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La poesía al fin acepta que gira sobre una cicatriz

Texto de presentación para el poemario Terceros auxilios, de Juan Schulz.

Este texto de Gerardo Montoya fue leído el viernes 11 de abril de 2025 en Buenos Aires como parte de la ceremonia de presentación del poemario Terceros auxilios, a cargo del mexicano itinerante Juan Schulz, vago voluntario.

Se reproduce con autorización de su autor como estratagema para la resonancia de un ayer vibrátil.

*

Buenas noches,
señoritas, señoritos
y disidencias lectoras
comprometidas con el proyecto de arqueología simbólica
de nuestra América Latina:
hoy
nos convoca una epifanía literaria.
Es para mí un honor presentar este libro
que —me permito
afirmar sin rodeos—
fractura el sistema literario latinoamericano
tal como lo conocemos
hasta esta noche.

Terceros auxilios, de Juan Schulz,
se inscribe con fuerza en lo que la investigadora
Iliana Rastrillo
(UNAM/Fullbright) denominó en su ensayo
«Cuerpos en órbita:
derivas ula-ulianas en el neoliberalismo poético»
como la tercera etapa de la performatividad lírica:
aquella donde el texto
no se lee,
sino que se gira.
(pausa)

En la página 27 del poemario,
en el poema SIMULTANEIDADES, de Juan Schulz,
el verso: «levantaron un hongo
de humo en Hiroshima mientras bailaban
ula ula en Acapulco»
no representa una simple
simultaneidad histórica.
No.

Dado que el ula ula se patentó recién en 1958
más bien representa
el nacimiento de una nueva forma de pensamiento poético:
la poiesis giroscópica.
Esta idea
ya fue sugerida
por el en paz descanse Ángel Rama
cuando habló de los centros de poder
girando sobre sí mismos;
o por el poeta Haroldo de Campos
en su galáxia de linguagem,
si un presta atención
a sus reflexiones de lo giratorio.

Schulz,
en un gesto de audacia sígnica
sólo comparable a la invención del realismo mágico
o al salto cuántico de Vallejo cuando escribió
«me moriré en París
pero sólo con chipi chipi»,
Juan lanza una bomba semántica.

Permítanme, sin mucho,
ir más lejos:
el ula ula
en este libro
no es sólo un símbolo,
es un sismo epistémico,
un dispositivo ontológico.
Es un arca
poética interestelar.
Es el equivalente del Big Bang,
pero con zunga
y una heladerita portátil con dos caguamas.

Recordemos que el doctor
Hans-Günther Popochán,
en su ensayo
«Lo giratorio y lo mestizo:
danza y subalternidad en la poesía de las periferias»,
afirma que el círculo del ula ula
«resiste
la linealidad imperial del verso occidental
que pretende
la sintaxis de lo imaginable».

Schulz comprende esto

y devuelve a la poesía latinoamericana
la movilidad en su espina dorsal:
el centro
que no está quieto,
el cuerpo que dice con la cadera
lo que el lenguaje articulado
aún no puede.

Ahora bien,
¿qué ocurre cuando ese centro
—ese aro danzante— se ubica en México?
Específicamente
en Acapulco,
epicentro simbólico del turismo decadente,
del descanso forzado,
de la nostalgia por un futuro al que un huracán
bautizado por un gringo
arrancóle los cimientos de un hotel all inclusive
cuatro estrellas.
¿Qué pasa
cuando el epicentro ula-uliano
es Acapulco?
Ocurre lo siguiente:
la poesía latinoamericana, por fin,
reconoce que gira sobre una cicatriz.

Rewindeemos.

La poesía latam al fin
acepta que gira
sobre una cicatriz.

Y en ese giro
—dirá Tula Morandé
en su tesis posdoctoral googleable y publicada
por la Universidad Invisible de los Andes—,
en ese giro
se activa lo que ella llama
«la centrifugación lírica del trauma».
1945
Imaginen:
Perón es detenido por sus rivales militares
y llevado
a la isla Martín García;
ese octubre
miles de trabajadores se movilizan
desde los suburbios hacia Plaza de Mayo
para exigir que se lo libere
y fundar
así al peronismo
como fandom político.
1945
El ula ula
gira en Acapulco mientras cae la bomba en Hiroshima,
es la historia de América Latina
girando entre la violencia y el goce,
entre el apocalipsis climático y la siesta,
entre el extractivismo de litio
por empresas certificadas B
y un buen bronceador con cancerígenos
aprobados por los últimos tres gobiernos,
una rola de Peso Pluma
sonando en un bar en Chacalermo
mientras en la tele
se celebra el anuncio del regreso de La Voz
Argentina
quinta temporada,
con Nicolás Ochato
Occhiato
Oxchiato
como nuevo conductor en reemplazo de Marley.

Por eso,
este libro no se lee.
Este libro se baila.
Se gira. Se desliza.
Como una revelación que sucede en la cintura del tiempo.
¿No es acaso el boom latinoamericano
un ula ula de traducciones europeas?
¿No es la noción de patria misma
un aro plástico
girando a velocidad variable
sobre las caderas del hambre y del tiempo?
¿No fue el Aleph de Borges
un ula ula cósmico de la percepción infinita?
¿No es todo nuestro canon latino
un intento desesperado por hacer girar el sentido sin marearse
y a la vez
un intento desesperadísimo por evitar
caer
en la certeza del sin sentido
con la que nos coloniza occidente?

Es por eso que propongo como epílogo
que así como Borges encontró en el Aleph
«el lugar donde están todos los lugares,
Schulz
nos ofrece
el ulaleph:
el punto
donde todos los movimientos poéticos
se condensan y orbitan
en una única
vuelta coreográfica.

No exagero si afirmo
que Terceros auxilios constituye
el primer
y más decisivo eslabón de lo que denominaré,
sin el temor infundado
que los psicoanalistas aquí presentes
le tengan a los neologismos:
la Ula-ulalogía
poética latinoamericana.

Desde ahora en más
será imposible leer a Borges,
a sor Juana
O a Roberto Bolaño
—no ese,
sino el otro—,
ya no es posible leerlos sin repensar el lugar del giro,
el vaivén,
la oscilación del cuerpo
como manifestación que se reactualiza
en la cosmovisión latinoamericana.

El ula ula
se revela
no como un mero objeto,
sino como una máquina textual de torsión identitaria,
una órbita
de lo lúdico en el abismo.

Así que les invito,
respetadas lectoras y lectores
y disidencias textuales:
abandonen el yo lírico,
suelten la sintaxis,
aflojen la pelvis textual.

Y dense, por favor…
una vuelta en este libro,
momento bisagra literario
en el que el ula ula
ingresa en nuestro canon.

Muchas gracias.

La editorial de Terceros auxilios, Baldíos en la lengua, recurre a la inteligencia artificial para imaginar a Juan sonriendo.

***
Gerardo Montoya (Monterrey, México 1984)
es escritor, consultor en comunicación estratégica, gestor cultural y psicoanalista. Vive en Buenos Aires desde 2005. Es vicepresidente de Centro PEN Argentina. Escribió los poemarios Te amo, grupo Clarín y Decálogo clase media. Es curador y organizador del ciclo #PoesíaEnTuSofáArgentina. Fue coorganizador del Primer Ciclo Internacional Hiperpoesía, en el Centro Cultural San Martín. Fue el fundador del ciclo de lecturas performáticas El Gym Pop-up poético, en el Centro Cultural Morán. Es integrante del colectivo de arte digital UxU-müll. Ha sido publicado en antologías poéticas en España y Francia. Se dedica a aceitar las interacciones entre pantallas para sostener la Fantasía de Mercado. Desconoce si es rastreable su historial como usuario circa 1995. Integra oficialmente la diáspora taquera.
Más data en: http://www.adiccionainternet.com

La imagen de portada de esta entrada corresponde a la obra La gran tentación, del artista plástico argentino Antonio Berni. Fue tomada del acervo del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

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