A cambio de veinte soles, Domingo de Ramos me entregó un cuadernillo de hojas fotocopiadas aseguradas con grapas y emparedadas en un cartón grisáceo con la vaga imagen de una tetera. Bebíamos cerveza a unos pasos del Parque Kennedy, en el barrio pituco de Miraflores, Lima, mientras conversábamos de esto y aquello: Sendero Luminoso, Tupac Amaru, Mariátegui, la postergada y lesionada oportunidad de la rebeldía indígena en el Perú y sus reiterados paralelos con México.
El cuadernillo era la autopublicación cartonera de uno de sus insistentes proyectos líricos: Los sicarios del tiempo, una retahíla de lamentaciones enamoradizas de versículo descompuesto y largo que, en su musicalidad heterogénea, resuenan a Allen Ginsberg y, en su reclamo popular sin miedo al eco callejero, a la mejor tradición peruana de enarbolar poemas humanos como quien identifica y se duele tumores, para luego incurrir sin idealismo en cierto temblor por la esperanza. Una de las mejores herencias, digamos, del mejor César Vallejo —donde el mejor Vallejo es todos los Vallejo, queda claro, hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé.
Irresuelto, divergente, conversacional, iconoclasta, extraviado entre los rincones de un barrio rubio y excluyente que tal vez conocería mejor sin la incomodidad de las circunstancias, generoso, tierno y cobijante para su cumpleaños, dicharachero, de rápido vaso vacío, no le quise corregir la plana a Domingo cuando me dedicó las fotocopias y olvidó que me llamo Samuel para escribir:
«Para Claudio. Estos poemas son un acercamiento de una sola poética. América Latina unida. Con afecto y cariño.
Domingo, 29 de noviembre, 2023, Lima – Perú con México».
Hágase extensiva esa dedicatoria a todos los lectores de Altura desprendida y conviértase aquel hipotético Claudio en todos los asomados a lo que, delicioso, se descompone en estruendos aventureros.
Esta es apenas una muestra de los poemas totales que componen Los sicarios del tiempo: parcial pero sustancioso, no se puede dejar de mencionar que el asomo incurre en rebanadas.
Los sicarios del tiempo
Hay hielo afuera
Mis dedos están entumecidos ya no puedo sostener el vaso
Y en el revés del mundo camino
Entre las aguas y los arenales
Inmigrante de algo negro y sin número
Elemental como una teoría bíblica
Cáustico y fronterizo
como un trabajador noctámbulo Mohoso
Resplandeciendo solo en esta cabina en medio de la nada
Me despiertan los graznidos de los cuervos Me picotean
Mi cuero cabelludo que se sacude
Como el vodka aderezado con mi lengua huarapera
Camino todos los días en perpendicular
Hacia el fondo hacia el metro con monumentos
De soldados y obreros a los costados alertas
Como en una obra de teatro que nadie ve
Como este tren que me saca del socavón
ese socavón que nunca acaba
Ese socavón que crece y engulle
Mientras hacía fondo hay una derrotada muchedumbre
Que se arroja contra el cielo
Mi casa es el edificio donde mi mujer y mi hija juegan
Con objetos desconocidos siempre duermen
También yo los veo en sueños en frascos anaranjados
como muñecas de goma pegadas al refrigerador
Y yo aquí sin fuego adicto envuelto dipsómano
Entre amigos evaporados sin desayuno místico
Con un aguardiente entre los dientes enjuagado
En la madrugada sin afeitar con mi flaca mujer
Los minutos occisos que se derriten y pasan
el pan negro en el asador
Oh los gases los eructos de las fábricas marchan instrumentalmente
Como obreros como parientes hepáticos
Los bomberos extraviados apagando fuegos fatuos
Como el mío como esta conciencia que se destroza
hasta la exaltación Oh Señor de la exaltación
Guíame contra ese socavón de donde nadie retorna
Vuélvete como cosa nueva animada enloquecidamente imbécil
dime palabras a mis oídos sordos
Sé dueño de mí envuélveme en tu fáustica canción
Sácame de esta mediocridad de los días
Llévame hacia mi huerto y sus mandarinas pútridas para el olvido
Mientras camino en perpendicular como un fauno en su laberinto
Oh la palabra y el ruido
Es mi día Es un sábado que me abandono en una fiesta tumultuosa
Con mi vodka y mi oración y en cada pentágono
Me siento a llover sin paraguas
Me voy al foso común
De noches contrahecha la corriente se adentra
Como una pintura naíf que recorre la ciudad
Como un taxicholo recorro este hotel donde le doy duro a la prostituta
Que como una María Magdalena henchida y rechoncha como un rayo
que sólo me ofrece un ticket
De regreso oh rosa abierta para el día que he volver otra vez
Con el mismo ticket la misma misa el mismo sermón y la lonchera vacía
Sabores lejanos dolor de labios
Como el miedo y el sueño Mordeduras draconianas
Kamino
Y me acerco a la tienda más pestilente que ayer
Y tú también como ayer me miras
Traveseas Ella sólo ella se distrae en aplastar moscas
Nuestros Kaminos se distancian
Yo veo Atrapado sin salida
Y ella Cara cortada
Y el que escribe camina
Kamina entre la cáfila
De tus sicarios
De las horas
De los que se quedan
De los santos
De los valses
Que te canto
Del rock
Con que te silencio
Con que me apago
Miserablemente

Sé de muchos sueños
Sé de muchos sueños que fueron sueños
Sé de ti que hallaste la piedra angular del sexo
Sé que en alguna ciudad móvil volverás a poner tus carteles
Sé que el amor es un acto litúrgico y terrorista
Sé que el mundo es uno y otro a la vez
Que la furia es un chiflado gendarme gaseante y paseante
Que va con sus instrumentos mentales como tú herida abrasadora y traidora
Que vas doblando mis ocasos indestructiblemente hacia la mañana
Sé que te vistes de generosas piezas obsoletas
Sé que te gusta ponerte audífonos en las sienes mientras miras
El rascacielos de humo que sale desde tu ventana
Sé que no tienes miedo de jugar al dominó mientras torturas
Despellejas viejos corazones de dinosaurios
Sé que no hallo tu centro por donde nacen las expiaciones
Los campos las enfermedades la vejez y el olvido
Porque no eres materia ni sangre coagulada sólo bulto
Finito finito sin metamorfosis ni sequías
has puesto a mi cabeza tus vértigos boreales
tus glándulas de noche y de día
y no eres más que la sucursal de una tienda de zapatos
o tal vez de una beoda silenciosa de líquidas máscaras
de maquillaje centrífuga y sin flete
No tengo recompensa después de laburar como salvaje
No valgo nada y tú lo sabes aunque busques
Y tropieces con tus muros y tus salmos con que pintas
Tus juguetes furibundos para burguesas desnarigadas
Y sin fronteras
No hay aroma ni rodillo Sólo tú
Causas ruidos como amante sin polvo y metalera
yo no valgo nada
No sirvo para tus combustiones ni combinaciones
No irradio calor sino poesía en un mundo olvidado
Como un lejano invierno
Que rodea tus fronteras
Ella y yo desconocidos
Desconocidos
En una cama desconocida
En una noche igual de nula
como las ropas en la mesa servida
Haciendo el amor en silencio
(erosión claxon edénico cimbreando las cosas tus cosas mis cosas)
Respirando como en un parque infantil en una hora infantil
En una oración entre sábanas negras
Rotación de labios sin forma
Inercia colación de púrpura maldita tras la ventana silente
Y el traqueteo de las sombras en la sombra en las sienes videntes
Ah tu púlpito inclinado
Mecánica de fluidos
Acto indecible sácame de esta muerte Revuelto pelo
Oh noche me vi allí como un boscaje velado
Detrás tú yo desconocido y desconocida
En el compás de dos cuerpos desgastados
De aceites de verdes ascuas e indagando como un indigente
Tus troncales verticales horizontales
Picando tu batido oro desgreñado
Ya traslúcidos ya por tanto toque y toque
De viejas y sordas olas repetidas
Llenas de pasta y manos tempestuosas
Acoplamientos simiescos sin dolor y sin rabia
Ella y yo sin nombres
Sin paredes
Sin ceremonias
Al subirse o al bajarse
Como un buzo
En el inmenso mar
No hay más retorno
Sólo el que ofrece la residencia bajo tu piel
Tu blanco escudo perforada dulcemente
Como un pez espada en el agua como el ocre de los Goyas
Como un espacio que súbitamente se incendia
en su sima y en su arritmia
Que juega y goza con sus dedos
Como la salamandra al cavar su hoyo
O los pelos que guardas bajo tu cama
Bajo la nieve que no existe
tu sepultado cerrojo abierto
Tu sellada tuerca
Tu lacra mansedumbre que pespuntea
El aire de tu muerta estepa
Donde crece cierta luz como hongos
Lastimando la carrocería de un dios
Multitudinario y zoquete que gira su báscula
Como un iracundo monje y mueve la tierra
Donde yace la diosa de los gatos
Avistando tu hundimiento loco
En mi inmundo palo
Como un submarino
En tu cielo plano

Elda Cerrato, De la realidad: Relevamientos para el sueño de la casita propia. Documentación II, 1975.
Corazón de corcho
Sentado siniestrando mis sueños que he arrancado a la noche
Que se abre lenta como un hocico sangriento
Y me arrebata el cansancio la soledad
La floresta de humo punzantes como acerados credos
tus recuerdos desdeñosos flébiles caen
tallados resplandecientes bajo las persianas
No puedo dormir
Me crecen raíces donde no las planto
Hijos donde no los tengo
Senderos donde no transito casas donde no la habito
Crepúsculos que no los veo hospitales que no los visito
Pacientes que no los espero mujeres que no conozco
Me hablan como campanadas de noche
Graban mi voz que no poseo
Sitian mis cercos mis tardes mis dimensiones astrales
Aquí y allá marchan aparejados con la luna
Como un carbón blanquecino y derrotado por la lluvia
Donan colores soplos muertos como espaldas
No hay fondo sin fondo
No hay piel que lo aflore no hay alma que lo ame
Así estoy sin lugar ni agua
Violando las impurezas pasadas y presentes
Negando lo que tengo y no tengo
Llevando un cerro como un dios que no pago ni sirvo
Queriendo la virginidad de una madre
Destetando a los pobres del mundo como si los tuvieran
Abriendo ríos que no espero
Rosas furiosas hollando tu ausencia
Mi mente ha colapsado en tus pisadas
Que ha acuñado mi nombre sobre el agua
Hilvanando tus vellos como alfombra
Oyendo la oquedad de tu boca más suicida que mi sexo
trasladando mis praderas en tu techo
Bajo acústicos senderos como tu nombre
donde me cuelgo cual planeta flotando
como un corcho dulce entre tus labios
Hilachudo y turbio hecho panka y caricia
Para tu innoble corazón que me habita
Buscando mi religión
Inconsciente como un camión vacío que corre lentamente
Veo la historia como vientre de alquiler
No es mi abecedario ni es el cálculo de una edad profana
Es este lenguaje con que te hablo
Negando lo anterior secuencia tras secuencia
Mal formando huesos brazos que se tienden como una vereda
Por donde camino como un caballo
Negro de luz y abstinencia
Suelto como indígena como esta lengua
Esta lengua madre que a fuerza de salir no salgo
Excitado trombo como un alma le digo a este difunto país
Nada busco nada encuentro piaras de búfalos y japoneses siameses
Apareciendo subrepticiamente en las sombras
Y estalla a lo lejos sin fin ni batallas
Blandiéndose como una bandera al sordo
Rumor del gentío
O al clip de las redes virtuales como una aplanadora
Que cae en el bosque claro de una noche cualquiera
Esa música Madre
es mi destrucción
mi coherencia
de borrosos
cementerios
de tierras salvajes
donde duermo ansioso ataviado y de cabeza

Metafísica
Ahora que entiendo que la vida es silencio
silencio del agua cuando te bañas
podré decir que también pienso
en la pistola apuntándome la cabeza
como una bala pueril en tu sombra
No es mi signo zodiacal
Es mi implume manera de vivir
es querer saltar la valla de mi indocilidad
O mi imbecilidad cuando deshago lo que siento
que sería cruzar la ficción que hay de un paso
al otro paso como encriptar tu sexo
y anochecer estrujándote
en el sueño donde te devoran
las viejas pesadillas que te asolan
o despintar el carmesí de la noche
como robando colores al arcoíris pestilente
que embellecen tu silueta desnuda
y así debí de quererte sin boca y sin olvido
como un tubo angelical
para descifrar el beso que nunca te di
El rock de los ilusos
Dejo atrás las ilusiones
Dejo el viento temeroso
Que vocea formas ondas quiebros vírgulas
Cosas invertebradas plomadas salitrosas
Dejo atrás el alba que se cierne como una tapa
Un cometa sin hilo que se aleja sombríamente
El pecho de un mulo acallado por un motor
En medio de los campos
La dulce y voraz noche en tus rodillas
La música desnuda y el tumulto silenciado
Y continuaré mi marcha
Con este cuerpo desvaneciéndose como un poderoso salmo a lo negro
Dejo atrás lo que dejo como una bocanada
En las madrugadas donde bailan los trompos de Dios
Donde se escuchan los ciegos guitarrones en el espasmo
Dejo el corazón resucitado consumido y dudando
Dejo mi mirada en el espantado cielo
Te abandono y te recojo
y ya no eres cuerpo sino un cepo sin cuello
me abandono
me abandonas
la paz es inerte y sonora soledad de las tumbas
¿la libertad es un pájaro de papel?
¿Es una oquedad en el cierzo de los bosques claros?
Oh cincelada catástrofe galope trunco
Enciendo estos hielos estas llamas blancas para mí
Dejo para ti este himno argénteo que trasnocha tus párpados de hule
Dejo esta piel por otra menos clara que el de mi comarca arrasada
Ya estoy pisando el pedal de la locura
Esa melodía de Isabel o tuya
Grullas rasgando las aguas tranquilas
Trajino a cada 20 centímetros sudo y mudo mis noches
Como un cántico espiritual consumiendo
Música áspera comida rala
Muerto y utópico enjaulo este corazón
Este estacionario corazón
Y ya no hay grito
Ni satisfacción
¿A qué distancia se putrefacta el olvido?
Heme envuelto sin plegarias
Heme envuelto como un saco fofo en la atmósfera
Mi nombre es un clavo que cae en la espesura
en irritable óxido
Respirando en el aire ajena tu sarcasmo tu escarnio
Y tu alma tersa y terca e inocente como el pubis de una anciana
Hay un cero a la derecha una corchea negra que sube y baja
Tumba mi pasado como si fuera mi nova cabellera
Mi muerta calavera noble de blanco y resina
Mientras el tirano pisa y repasa las trincheras
El horror el horror ¿si me engaño existo?
El tirano de mí el Orfeo de mí me ha abolido
¿Cómo hemos podido vaciar el espectro del mar?
¿El espectro de Dios?
La madera ya no es cama ya no es gramática vocal
El tirano que hay en las madrugadas que retorna en ti
Tiene hartura y calentura tiene dientes como balas
El celador es una momia de hierro
El hedor se esparce viaja vaga vive mira
Como el espasmo de un ojo Ese hedor que
Cruza las calles al azar
Y como un vitral se detiene
Silabea como un puritano mi existencia
Yo he muerto y arrastro
Los albores de esa pintura que recién nace
Lo bota como una ciudad en brumas
Sombras de mi barroca frente
Dejo estas plantas para que andes sola
Y amanezca pegada al techo ligerísima
En agua en tierra vibrando como platillos rojos
Por los barrios y calles prosaicos y muertos
Ven a estas huellas a este paquete de tierra
Que llevo en el bolsillo
Prueban que mi canto existió
Que existió debajo de ti
Acaso solo y escurrido supuró el aire
Mi adoración a la irresistible luz
Que aspiras y rebotas en mis bodegas vacías
Ese puro delirio planetario
Tendido de espaldas con los brazos abiertos
Con mis puños arrancando muertos y diezmos
De lo que fue mi fe ¿Creeré para conocer?
Mis dedos dejan de tocar melodiosos aluviones
Mientras que atrás un laberinto se esparce como el polvo
Y yo todavía canto y canto este rock iluso incólume
Canto como un puto deslenguado
Como un iniciado novicio de las dunas
Como un servus radiante y expansivo
Como un beato a tus pies

***
Domingo Ramos (Ica, 1960) es un poeta peruano que desde la infancia migró junto a su madre a Lima, para asentarse en el distrito de San Juan de Miraflores. Estudió sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en 1982 fundó el movimiento poético Kloaka junto a otros poetas peruanos.
Todas las obras pictóricas que acompañan esta entrada de versos fueron tomadas del acervo digital del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). La pintura que funciona como imagen principal se titula Yo no soy buena moza, de Antonio Seguí.
La introducción es responsabilidad de Samuel Cortés Hamdan.
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