la tecnología— sufren un atolladero, un aislamiento, una censura de facto?

Como planteo en la introducción de mi libro, me parece que la actual situación tiene algo de estos dos elementos. Por un lado, vemos un sinnúmero de nuevas herramientas, redes sociales, softwares que permiten facilitar y flexibilizar los procesos editoriales. Pero por otro observamos tendencias a la concentración cada vez más fuertes o, desde otra perspectiva, una importante cantidad de sobreinformación que termina generando desinformación.

No creo que esto sea muy novedoso. La modernidad está marcada por estas situaciones contradictorias. Sin embargo, cada generación ha debido construir sus propias alternativas frente a esta problemática y hoy nos encontramos, a mi juicio, precisamente en ese momento de surgimiento de una gran diversidad de propuestas que permitan transformar las nuevas herramientas en elementos útiles para los proyectos políticos de izquierda. El resultado aún no está claro y dependerá de qué tan hábiles somos para, sin perder de vista lo político, retomar dichas herramientas disponibles. Y esto, me parece, pasa por muchos y muchos diálogos entre los actores implicados.

En uno de tus capítulos describes las reacciones de la derecha al esfuerzo editorial del comunismo en México: los detractores de la izquierda respondieron a su presencia bibliográfica con estrategias de desinformación, descalificación, satanización e incluso con suplantaciones de identidad. ¿Crees que estas dinámicas de pugna política sucia siguen vivas hoy? 

Recuerdo que Luis Hernández Navarro, periodista de La Jornada, tiene en su perfil de Twitter la portada de un libro que supuestamente escribió un tal “Luis Hernández N.” (Claroscuros. La biografía no autorizada de López Obrador), pero que en realidad es un texto apócrifo. Este uso del impreso falseando la identidad del autor sucedió en pleno siglo XXI. Por supuesto, cada vez que hemos tenido momentos álgidos en la discusión pública este tipo de prácticas emergen de manera implacable. El cardenismo fue una de estas etapas, el periodo actual es otra de ellas, pero quizás la más relevante en términos de estos procesos fueron los años 60 y 70. El régimen priista dejó un amplio abanico de estas prácticas. Libros como ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga o Jueves de Corpus Sangriento. Sensacionales revelaciones de un halcón fueron parte de esta campaña de desinformación. Algunos de estos textos salieron directamente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). La historia de los usos de estas estrategias podría ser un campo fértil para comprender los límites de la democracia en México, o al menos las condiciones bajo las cuales se constituyó la opinión pública. De todas maneras, pese a algunas investigaciones notables, éste es un tema que aún anda en busca de su historiador.

Autores como Laura Castellanos y Carlos Montemayor, desde el periodismo y la literatura, han estudiado las maneras en que la DFS y otras fuerzas de seguridad operaron en México para desmantelar iniciativas guerrilleras y de transformación radical de la realidad social.

¿Qué iniciativas editoriales contemporáneas responden hoy a la tradición de llevar a los estantes mexicanos ideas impresas de emancipación política y perspectiva de clase?

Actualmente tenemos numerosas iniciativas que se proponen consolidar proyectos políticos antihegemónicos. Algunas han asumido perspectivas feministas y de clase, como Bajo Tierra Ediciones. Otras han tendido a confluir con las políticas impulsadas por el gobierno de López Obrador, como la Brigada Para leer en libertad. Y también encontramos aquellas que luchan contra la homogenización cultural de los grandes conglomerados editoriales (que hoy controlan cerca del 80 por ciento de la producción), como Malpaís Ediciones.

Éstos son tres ejemplos de un ámbito que está en ebullición. Ahora no sólo hay editoriales independientes, sino también librerías independientes, ferias del libro independientes, autores independientes (que se autoeditan), hasta una crítica independiente (asociada a los booktubers); por lo que atravesamos una etapa nuevamente de contrastes: a mayor concentración por parte de las transnacionales del libro, surgen más iniciativas que abogan por la bibliodiversidad. Por supuesto, a las perspectivas de clase se le han sumado otras problemáticas, que van desde los temas antipatriarcales hasta dinámicas que tienen que ver con el cambio climático, por lo que se usan materiales con una baja huella de carbono. Pero lo relevante es que todas cuestionan las formas políticas de entender lo editorial.

Poelectrón acerca de Salvador Allende del poeta mexicano experimental Jesús Arellano, cuyo trabajo artístico es uno de los rescatados por el Archivo Negro de la Poesía Mexicana de Malpaís Ediciones.

Describes que uno de los problemas de este acervo comunista producido en la década de 1930 fue la distribución. A veces imprimir más no significó generar más lectores y muchos de los materiales que analizas se hallan intonsos en librerías de viejo. Este fenómeno, ¿cómo se contraviene?

Hace un rato te mencionaba que éste había sido uno de los grandes problemas para la proyección de estas iniciativas en el tiempo. Sin embargo, no sólo fue un desafío para ellas, sino que es el gran reto que enfrenta el mundo editorial desde prácticamente su fundación. Algunos editores, como Arnaldo Orfila en el Fondo de Cultura Económica o en Siglo XXI, pudieron resolverlo gracias a su capacidad, el buen olfato para evaluar qué libro tendría buena acogida y cuál era mejor no imprimir. En la actualidad, los grandes conglomerados lo solucionan con algoritmos, promoción y, sobre todo, con un lazo estrecho con el Estado. Para las editoriales de izquierda no hay muchas alternativas, aunque tienen dos grandes ventajas que cada vez han comenzado a explotar con mayor profundidad.

En primer lugar, la cercanía con sus compradores. Muchas de ellas apelan a lo local, son parte de un entramado comunitario de lectores, esto les posibilita sopesar en detalle qué se publica y sobre todo por qué se publica. Y en segundo lugar, se han aprovechado las redes políticas construidas desde abajo. Lo interesante es que en este caso, muchas veces no se limitan sólo a México, sino que las encontramos extendidas por todo el continente. Esto ha permitido compartir derechos de autor, perder el miedo al copyleft e incluso construir proyectos políticos comunes.

Por supuesto, hasta qué punto estas fortalezas son suficientes para enfrentar un mundo cada vez más competitivo sólo el tiempo lo dirá.

¿Cómo pueden los lectores adquirir y conocer tu libro, acercarse a esta historia? ¿Cómo puede esta iniciativa de conocimiento romper el conflicto de distribución que describe?

Mi libro fue editado en Estados Unidos, por una editorial llamada A Contracorriente, que se enfoca en textos que rompan con las tendencias tradicionales en la forma de construir el conocimiento. En ese sentido, recupera algunas de las prácticas que se describen precisamente en el libro, especialmente en la idea de comprenderlo como un proceso transnacional. Está disponible en la página de The University of North Carolina Press, que auspicia el trabajo de la editorial, y también en numerosos otros espacios de venta online. El uso de estas herramientas virtuales sin duda es clave para la distribución hoy en día, aunque lamentablemente en México aún los esfuerzos por parte de las instituciones universitarias no han logrado insertarlas de lleno en este ámbito.

Portada de la investigación.

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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988). Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.

Twitter: @cilantrus

Imagen de portada: Periódico chileno convirtiendo en la década de 1930 a Lázaro Cárdenas, entonces presidente de México, en el nuevo depositario del desprecio de la derecha latinoamericana. Imagen recuperada por Sebastián Rivera Mir en su cuenta de Twitter.

“La clave es la observación”: monero Los Indispensables

por Samuel Cortés Hamdan

Tiene un trazo maduro, una inclinación por el color recargado y un gusto visiblemente mexicano, aunque su dibujo se nutre de la escuela animada gringa. Ha creado personajes constantes y rituales de publicación que sus lectores agradecen y fomentan, además de un estilo reconocible que mezcla el hallazgo cultural (Vlad el Empalador convive con León Larregui) con la nostalgia permanente de los niños de los 90 y el chiste eminentemente local.

Es Arturo Trejo, la mente detrás de Los Indispensables, un proyecto de humor gráfico que, junto a contemporáneos como El Manchón o ChangosPerros, da cuenta de la salud del cartón mexicano, al mismo tiempo alburero, político, denunciante, social, pambolero, burlón, simultáneo, elotero y frívolo, al menos.

Altura desprendida conversó con este autor y memero joven para adentrarnos en la inteligencia, orígenes y apetitos de su oficio de risa y raspón, como suele ser el arte en México.

Un cantante de Zoé revisitado.

¿Cómo elegiste el dibujo, el cómic, el humor, como tu lenguaje artístico? 

Desde niño fui muy inquieto con eso de la dibujada, siempre traía algo para dibujar, en la escuela siempre me identificaron como “el que dibuja”. Fue un par de años después de que inicié Los Indispensables cuando encontré el estilo que tiene actualmente el proyecto, influenciado por trazos como J.G. Quintel (Regular Show), Pen Ward (Adventure Time) y Dan Harmon (Rick and Morty), y el único e inigualable maestro de maestros Trino Camacho. Entre más sencillo el trazo y diseño de personajes era más fácil digerir todo por parte de la audiencia. Contar una pequeña historia en cuatro cuadros, buscar la manera de resumir el mensaje con poco diálogo y tener un buen punchline eran parte de mi misión. No es un proyecto concreto, mientras pasa el tiempo sigue evolucionando.

En cuanto al humor y el lenguaje artístico, siempre fui muy simple y gracias a Dios siempre estuve rodeado de gente con mucha chispa y con un sentido del humor que alimentaba mi creatividad. Aprender a observar todo lo que te rodea es una gran fuente de inspiración, material ilimitado, un mundo de posibilidades.

¿Cómo ha sido tu tránsito por las redes sociales, donde hoy gozas de un público nutrido y más de un cuarto de millón de seguidores en Facebook?

Ha sido un lugar de aprendizaje. Con el tiempo aprendes a leer a tu público y a tu audiencia; al principio me costó trabajo captar su atención, comencé con la idea de ofrecer contenido de humor, pero en ese momento no tenía pies ni cabeza y era muy inconstante en mis publicaciones.

También estaba el grandioso dilema de si realmente valía la pena o si no era bueno en lo que hacía. Lamentablemente queremos medir nuestro éxito en likes, reacciones y comentarios, éstos son como una droga, llegas a cierto número y después quieres más y más y más; si alguna publicación no llega a lo esperado comienzas a dudar de tu capacidad como creador de contenido. Yo duré mucho tiempo dentro de ese círculo vicioso, quería el reconocimiento a toda costa. Un día me cansé de eso, desperté una mañana y dije: “Voy a ser constante y lo que haga lo voy a hacer por mí y por el hecho de que amo lo que hago, me divierte y apasiona, si ese algo le llega a gustar a sólo una persona, ya es una estupenda ganancia, ya alegraste su día con tu trabajo”.

Después de ese día el proyecto comenzó a captar la mirada de más seguidores… y pues aquí estoy.

Inclemente.

Eres alburero, urbano, mexicano (elotitos, pantuflas escurridas, padalustro, las monografías de los 90 habitan tus cartones), respondes a la coyuntura como el colapso en la Línea 12 o el campeonato del Cruz Azul. ¿Cómo piensas tu relación con la identidad cultural mexicana? ¿Quieres gustarle a tu público local o sólo sucede que te sientes cómodo con ese lenguaje popular anónimo?

México es un país rico en cultura, pero es más rico en personajes. Ya lo decía Cartoon Network en una campaña a inicios del 2000: “Cartoon Network, el lugar de los mejores personajes… claro, después de México”.

La clave de todo esto es la observación, las vivencias que va teniendo uno, desde los momentos sublimes hasta los más mundanos, desde plasmar a Doña Pelos haciendo quesadillas como al conserje del lugar donde vives, la diversidad de personajes que encuentras en el transporte colectivo, tus compañeros de trabajo, amigos, hasta tu misma familia: hay de todo y para todos, México está a menos de una “sana distancia”, tú decides si tomas esa oportunidad o no.

Me siento muy cómodo y contento de cómo sigue caminando este proyecto, increíblemente tengo público internacional, principalmente en Latinoamérica. Colombia sigue después de México, me tocó conocer ese país en 2019 y hay mucha similitud con la cultura mexicana. También tengo público norteamericano y europeo; es más, los cartones han llegado hasta Japón pon.

El internet y las redes son una herramienta grandiosa para que tu trabajo sea conocido en todos lados. Me gustaría próximamente incursionar con el público de habla inglesa, pero para eso tendría que proponer algo diferente a sólo el humor, tal vez comenzar con alguna novela gráfica o cómic, es una espinita que aún no logro sacarme, tendré que trabajar en ello.

¿Albur internacional?

Conviertes algunos cuadros de tus cartones en plantillas para que la gente forme sus propios memes. ¿Por qué? ¿Estimas al lector como un autor? ¿Cedes a una tendencia que de todos modos sucede, el copypaste creativo de internet?

Los Indispensables es una comunidad, sin espectador no hay arte. Afortunadamente tengo una fandom de hueso colorado y muy fiel al proyecto, son muy participativos, incluso propositivos, principalmente con ideas para los “Viernes de”.

Creo que una forma de crear sentido de pertenencia es hacerlos participativos en mis publicaciones, es un ganar-ganar. En definitiva, es una dinámica que he visto rondando en las redes y creo que es algo increíble, funciona muy bien con tu público. La mayor parte se trata de ceder a tendencias, ¿de qué otra forma podrías estar en boca de todos?, sólo que tienes que ser más inteligente al momento de entrarle al rodeo.

Has creado algunos rituales de publicación, como los lunes de ballenita o los viernes albureros. ¿Cómo se dio este proceso?

Ambas publicaciones, como diría Bob Ross y que Diosito nos lo tenga en su santa gloria, fueron accidentes felices: tanto “Lunes la Ballenita” como los “Viernes de” salieron de una necesidad de expresar tanto mi fastidio por el inicio de semana como mi alegría por disfrutar el inicio del fin de semana. Todos o la gran mayoría odiamos los lunes y todos amamos el sexo, eso es una realidad.

Además, a la gente le gusta enamorarse de los personajes, aunque sean de libros, películas, series, caricaturas, etcétera, volvemos al sentido de pertenencia, nos gusta sentirnos relacionados a un sentimiento o ficción, de ahí nace una sociedad. Ya tenía varios personajes recurrentes en mis tiras, la mayoría han generado reacciones muy positivas, pero Lunes vaya que es cosa seria, una ballenita muy ácida y a veces culera, ¿qué podían esperar de alguien llamada Lunes?

En cuanto a los viernes, sólo diré que se trata de mi México mágico, ñero y dicharachero en todo su esplendor.

Recetas infalibles.

¿Por qué se llaman Los Indispensables tus cartones si dibujas solo? ¿Quiénes son los indispensables?

El proyecto nació con un cómic de un grupo de amigos que estaban en preparatoria y vivirían cosas muy locas, pero todo se resolvería gracias a “el poder de la amistad”, jaja. Los amigos son algo que valoro mucho en mi vida, los buenos amigos siempre van a estar ahí, en las buenas y en las malas, y como siempre van a estar ahí al final del día son indispensables.

Con el paso del tiempo ese proyecto entró a un letargo y comenzó a mutar, convirtiéndose en lo que conocemos hoy en día. Se crearon nuevos personajes: el soñador Walter Kitty, el histriónico Vlad el Empalador a.k.a “Don Dráculas” y su fiel amigo MiYorch el elotero, Santi la cucaracha depresiva, el azteca Mixtli, Lunes la Ballenita, entre otros. El público los acogió con mucho cariño, se volvieron indispensables tanto para la audiencia como en mi vida. Todos somos Los Indispensables.

Platícanos sobre tus principales admiraciones artísticas. ¿Quién te ayudó a conformar tu ojo en el cine, la pintura, el cómic? ¿A quiénes debemos leer para seguirle el paso a tus gustos?

En este camino me ha ayudado mucha gente, principalmente mis padres, gracias a ellos aprendí el amor al cine, veo todo tipo de películas, buenas, malas y palomeras. No me mamoneo con que “Sólo veo cine de arte, we”, para mí una buena película es la que te entretiene. Como buen niño de los 90 fui criado por la televisión, las caricaturas, el señor Nintendo, los libros y toda la cultura pop que llegó a mis manos.

El amor por la pintura surgió gracias a mi maestra Magdalia, del Centro de Artes Visuales en Aguascalientes, y a mi maestra de historia del arte Paty Glinz, ambas unas fregonas en su área. Y en cuanto al cómic, cuando estaba chavito mis papás me compraban Aventuras de Capulinita, era un librito cómic de Capulina, además de Condorito, Gasparín, Archie, etcétera.

Y por supuesto el único e inigualable Libro Vaquero, que lo encontraba en casa de mis abuelos. Cuando lo vi dije: “Ah, jijo, qué manera de dibujar a estas señoritas tan correctas”. Ya más de adolescente comencé a comprar uno que otro cómic (lo que me alcanzara), ya que no había mucho, o leía los que mis amigos me prestaban.

Ahorita de adulto es una bendición trabajar porque gran parte de mis ingresos se van en cómics, novelas gráficas, mangas y libros, los cuales me ayudan a tener una visión más global de las historias y cómo plasmarlas, sin duda son una gran fuente de inspiración para mí y mis próximos proyectos.

¿Qué tienen que leer? Ufffffff, hay muchas cosas que puedo recomendarles, si me lo permiten puedo dejarles algunas recomendaciones al final de la entrevista, pero más que leer mis gustos sugiero que lean, vean y escuchen de todo: vivimos en una sociedad que tiene que estar en aprendizaje continuo, y con aprendizaje me refiero a aprender de todos, todos tenemos algo que decir en definitiva, hay propuestas muy interesantes allá afuera, sólo hace falta escuchar.

Si les puedo recomendar ampliamente un libro y que para mi gusto ha sido de las mejores cosas que he leído, lo haría con Azteca de Gary Jennings, es una cosa increíble. Como consejo en general: lean lo que se les dé su chingada gana, pero lean.

El corazón puede ser cruel.

¿Tus cartones te alcanzan para vivir? ¿Eres un monero sustentable? ¿Te consideras un dibujante profesional? ¿Qué significa tratar de dibujar profesionalmente en México?

Apenas este año comencé con colaboraciones pagadas. He tenido la fortuna de cerrar algunos contratos mensuales, me ha ido bien, junto con mi sueldo godín ya puedo decir que estoy arriba de la media.

Aún no puedo presumir que soy un monero sustentable, ya que esto de los contratos tiene que hacerse más constante, ahorita estoy en la etapa en la que algunas marcas me están conociendo, espero cerrar el año con más oportunidades.

Sí me considero un dibujante profesional. Al momento de brindar un servicio sabes que tienes que entregar algo de excelente calidad, es algo que tiene que gustarte a ti al cien por ciento para que a tu cliente pueda encantarle (en la mayoría de los casos); luego hay clientes muy difíciles, pero es parte del show y sobre todo hay que aprender a no regalar tu trabajo.

Dibujar profesionalmente en México se trata de chingarle, chingarle y seguirle chingando, aquí no es de hoy dibujo y el resto de la semana no, la curva de aprendizaje no se detiene nunca y es necesario saber lidiar con la frustración. Vivimos en un país donde es muy complicado vivir de algo que esté relacionado con el arte; como todo en la vida, se requieren esfuerzo y sacrificios, pero si aprendes a tratar con eso, el camino se vuelve llevadero, incluso divertido. La clave de dedicarte a esto es que ames y te apasione lo que hagas y si no es así creo que es momento de detenerte, sentarte y pensar qué es lo que quieres hacer con tu vida y a dónde quieres llegar, y es muy válido.

Si puedo dar un consejo a todos los artistas emergentes que se quieren dedicar a “hacer monitos” es que no tiren la toalla, Roma no se hizo en un día, no bajen la guardia, sigan practicando, sigan dibujando, diviértanse con su proyecto, pongan atención en todo lo que los rodea, tengan referentes y trabajen en metas. Al final del día todo valdrá la pena.

Las monografías que nos enseñaron a monear.

Les dejo mis top cinco:

Películas:

1. The Last Samurai (Edward Zwick, 2003)
2. Robin Hood: Prince of Thieves (Kevin Reynolds, 1991)
3. Rocky (John G. Avildsen, 1976)
4. Gladiator (Ron Howard, 2000)
5. Inception (Christopher Nolan, 2010)

Películas animadas:

1. Fantasia (vv.aa, 1940)
2. Akira (Katsuhiro Ōtomo, 1988)
3. El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001)
4. Titan A.E. (Don Bluth & Gary Goldman, 2000)
5. Atlantis: The Lost Empire (Gary Trousdale & Kirk Wise, 2001)

Libros:

1. Azteca, Gary Jennings
2. La historiadora, Elizabeth Kostova
3. Ready Player One, Ernest Cline
4. Macario, Bruno Traven
5. Drácula, Bram Stoker

Cómics / Novela Gráfica:

1. Seconds, Bryan Lee O’Malley
2. Judas, Jeff Loveness
3. Blacksad, Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido
4. The boys, Garth Ennis
5. Watersnakes, Tony Sandoval


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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988).
 Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.
Twitter: @cilantrus

Imágenes de portada e interiores: cartones de Los Indispensables, tomados de las redes sociales del artista.

La riqueza europea tiene esplendor africano

Desde la modernidad, el continente africano ha vivido silenciado y confundido: África como país; África como safari; África como la hambruna, la pobreza, la ayuda humanitaria; África como la malaria, el paludismo y la fiebre amarilla. ¿Marruecos y Egipto son África? ¿Hay literatura africana contemporánea y una línea de crítica social y producción epistémica trazable en África? ¿Existen ciudades grandes en África? ¿Quiénes son lxs que habitan África?

Cierre de la educación africana: alumnos expulsados, profesores despedidos, clases medio vacías (fotografía del Drum Photographer Baileys Archives).

Hablar de África, como si la sola palabra pudiera englobar la diversidad de los 54 estados “soberanos” que la componen, casi siempre lleva a las mismas preconcepciones que acusan la enorme ignorancia que todavía cubre a ese gran continente. Un gran continente que, hasta la fecha, sigue siendo explotado y despojado; que lleva años sufriendo neocolonialismo y plutocracia. Hablar de la enorme construcción narrativa de lo africano y del África es recordar constantemente la cartografía colonial que segmentó el territorio y el relato que permite que el norte y el sur globales sigan funcionando y se actualicen.

Durban, Sudáfrica, 1959: la policía sudafricana golpea a mujeres negras con garrotes después de que ellas, inconformes, allanaron y prendieron fuego a una cervecería en protesta contra el apartheid (foto de Hulton Archive / Getty Images).

¿Qué de similar tienen África y América Latina?, ¿cómo es que nuestra historia colonial nos acerca y cómo es que las diferencias nos distinguen abismalmente?

El autor guayanés Walter Rodney (1942-1980), en su libro De cómo Europa subdesarrolló África (traducido por Pablo González Casanova), revisa la influencia que tuvieron Europa y sus múltiples políticas esclavistas, imperialistas, genocidas y racistas en el atraso de lo que se conoce como el África subsahariana.

El apartheid y el baaskap llegaron para quedarse (fotografía de Ian Berry, Baileys Archives).

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Imagen principal: Sharecropper Sam Williams with family members and laborers in cotton field c. 1908. Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 USA.

Un cómic por los derechos laborales

¿Sabemos lo que es un sindicato? ¿Conviene estar en uno? ¿Siempre son sinónimo de servilismo y corrupción? ¿Y qué tal las horas extras, exigimos su pago correspondiente? ¿Qué es una huelga?

¿Vale la pena luchar por los derechos laborales? ¿No todo es el outsourcing, el brincar sin garantías de subempleo en subempleo?

Pablo Franco, doctor en derecho laboral con experiencia en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, es autor del cómic Reforma laboral para todos, editado por la Fundación Friedrich Ebert en México, con el que busca divulgar información sobre los derechos laborales en el país.

“En México los derechos laborales, particularmente durante los últimos 40 años, han perdido efectividad y cada vez son menos las personas trabajadoras a quienes se les respetan y cumplen”, apunta el autor en la presentación del material.

“Durante este periodo florecieron la subcontratación laboral y los contratos colectivos de trabajo de protección patronal, esos que se firman atrás de las y los trabajadores y que tienen el objetivo de abaratar los costos laborales y controlar cualquier movimiento sindical libre”.

Fotograma de I, Daniel Blake, película de Ken Loach sobre la lucha de un carpintero por acceder al apoyo social del Estado.

Con el objetivo de contribuir a la discusión de las condiciones laborales de periodistas, editores, comunicadores y trabajadores en general en México, Altura desprendida pone a disposición de sus lectores aquí el cómic íntegro de Pablo Franco.

También puedes revisar El sindicato de periodistas, una utopía mexicana, investigación de María Teresa Camarillo Carbajal publicada en 1988 por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM: se trata de un relato de las organizaciones que históricamente han intentado periodistas en México para defenderse de la explotación patronal y las amenazas de gobiernos autoritarios.

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Imagen de portada: mineros en Serra Pelada, Brasil, fotografiados por Sebastião Salgado. Fotograma del documental The salt of earth, donde Wim Wenders explora la trayectoria del fotógrafo.

Lugones y la multiplicación de la luna

“¿Existía en el mundo empresa más pura y ardua que cantar a la luna por venganza de la vida?”, escribió un joven de 34 años para la presentación en 1909 de un poemario suyo publicado en Buenos Aires.

El escritor se llama Leopoldo Lugones —una de las principales voces inventivas de la literatura latinoamericana, antecedente directo del Borges de los cuentos pluriculturales, lo mismo acerca de gauchos que de caballos árabes— y el libro es su Lunario sentimental, un experimento de vanguardia que hace de uno de los tópicos preferidos de la escritura poética, la luna, un motivo recurrente desde el cual ensayar cualquier variedad de descolgamientos audaces.

Señores míos, sea
La luna perentoria,
De esta dedicatoria
Timbre, blasón y oblea.

De ella toma, en efecto,
Con exclusivo modo,
Tema, sanción y todo
Mi lírico proyecto.

Compilado de técnicas y metros; reiteración obsesiva; aparición del modelo contaminado del libro, donde lo mismo hay verso octosílabo que prosa narrativa o llamado al teatro; maduración modernista de una tradición lírica remontada al mundo medieval, el Lunario sentimental es uno de los nudos centrales de la lírica de Lugones.

Puedes leer sus experimentos y juegos lunares aquí, un ejemplar rayoneado por algún editor anónimo, pero que, no obstante las tachaduras, permite disfrutar de uno de los momentos culminantes de la poesía latinoamericana.

Mascarada lunar (1971), de Adolf Born y Lois Mailou Jones.

Imagen de portada: Formas circulares. Sol y Luna, de Robert Delaunay.

El barroco olvidado de María Luisa Mendoza

por Samuel Cortés Hamdan

¿Puede una diputada federal por el PRI escribir una de las mejores prosas del reivindicante barroco literario latinoamericano? ¿Puede una legisladora tricolor por Guanajuato, participante de la LIII legislatura (1985-1988) del Congreso de la Unión, entregar un estilo propio, maduro, provocador, imaginativo, sonoro y plástico en novelas que ratifican la amplitud creativa de la literatura mexicana? ¿Puede una parlamentaria por el partido de la dictadura perfecta escribir una de las mejores crónicas poéticas sobre la masacre de Tlatelolco, perpetrada durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968, con el impune Luis Echeverría en la Secretaría de Gobernación, en mucho policía política del régimen?

Insoslayablemente, el mundo es complejo, simultáneo y contradictorio; y la respuesta es sí.

En Con él, conmigo, con nosotros tres, experimento verbal calificado de cronovela por la propia autora, María Luisa Mendoza se las arregla para entreverar la matanza de Tlatelolco con la Decena Trágica, los dolores, abusos, machismos de la historia de una familia conservadora pero despelucada, los Albarranes, y una mirada rebosada sobre las pasiones del dolor y los accidentes punzantes del deseo y la frustración.

Retrato de la autora divulgado por Cultura UNAM tras su muerte, ocurrida en 2018.

“La crónica quema al santo; la novela no lo alumbra”, asegura Mendoza en la primera página de su primera novela, que arrebató su título al José Gorostiza de Muerte sin fin, fue escrita bajo el cobijo tallerista del Centro Mexicano de Escritores entre 1968 y 1969, y que publicó Joaquín Mortiz en 1971, en su colección Nueva Narrativa Hispánica (que también vio escribir a Elena Garro, Vicente Leñero, Tita Valencia, Amparo Dávila, Sergio Fernández, Inés Arredondo, Silvia Molina, Arturo Azuela, Jorge Aguilar Mora, por mencionar algunos: plana mayor de la literatura mexicana).

La crónica quema al santo; la novela no lo alumbra, una frase que rehace el dicho popular —“Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”— y con la que, tal vez, la autora busca justificar el atrevimiento polivalente de su escrito, al mismo tiempo canción personal, recorrido cósmico por la memoria, denuncia lírica sobre el derramamiento de sangre inocente en la Plaza de las Tres Culturas, compilado familiar que hace puntual denuncia de sus violaciones matrimoniales, sus anulaciones de la mujer, y donde sin embargo también abundan las oportunidades para un erotismo de vanguardia, por así decirlo, mexicanísimo y atemporal simultáneamente, un goce sexual por desquite que tiene su correlato en la masturbación poética que supone la novela.

Ella te miraba los calzones y tú nada más esperabas que empezara la letanía de que tú eres yo y yo soy tú y tú eres mi papá y yo soy tú y tú eres mi mamá y yo soy tú y tú y yo nos tocamos allí para que tú me des una muñeca que es de ti y yo te dé otra muñeca que es de mí y las dos tengamos hijos e hijos como los tienen ellos, los hombres y las mujeres de allá afuera. Tú te dejabas hacer, sintiendo el extraño poder de lo caliente que te enseñaron tus primos y que se repartían entre todos porque era ya lo único que tenían para repartirse en el balcón, debajo de la cama, dentro del ropero, en el cuarto de planchar…

Con su primer libro, la autora deja claras las intenciones abarcantes y embriagadas de su estilo literario, que reiterará en dos novelas más, De ausencia (1974), recuperada en 2019 por la Colección Vindictas de la UNAM, y El perro de la escribana (1982), aunque su carrera literaria y periodística no se agota en esos títulos, sino que se desdobla en cuentarios, compilaciones de su escritura periodística (elaborada para Excélsior, El Día, El Sol de México, El Universal, entre otros espacios). Dueña de una escritura envolvente, tan desafiante como fluida por el tejido procurado de ritmos internos, Mendoza es una escritora magnífica que llevó a la excelencia el barroco mexicano, no obstante el silencio casi total que envuelve su trabajo artístico:

Tlatelolco, el moridero de las tres culturas en donde ya no estaban los cadáveres y en donde habían de estar los soldados durante un mes entero, con sus risas, su hambre nunca rellenada, su paradero silencioso como avergonzado y en el que sobresalían sus miradas huidizas la mayoría de ladito, cafés, azules a veces, como las florecitas de las cucharas de no plata que nunca se llevarían a los labios, porque las flores en las cucharas nada más crecen en los amaneceres de cada siglo propio, en la semipenumbra de los cuartos de planchar, en la cama de los justos que van a morir, de los niños que despertaron chillando, de los sabios que descubrieron el mal del insomnio o el bien del sueño o el mal del buen amor, o el bien del mal olvido. De los astrónomos que se durmieron sobre el telescopio a la hora de la aurora boreal, de la niña que estira la mano y encuentra a su perro, de la madre que sabe que su hijo ya es hombre porque halló la mancha amarilla de una eyaculación en la sábana, de aquel que aprende en la noche el misterio de la lengua, la verdad sobre Rilke o por lo menos la clave de la palabra umbral.

Amaneció, igual que amanece por los siglos de los siglos en Tlatelolco: dorándose primero la punta de las azoteas y los pezones de las cúpulas, bajando el sol por las curvas de los portales para irse apoderando del suelo y de las paredes en donde todo ocurre, desde la ventana hasta la catapulta. De este modo se borra allí la gran noche del gesto rojo en la que mueren muchos a obra de arcabuz.

Las bocas tlatelolcas están acostumbradas a amanecer con plegarias o blasfemias, o simplemente a recibir la calentura del sol abiertas, sin nada dentro, ni palabras, ni nardos, sino sangre.

La madre responde a los augurios: Dios te llene la boca de nardos. En tardes tlatelolcas puede ocurrir que Dios las llene de sangre, las enardezca de nardos rojos, rojos gestos para que amanezcan bien acostradas y se vuelvan un inmenso plañir de lloronas.

Edición de la UNAM para Vindictas.

En “La China” Mendoza ya aparece consolidada esa inteligencia verbal de mezclar las voces populares con el vanguardismo metafórico y cadencioso que después se le aplaudirá tanto, por ejemplo, a Daniel Sada. Con él, conmigo, con nosotros tres es rica en mexicanismos salpicados y neologismos asentados en el texto desde la potestad poética que supone escribir: se enuncia el mundo en su dificultad, su neblina de pliegues, frente a los que hay que nombrar y hacer el nombre en la ceguera palpatoria, como recomendó José Lezama Lima.

La novela desdobla un recorrido por la historia personal, que se entiende historia histórica, social, problema colectivo para entender un México religioso en el bastión cristero guanajuatense y al mismo tiempo fervoroso de experiencias gozosas, de balbuceos fundacionales por el escurrimiento del placer. Hay una voluntad escritural que no deja zona sin dibujar con sus imprecisiones y sus canciones enamoradas de sí mismas, de su posibilidad afirmativa, a veces entrecortada, rizada, proliferante o breve, según corresponda a las circunvoluciones del antojo que es el estilo. Hay un divertimento que es también denuncia, el asentamiento de un desprecio a la violencia política y a las agresiones confirmadas, cotidianas, que supone todo muégano familiar, atiborrado de reclamos silenciosos.

Es decir, en Con él, conmigo, con nosotros tres desdobla una escritura propia, un artefacto que inventa lenguaje para habitar su derecho a la literatura y derramar el aceite de la conversación. Una autora mayúscula sin la resonancia correspondiente, olvidada en los castigos localizados de la primera edición, con cuatro mil ejemplares impresos para darse a conocer en un país de 120 millones de habitantes, por dejar de pensar, mientras, en sus merecidos lectores de Colombia, Andalucía, Chile, Uruguay, Honduras…

De la mano de Soco la amiga del alma, la compañera feuchona, buenona, morocha, cálida, sin coordenadas mentales, culta a troche y moche, lúcida, desigual, melancólica de su de por sí y tan alegre, entró por la puerta que, en el barrio irapuatense azonado en rojo, ya traqueteaba en el camino andado y el ruidero era más hecho, más retumbón. Tarará, tara, tará, tarará, ta, ta, tá… danzón dedicado a… Corriendito se habían trepado al camión Flecha Amarilla de las nueve de la noche que salía destapado rumbo a Irapuato. Un viaje lleno de palpamientos, tacteos, sobaditas, soliviantados abrazos, de tentetieso a cargo de Juan y de estate sosiego de parte de Soco.

Collage de su obra divulgado por la revista Punto de Partida, de la UNAM.

Si no se escribe para la fama, para el aplauso, para las prebendas y los favores, Mendoza y su olvido lo saben. Se escribe para la aguerrida exploración interior, para la enunciación del miedo, para la multiplicación de dudas, en búsqueda de una belleza inusitada, propia, local, intraducible, que enuncie la diversidad de un entorno irreductible, huertista, maderista, cruel, misógino, asesino, y sin embargo no desprovisto de decisión, de poesía, de pepinos devorados y cadencias floridas. Y se escribe en la búsqueda anónima y obligadamente paciente de lectores que completen la profundidad con sus propios enlaces frente a lo manifestado.

En ese sentido, esta compleja diputada federal por el PRI —a saber si por ello aislada del presunto parnaso literario mexicano, aunque ese crimen se le perdonó a Octavio Paz, a Carlos Fuentes, a Jaime Sabines y a otros intelectuales de Estado—, fallecida en 2018 entre una relativa indiferencia colectiva más embebida de novedades, confirmó con creces la voluntad enérgica de la literatura y legó una obra que es cátedra de estilo y de indagación provechosa; una reiteración de lo que dice Gonzalo Celorio en su presentación del compilado del Fondo de Cultura Económica de la obra ensayística del cubano francés Severo Sarduy: el barroco —herencia del contrarreforismo español, voz artística para reforzar los sacramentos católicos contra el luteranismo y desarrollada en concordancia ideológica con el Concilio de Trento— en América Latina deviene fuerza reivindicadora de las dignidades de la saturación local, estilo artístico emancipatorio en la tierra de la piña, el cacao, el saraguato y el jitomate, ejemplo de la palmera propia que demanda a empellones de talento su participación en la conferencia estética planetaria.

Mendoza lo hizo bien, y reposa únicamente a la espera de sus lectores, de las reediciones responsables que la relocalicen dignamente en la conversación pública, de los entusiasmos poéticos que la ubiquen, la reivindiquen, la reviertan y hagan de sus pozas insinuadas nueva vitalidad sangrante, proclamación espontánea, llamados propios a escribir otras formas de la novela, siempre mestiza, siempre imprecisa, siempre desbordante, siempre articulada en la inteligencia del caos.

Portada de la primera edición de su novela más reproducida. Aquí en Joaquín Mortiz.

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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988). Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.

Twitter: @cilantrus

Imagen de portada: homenaje del pintor y escultor guanajuatense Octavio Ocampo a la autora. Tomada de la revista de la UNAM Punto de Partida.