Un cómic por los derechos laborales

Descarga gratis un trabajo de divulgación de Pablo Franco.

¿Sabemos lo que es un sindicato? ¿Conviene estar en uno? ¿Siempre son sinónimo de servilismo y corrupción? ¿Y qué tal las horas extras, exigimos su pago correspondiente? ¿Qué es una huelga?

¿Vale la pena luchar por los derechos laborales? ¿No todo es el outsourcing, el brincar sin garantías de subempleo en subempleo?

Pablo Franco, doctor en derecho laboral con experiencia en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, es autor del cómic Reforma laboral para todos, editado por la Fundación Friedrich Ebert en México, con el que busca divulgar información sobre los derechos laborales en el país.

“En México los derechos laborales, particularmente durante los últimos 40 años, han perdido efectividad y cada vez son menos las personas trabajadoras a quienes se les respetan y cumplen”, apunta el autor en la presentación del material.

“Durante este periodo florecieron la subcontratación laboral y los contratos colectivos de trabajo de protección patronal, esos que se firman atrás de las y los trabajadores y que tienen el objetivo de abaratar los costos laborales y controlar cualquier movimiento sindical libre”.

Fotograma de I, Daniel Blake, película de Ken Loach sobre la lucha de un carpintero por acceder al apoyo social del Estado.

Con el objetivo de contribuir a la discusión de las condiciones laborales de periodistas, editores, comunicadores y trabajadores en general en México, Altura desprendida pone a disposición de sus lectores aquí el cómic íntegro de Pablo Franco.

También puedes consultarlo en la biblioteca digital de la Fundación Friedrich Ebert México y conocer más sobre su trabajo.

A su vez, puedes revisar El sindicato de periodistas, una utopía mexicana, investigación de María Teresa Camarillo Carbajal publicada en 1988 por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM: se trata de un relato de las organizaciones que históricamente han intentado periodistas en México para defenderse de la explotación patronal y las amenazas de gobiernos autoritarios.

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Imagen de portada: mineros en Serra Pelada, Brasil, fotografiados por Sebastião Salgado. Fotograma del documental The salt of earth, donde Wim Wenders explora la trayectoria del fotógrafo.

Lugones y la multiplicación de la luna

El Lunario sentimental, obra cumbre del argentino, para libre descarga.

“¿Existía en el mundo empresa más pura y ardua que cantar a la luna por venganza de la vida?”, escribió un joven de 34 años para la presentación en 1909 de un poemario suyo publicado en Buenos Aires.

El escritor se llama Leopoldo Lugones —una de las principales voces inventivas de la literatura latinoamericana, antecedente directo del Borges de los cuentos pluriculturales, lo mismo acerca de gauchos que de caballos árabes— y el libro es su Lunario sentimental, un experimento de vanguardia que hace de uno de los tópicos preferidos de la escritura poética, la luna, un motivo recurrente desde el cual ensayar cualquier variedad de descolgamientos audaces.

Señores míos, sea
La luna perentoria,
De esta dedicatoria
Timbre, blasón y oblea.

De ella toma, en efecto,
Con exclusivo modo,
Tema, sanción y todo
Mi lírico proyecto.

Compilado de técnicas y metros; reiteración obsesiva; aparición del modelo contaminado del libro, donde lo mismo hay verso octosílabo que prosa narrativa o llamado al teatro; maduración modernista de una tradición lírica remontada al mundo medieval, el Lunario sentimental es uno de los nudos centrales de la lírica de Lugones.

Puedes leer sus experimentos y juegos lunares aquí, un ejemplar rayoneado por algún editor anónimo, pero que, no obstante las tachaduras, permite disfrutar de uno de los momentos culminantes de la poesía latinoamericana.

Mascarada lunar (1971), de Adolf Born y Lois Mailou Jones.

Imagen de portada: Formas circulares. Sol y Luna, de Robert Delaunay.

El barroco olvidado de María Luisa Mendoza

Desde su primera novela, propuso un mundo literario personal.

por Samuel Cortés Hamdan

¿Puede una diputada federal por el PRI escribir una de las mejores prosas del reivindicante barroco literario latinoamericano? ¿Puede una legisladora tricolor por Guanajuato, participante de la LIII legislatura (1985-1988) del Congreso de la Unión, entregar un estilo propio, maduro, provocador, imaginativo, sonoro y plástico en novelas que ratifican la amplitud creativa de la literatura mexicana? ¿Puede una parlamentaria por el partido de la dictadura perfecta escribir una de las mejores crónicas poéticas sobre la masacre de Tlatelolco, perpetrada durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968, con el impune Luis Echeverría en la Secretaría de Gobernación, en mucho policía política del régimen?

Insoslayablemente, el mundo es complejo, simultáneo y contradictorio; y la respuesta es sí.

En Con él, conmigo, con nosotros tres, experimento verbal calificado de cronovela por la propia autora, María Luisa Mendoza se las arregla para entreverar la matanza de Tlatelolco con la Decena Trágica, los dolores, abusos, machismos de la historia de una familia conservadora pero despelucada, los Albarranes, y una mirada rebosada sobre las pasiones del dolor y los accidentes punzantes del deseo y la frustración.

Retrato de la autora divulgado por Cultura UNAM tras su muerte, ocurrida en 2018.

“La crónica quema al santo; la novela no lo alumbra”, asegura Mendoza en la primera página de su primera novela, que arrebató su título al José Gorostiza de Muerte sin fin, fue escrita bajo el cobijo tallerista del Centro Mexicano de Escritores entre 1968 y 1969, y que publicó Joaquín Mortiz en 1971, en su colección Nueva Narrativa Hispánica (que también vio escribir a Elena Garro, Vicente Leñero, Tita Valencia, Amparo Dávila, Sergio Fernández, Inés Arredondo, Silvia Molina, Arturo Azuela, Jorge Aguilar Mora, por mencionar algunos: plana mayor de la literatura mexicana).

La crónica quema al santo; la novela no lo alumbra, una frase que rehace el dicho popular —“Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”— y con la que, tal vez, la autora busca justificar el atrevimiento polivalente de su escrito, al mismo tiempo canción personal, recorrido cósmico por la memoria, denuncia lírica sobre el derramamiento de sangre inocente en la Plaza de las Tres Culturas, compilado familiar que hace puntual denuncia de sus violaciones matrimoniales, sus anulaciones de la mujer, y donde sin embargo también abundan las oportunidades para un erotismo de vanguardia, por así decirlo, mexicanísimo y atemporal simultáneamente, un goce sexual por desquite que tiene su correlato en la masturbación poética que supone la novela.

Ella te miraba los calzones y tú nada más esperabas que empezara la letanía de que tú eres yo y yo soy tú y tú eres mi papá y yo soy tú y tú eres mi mamá y yo soy tú y tú y yo nos tocamos allí para que tú me des una muñeca que es de ti y yo te dé otra muñeca que es de mí y las dos tengamos hijos e hijos como los tienen ellos, los hombres y las mujeres de allá afuera. Tú te dejabas hacer, sintiendo el extraño poder de lo caliente que te enseñaron tus primos y que se repartían entre todos porque era ya lo único que tenían para repartirse en el balcón, debajo de la cama, dentro del ropero, en el cuarto de planchar…

Con su primer libro, la autora deja claras las intenciones abarcantes y embriagadas de su estilo literario, que reiterará en dos novelas más, De ausencia (1974), recuperada en 2019 por la Colección Vindictas de la UNAM, y El perro de la escribana (1982), aunque su carrera literaria y periodística no se agota en esos títulos, sino que se desdobla en cuentarios, compilaciones de su escritura periodística (elaborada para Excélsior, El Día, El Sol de México, El Universal, entre otros espacios). Dueña de una escritura envolvente, tan desafiante como fluida por el tejido procurado de ritmos internos, Mendoza es una escritora magnífica que llevó a la excelencia el barroco mexicano, no obstante el silencio casi total que envuelve su trabajo artístico:

Tlatelolco, el moridero de las tres culturas en donde ya no estaban los cadáveres y en donde habían de estar los soldados durante un mes entero, con sus risas, su hambre nunca rellenada, su paradero silencioso como avergonzado y en el que sobresalían sus miradas huidizas la mayoría de ladito, cafés, azules a veces, como las florecitas de las cucharas de no plata que nunca se llevarían a los labios, porque las flores en las cucharas nada más crecen en los amaneceres de cada siglo propio, en la semipenumbra de los cuartos de planchar, en la cama de los justos que van a morir, de los niños que despertaron chillando, de los sabios que descubrieron el mal del insomnio o el bien del sueño o el mal del buen amor, o el bien del mal olvido. De los astrónomos que se durmieron sobre el telescopio a la hora de la aurora boreal, de la niña que estira la mano y encuentra a su perro, de la madre que sabe que su hijo ya es hombre porque halló la mancha amarilla de una eyaculación en la sábana, de aquel que aprende en la noche el misterio de la lengua, la verdad sobre Rilke o por lo menos la clave de la palabra umbral.

Amaneció, igual que amanece por los siglos de los siglos en Tlatelolco: dorándose primero la punta de las azoteas y los pezones de las cúpulas, bajando el sol por las curvas de los portales para irse apoderando del suelo y de las paredes en donde todo ocurre, desde la ventana hasta la catapulta. De este modo se borra allí la gran noche del gesto rojo en la que mueren muchos a obra de arcabuz.

Las bocas tlatelolcas están acostumbradas a amanecer con plegarias o blasfemias, o simplemente a recibir la calentura del sol abiertas, sin nada dentro, ni palabras, ni nardos, sino sangre.

La madre responde a los augurios: Dios te llene la boca de nardos. En tardes tlatelolcas puede ocurrir que Dios las llene de sangre, las enardezca de nardos rojos, rojos gestos para que amanezcan bien acostradas y se vuelvan un inmenso plañir de lloronas.

Edición de la UNAM para Vindictas.

En “La China” Mendoza ya aparece consolidada esa inteligencia verbal de mezclar las voces populares con el vanguardismo metafórico y cadencioso que después se le aplaudirá tanto, por ejemplo, a Daniel Sada. Con él, conmigo, con nosotros tres es rica en mexicanismos salpicados y neologismos asentados en el texto desde la potestad poética que supone escribir: se enuncia el mundo en su dificultad, su neblina de pliegues, frente a los que hay que nombrar y hacer el nombre en la ceguera palpatoria, como recomendó José Lezama Lima.

La novela desdobla un recorrido por la historia personal, que se entiende historia histórica, social, problema colectivo para entender un México religioso en el bastión cristero guanajuatense y al mismo tiempo fervoroso de experiencias gozosas, de balbuceos fundacionales por el escurrimiento del placer. Hay una voluntad escritural que no deja zona sin dibujar con sus imprecisiones y sus canciones enamoradas de sí mismas, de su posibilidad afirmativa, a veces entrecortada, rizada, proliferante o breve, según corresponda a las circunvoluciones del antojo que es el estilo. Hay un divertimento que es también denuncia, el asentamiento de un desprecio a la violencia política y a las agresiones confirmadas, cotidianas, que supone todo muégano familiar, atiborrado de reclamos silenciosos.

Es decir, en Con él, conmigo, con nosotros tres desdobla una escritura propia, un artefacto que inventa lenguaje para habitar su derecho a la literatura y derramar el aceite de la conversación. Una autora mayúscula sin la resonancia correspondiente, olvidada en los castigos localizados de la primera edición, con cuatro mil ejemplares impresos para darse a conocer en un país de 120 millones de habitantes, por dejar de pensar, mientras, en sus merecidos lectores de Colombia, Andalucía, Chile, Uruguay, Honduras…

De la mano de Soco la amiga del alma, la compañera feuchona, buenona, morocha, cálida, sin coordenadas mentales, culta a troche y moche, lúcida, desigual, melancólica de su de por sí y tan alegre, entró por la puerta que, en el barrio irapuatense azonado en rojo, ya traqueteaba en el camino andado y el ruidero era más hecho, más retumbón. Tarará, tara, tará, tarará, ta, ta, tá… danzón dedicado a… Corriendito se habían trepado al camión Flecha Amarilla de las nueve de la noche que salía destapado rumbo a Irapuato. Un viaje lleno de palpamientos, tacteos, sobaditas, soliviantados abrazos, de tentetieso a cargo de Juan y de estate sosiego de parte de Soco.

Collage de su obra divulgado por la revista Punto de Partida, de la UNAM.

Si no se escribe para la fama, para el aplauso, para las prebendas y los favores, Mendoza y su olvido lo saben. Se escribe para la aguerrida exploración interior, para la enunciación del miedo, para la multiplicación de dudas, en búsqueda de una belleza inusitada, propia, local, intraducible, que enuncie la diversidad de un entorno irreductible, huertista, maderista, cruel, misógino, asesino, y sin embargo no desprovisto de decisión, de poesía, de pepinos devorados y cadencias floridas. Y se escribe en la búsqueda anónima y obligadamente paciente de lectores que completen la profundidad con sus propios enlaces frente a lo manifestado.

En ese sentido, esta compleja diputada federal por el PRI —a saber si por ello aislada del presunto parnaso literario mexicano, aunque ese crimen se le perdonó a Octavio Paz, a Carlos Fuentes, a Jaime Sabines y a otros intelectuales de Estado—, fallecida en 2018 entre una relativa indiferencia colectiva más embebida de novedades, confirmó con creces la voluntad enérgica de la literatura y legó una obra que es cátedra de estilo y de indagación provechosa; una reiteración de lo que dice Gonzalo Celorio en su presentación del compilado del Fondo de Cultura Económica de la obra ensayística del cubano francés Severo Sarduy: el barroco —herencia del contrarreforismo español, voz artística para reforzar los sacramentos católicos contra el luteranismo y desarrollada en concordancia ideológica con el Concilio de Trento— en América Latina deviene fuerza reivindicadora de las dignidades de la saturación local, estilo artístico emancipatorio en la tierra de la piña, el cacao, el saraguato y el jitomate, ejemplo de la palmera propia que demanda a empellones de talento su participación en la conferencia estética planetaria.

Mendoza lo hizo bien, y reposa únicamente a la espera de sus lectores, de las reediciones responsables que la relocalicen dignamente en la conversación pública, de los entusiasmos poéticos que la ubiquen, la reivindiquen, la reviertan y hagan de sus pozas insinuadas nueva vitalidad sangrante, proclamación espontánea, llamados propios a escribir otras formas de la novela, siempre mestiza, siempre imprecisa, siempre desbordante, siempre articulada en la inteligencia del caos.

Portada de la primera edición de su novela más reproducida. Aquí en Joaquín Mortiz.

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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988). Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.

Twitter: @cilantrus

Imagen de portada: homenaje del pintor y escultor guanajuatense Octavio Ocampo a la autora. Tomada de la revista de la UNAM Punto de Partida.

En la pecera

La soledad y la angustia danzan como peces encerrados.

por Jorge Orlando Correa

Los peces nadan, uno frente a otro, tejen un lazo invisible. Dos lunas en cuarto menguante, de armaduras escamadas, ondeando resplandores por cada movimiento. Orlando, frente a la pecera, observa entre pestañeos lentos, pesados, como si estuviera a punto de quedarse dormido. Se lleva una mano a la boca, tose un par de veces, la baja de nuevo. Palpa el revólver que esconde bajo la camisa. Voltea hacia la caja. El encargado sostiene con ambas manos un teléfono frente a su rostro. Los peces se detienen ipso facto; quedan suspendidos frente a un cofre en miniatura.    

El atardecer entra por el vidrio que da a la calle. Las peceras se llenan de luz. El encargado guarda el teléfono dentro de un cajón, abandona el banco tras la caja registradora y toma el gancho con el que bajará la lona. Orlando da media vuelta, pasa junto al encargado y, antes de salir, se despide. Ambos dicen hasta mañana casi al mismo tiempo.

Y ahí va, a pasos cortos, con la espalda encorvada, tembloroso como una máquina con los tornillos aflojados. Su mirada apunta al suelo; teme tropezar con lo que sea. Hace un mes, una piedra lo hizo trastabillar y caer. En una de ésas, piensa, no volveré a pararme, aunque tal vez eso me ahorre muchas cosas.

Se detiene ante la avenida Faisán, debajo de un almendro. El semáforo brilla en verde. Un estrépito de chillidos detona sobre su cabeza. Los pájaros entre las ramas han vuelto a su hogar. Motores rugen, cláxones dialogando. El semáforo brilla en rojo. Suspira. La avenida escampa. Voltea hacia la derecha. Voltea hacia la izquierda. Da un paso y luego otro.

Zdzisław Beksiński, sin título.

Empuja la puerta al son del rechinar de las bisagras. Entra y enciende la luz. Camina entre cerros de periódicos amarillentos y bolsas de basura. Sin quitarse los zapatos, se acuesta. Escucha a las ratas escabullirse entre las bolsas. Mañana me haré cargo, piensa, como todas las noches desde hace meses. Un ataque de tos lo hace llevarse una mano al pecho y otra a la boca. Ahora sus pulmones resuenan como las bisagras de la puerta. El ataque cesa, poco a poco, hasta que se va entre respiros lentos y delicados. Antes de quedarse dormido, recuerda el brillo y la danza de los peces.

Despierta con una aspiración profunda. Sudor chorrea desde su frente, abriéndose paso entre grietas de piel. Los latidos del corazón retumban por todo su cuerpo. La oscuridad lo hace volver a cerrar los ojos; teme ser observado por algo oculto entre las sombras. Teme que ese algo sea lo que acaba de soñar. Se lleva una mano a la nuca, palpa el relieve del revólver debajo de la almohada. Eso lo hace sentir un poco más seguro.

*

Abre el ropero. Solitario, pende el saco verde oscuro que utilizó cuando estaba en activo. Lo descuelga y se lo pone. Le queda grande por dos tallas. Sus brazos ya no son los torneados, gruesos, del soldado que podía sostener una metralleta por horas mientras se abría paso entre la selva; ahora es un cúmulo de temblores, encorvado, reducido por el tiempo.

Gira la perilla para encender el único quemador de la parrilla eléctrica. Coloca sobre los hierros entornados un recipiente de metal con agua. Tose, se lleva la mano a la boca y carraspea hasta que deja de hacerlo. Toma asiento en el borde de la cama mientras espera a que el agua hierva.

Tose de nuevo, cierra los ojos, apretándolos, y luego los abre. Ahora centra la mirada sobre la mesita, justo en la pecera vacía, redonda, que recibió como regalo en su cumpleaños número ocho, por parte de Marco, su hermano mayor, que en ese entonces tenía once. Aquella mañana despertó con unos golpecitos en la frente. Se quejó, arrugando el gesto, abrió los ojos y vio a su hermano sostener la pecera con un ángel plateado dentro.

Feliz cumpleaños.

¿De dónde lo sacaste?

Marco respondió con una sonrisa.

El agua burbujea dentro del recipiente sobre los hierros al rojo vivo. Orlando se pone de pie para girar la perilla y apagar la estufa. Abre un cajón en el que no hay más que una cuchara y medio sobre de café soluble.

Marcos y Orlando vivieron los días de su infancia en una costa llamada Akumal, en casa de su abuela: una cabaña con paredes de madera y techo de lámina. Ambos, durante el verano, trabajaban para un restaurante llamado La isla. Ahí cumplían funciones de cualquier tipo: lavaplatos, limpieza, ayudantes de cocina e incluso fueron meseros.

Su abuela se llamaba Carlota, y para ellos fue una madre, porque no conocieron a la suya. Carlota era una señora de cabello cano, piel traslúcida y que desde la primera hora de la mañana se encargaba de prepararles a sus nietos el desayuno mientras fumaba. Revolvía huevos en una sartén, tomando una espátula con la mano derecha y con la otra un cigarro. Después de desayunar, Marcos y Orlando montaban sus bicicletas y se iban al trabajo cruzando calles arenosas con aroma a salitre.

Aquel día era su cumpleaños número ocho y no fue al trabajo. Le dieron el día libre. Se quedó en casa, con la cara pegada al vidrio de la pecera y los ojos fijos en las estelas ondulantes al final de las aletas y el brillo de las escamas.

Al anochecer, cuando Marco llegara, los tres iban a cenar un pastel que la abuela había preparado, pero Marco no llegó. Pasaron tres horas más de lo habitual. Carlota y Orlando se encaminaron al restaurante. Era una noche ventosa, así que anduvieron con los ojos entrecerrados por la arena en el aire.

El dueño del negocio les dio las malas noticias:

Se fue con el pescador en la mañana y no ha vuelto. Nadie ha visto señal de la lancha.

Orlando vierte el agua en la taza y disuelve con la cuchara el café soluble. Da un sorbo y espera unos segundos frente al humo que ondea en su cara.

*

Zdzisław Beksiński, sin título.

Toma asiento en una banca entre las jardineras del parque. Frente a él, un grupo de palomas se aglomera. Vienen por migas de pan. Picotean el suelo, aletean entre sí luchando por un espacio. Pero como a diario, Orlando no tiene nada que ofrecerles. Alguien, en algún otro punto del parque, las atrae con alpiste. Se levantan en bandada hacia ese sitio.

Tose un par de veces y se da palmaditas contra el pecho. Deja de toser. Ahora observa la sombra de las nubes sobre las aguas del lago. Sonríe, pero pronto deja de hacerlo: escucha la voz de Luz, su hija. La última vez que se vieron fue hace un año, de forma accidental, a las afueras del cementerio. Orlando se pone de pie y ocurre justo lo que no quería: intercambian miradas; ve la piel derretida, surcos tensos de quemaduras en el rostro y brazos de Luz. También están ahí Ester, su exesposa, y el par de nietos. Todos cargan algo diferente para el picnic que están a punto de tener.

¿Quién es, mamá?, pregunta uno de los niños.

Nadie, contesta su abuela.

Orlando voltea hacia el suelo y comienza a caminar.


*

Una mañana, antes de que Marco desapareciera, frente a un humeante plato de huevos revueltos, los dos hermanos preguntaron a su abuela por sus padres. Carlota aplastó su cigarro contra un cenicero lleno de colillas y dijo:

Cuando tengan suficiente edad, se los diré.


*

Los peces nadan, uno frente a otro, tejen un lazo invisible.

¿Cómo está, señor?, pregunta el encargado.

Orlando no contesta.

¿Hoy sí se llevará uno?

Palpa el mango del revólver que esconde debajo de la camisa.

*

Habían pasado cinco días desde la desaparición de Marco. Orlando, frente al mar, con el agua cubriéndole los tobillos, extendió su vista de izquierda a derecha hacia el horizonte. Llevaba horas ahí, de pie, desde el amanecer.

Con las manos en los bolsillos del pantalón y la cara dirigida al suelo, volvió a casa. Abrió la puerta, empujó el mosquitero y se encontró a su abuela con los ojos cerrados, hundida en el sillón de la sala, con un cigarro a medio consumir apagado, tirado entre sus pies. Le agarró un brazo y sintió la piel fría. Corrió a casa de un vecino para pedir ayuda. El dictamen médico fue un infarto al corazón.

*

La sombra se alarga y encoge, una y otra vez, conforme camina debajo de los postes de luz. Un perro saca medio hocico de la reja que lo aprisiona, gruñe, pela los dientes, ladra. Y Orlando sigue, con los ojos anclados al camino como si no existiera nada más allá de sus pasos. Lleva cinco cuadras y aún faltan diez para llegar a casa.

Un ataque de tos lo detiene. La tos hace enrojecer e hinchar su cuello. Es una tos seca, insistente. Los pulmones chillan. Cierra los ojos, siente que en cualquier instante devolverá el estómago. Carraspea, tose, tose: sangra. Pasa un antebrazo sobre su boca. Respira hondo, una y otra vez, hasta que van cesando los tosidos; hasta que los jadeos se vuelven exhalaciones. Aprieta los párpados, abre los ojos.

*

Zdzisław Beksiński, sin título.

Orlando sale de la tienda, se despide del encargado, ambos dicen hasta mañana.

Camina, como suele hacerlo, con paso encorvado, tembloroso, junto a vehículos que lo rebasan, entre personas que murmuran, frente a un sol anaranjado.

Se detiene ante la avenida Faisán, debajo de un almendro. El semáforo en rojo detiene la estampida de coches. Antes de dar un paso al frente y continuar con su camino, escucha el reventar de un claxon. Impacientes, piensa, toda espera tiene que terminar. De nuevo suena el claxon y ahora su nombre. Voltea a donde el sonido le indica y es hacia la ventana de un Jetta rojo; una mano y una voz le dicen ven, date prisa, sube. Se acerca un poco y reconoce la cara. Es Adrián, un excompañero de la preparatoria. El azul en los ojos hace que pueda identificarlo.

Sube, vamos, yo te llevo.

Orlando cierra la puerta. El semáforo brilla en verde. Adrián pisa el acelerador. Doblan hacia la derecha para escapar del tráfico. Orlando tose un par de veces y se tapa la boca. Por el retrovisor pueden verse las frentes arrugadas y los cabellos canosos de ambos. En la radio hablan de una lluvia que no da señales de ocurrir.

Orlando, es bueno saber que aún vives. En verdad me da gusto.

¿Cómo supiste que era yo?

Te he visto por estas calles varias veces. El otro día ibas cojeando, te grité, pero no me escuchaste.

Orlando tose, carraspea.

¿Estás bien?

Un poco. Ya sabes.

Entiendo. ¿Vives donde siempre?

Sí.

Orlando saca un brazo por la ventana, mueve los dedos, percibe el aire. Adrián comienza a hablar de su vida familiar, del trabajo del que se ha jubilado, de la salud de sus hijos y del par de gatos que un día llegaron a la puerta de su casa para nunca irse. Da la impresión de que habla solo; sonríe para sí entre frase y frase, pero por momentos voltea hacia Orlando para palmearle el hombro. También habla de viejos tiempos, de días que a Orlando ya no le interesan.

¿Y tú, cómo estás?

Orlando mete el brazo. Siente un hormigueo recorrer su palma. Adrián vuelve a hacer la misma pregunta. Orlando carraspea, arruga la nariz y dice que se detenga, que ya dejaron su casa tres calles atrás. Adrián propone dar la vuelta, pero Orlando ya tiene la mano en la manija y le repite, esta vez agregando un por favor, que se detenga. Adrián cede. Orlando se baja del coche, cierra la puerta y contesta, con las manos apoyadas contra la ventana:

Estoy bien, Adrián, me encuentro bien.

Esboza una sonrisa. Tose, retira las manos del vehículo y comienza a caminar. Aún faltan seis calles hacia el frente y cinco a la derecha para llegar a casa.

*

Hundido en el colchón, entre la oscuridad del cuarto y los cuchicheos de las ratas, Orlando piensa en la pregunta de Adrián. ¿Cómo estás?  

*

Aún le temblaban las manos al desatarse las botas y quitarse el casco. Sus demás compañeros hacían lo mismo, hablando unos de lo caluroso de la jornada, otros de verse en la noche para beber cervezas, y otros más carcajeaban, entre broma y broma. Hace media hora que habían vuelto al cuartel de un viaje de una semana para cuidar de un retén a la entrada de un pueblo. La noche anterior participaron en un enfrentamiento armado. Orlando acribilló a un hombre por primera vez. Descargó el cartucho de su metralleta justo en la cabeza de un sujeto que estaba a punto de dispararle. Un compañero murió a su lado, entre estertores y suspiros, con los ojos abiertos. Ahora estaban en el área de duchas, vistiéndose para pronto salir de la zona militar.

Orlando se fue sin despedirse. Pensó en tomar un taxi, pero decidió caminar, con la vista al suelo, negando con la cabeza, cruzando calles sin fijarse en los coches, hasta llegar a casa. En el camino fumó un par de cigarros, quiso encender un tercero, pero una picazón en la garganta y unos tosidos repentinos habían comenzado a incomodarle desde hace meses, entonces decidió no fumar más por ese día. 

Cruzó el caminito adoquinado del jardín, cerró los ojos, soltó un suspiro y abrió la puerta. Luz, sentada en el piso, hacia dibujos en una libreta de hojas blancas. Ester cambiaba los canales desde el sillón. Luz dejó los colores y fue a abrazar a su padre. Orlando apenas acarició el cabello de la niña. Ester también lo recibió con un abrazo.

En la cena, Ester hablaba de cómo le fue en la semana en las clases que daba en la escuela secundaria Rojo Gómez. Luz garabateaba la comida con un tenedor. Orlando asentía con la cabeza, mientras intentaba cortar un trozo de carne, pero era como si no tuviera fuerzas ni para eso.

¿Qué tienes?, preguntó Ester.

Sólo estoy cansado. No tengo hambre.

Zdzisław Beksiński, sin título.

Ester dormía. Con movimientos lentos, Orlando se destapó y salió de la cama. Fue a la cocina, hurgó entre las gavetas y encontró una botella nueva de wiski. El primer trago, seco, lo sirvió en un pequeño vaso de vidrio; los que le siguieron fueron directo de la botella. En algún momento, sintió hambre y pensó en comer la cena que hace unas horas apenas probó. Con la vista borrosa y movimientos torpes, abrió las perillas de gas de la estufa. También sintió necesidad de un cigarro. Volvió al cuarto, apoyándose contra la pared, con pasos temblorosos. Ester roncaba, acostada bocabajo. Abrió su maleta y sacó la cajetilla y volvió a la cocina. Encendió el cigarro con un cerillo, tosió un par de veces y carraspeó un poco, luego dio una calada profunda y exhalo una torre de humo. La botella de wiski, para ese momento, estaba a punto de terminarse. Decidió salir por algo más de alcohol. El metálico aroma a gas inundaba la cocina. Asentó el cigarro demasiado cerca de un paquete abierto de servilletas de papel y salió rumbo a una licorería. Las servilletas, entornándose sobre sí mismas, comenzaron a arder como una pequeña fogata.

*

Orlando suele recordar la última mañana junto a su abuela en la que, en un ambiente con aroma a tabaco, escuchaba consejos; ella le decía que la vida era bella: cuando se diera cuenta, él tendría una casa, una familia y todo estaría bien. Para Orlando todo eso sonaba convincente; a sus ocho años, una verdad absoluta. El ángel, solitario, nadaba en círculos.

*

Los peces nadan, uno frente a otro, tejen un lazo invisible. Dos lunas en cuarto menguante, de armaduras escamadas, ondeando resplandores por cada movimiento. Y Orlando observa, entre pestañeos lentos, pesados, como si estuviera a punto de quedarse dormido.

Un hombre y un niño tomados de las manos entran a la tienda. El hombre dice que escoja: el niño aplasta su nariz contra las peceras. De una en una las revisa. El encargado abandona su sitio tras la caja registradora, se acerca al hombre, da precios y menciona datos por cada pez.

El que guste, señor, estoy para ayudarlo.

Orlando voltea, observa sobre su hombro al niño frente a una barracuda, al padre hablar con el encargado, al sol que entra por el vidrio que da a la calle y que comienza a llenar de luz las peceras. Tose y se tapa la boca. Los tosidos son varios, secos, raposos. El hombre le pregunta si está bien. Orlando no contesta, vuelve su mirada a los peces, pero lo que ve es la nuca del niño.

Éstos, papá, quiero los dos, dice, y golpetea con el dedo índice el vidrio de la pecera. El encargado da el precio y el hombre pregunta si aceptan tarjetas.

No, señor, disculpe, sólo efectivo.

No hay problema, nos los llevamos.

El encargado introduce la red a la pecera. Los ángeles se escabullen con movimientos zigzagueantes, pero pronto son acorralados en una esquina. Orlando siente la sangre correr de su pecho a la cabeza. Traga saliva. Palpa el revólver bajo su ropa. Los ángeles son introducidos en una bolsa transparente llena de agua y están a punto de ser entregados, pero Orlando la intercepta, aferrándose a ella por el nudo. Mete la mano debajo del pantalón, saca el revólver y dispara. La bolsa es suya. Sale de la tienda aferrándose al arma con la mano derecha. Era la última bala en el tambor. Tras él, gritos del encargado, que en ese momento cierra los puños, aprieta los ojos y se revuelca en el piso; el niño escondido a las espaldas de su padre; el padre, con el corazón queriéndosele salir del pecho e intentando, a pesar del temblor en sus manos, llamar por teléfono a la policía.

Zdzisław Beksiński, sin título.

Dos aullidos de patrulla a la distancia. Los pasos de Orlando son cortos pero veloces. Las patrullas abren el tráfico. Una se estaciona frente a él y otra a sus espaldas. Bajan los uniformados. Orlando se detiene.

Acompáñeme, señor, dice uno de los oficiales mientras intenta agarrar sus brazos para colocar las esposas.

Orlando intenta dar una media vuelta, pero otro oficial se lo impide. Los policías utilizan la fuerza, Orlando también mas no la suficiente; es derribado de una patada. La bolsa con los peces escapa de entre sus manos y se derrama en la banqueta. El arma cae frente a su rostro. Las esposas son colocadas. Orlando observa a los ángeles pegados al plástico, palpitantes, aún dentro de la bolsa. Cierra los ojos y no porque los policías estén a punto de arrojarlo a la batea de la patrulla, ni por lo abrochadas que le quedan las esposas, ni por el dolor en su rostro por haber caído de cara al suelo; cierra los ojos porque no soporta ver al par de peces morir, uno frente al otro, ya sin tejer un lazo invisible.

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Jorge Orlando Correa (Chetumal, Quintana Roo, 1992). Textos suyos aparecen publicados en medios como Revista El Septentrión, Plástico, Cinosargo, Neotraba, entre otros. Autor de Ya no hay fechas importantes (Pinos Alados Ediciones, 2020).
Facebook: @pedacito.deagua.7

Imagen de portada: Zdzisław Beksiński, sin título, 1985.

Evolutionen o el arte de renacer desde las catástrofes

Diálogos espirituales en medio de la pandemia y la era digital.

por Michelle Vázquez

Gustavo García Murrieta (1991) es un artista veracruzano que ha llevado su producción al terreno de lo ritual, pensándolo como el conjunto de prácticas sociales y simbólicas compuestas por representaciones que acompañan situaciones de paso, iniciación o catástrofe, y que tienen como objeto cohesionar al grupo y construir identidad. Desde luego, le interesa documentar estas prácticas y dialogar con ellas desde el arte.

Altura desprendida conversó con Gus Murrieta sobre su más reciente proyecto: Evolutionen. Se trata de un happening artístico que se materializa en una intervención urbana cuya finalidad es visibilizar la diversidad espiritual, sus prácticas y el lugar que éstas ocupan dentro de las situaciones de catástrofe que nos llevan a replantear otras formas de ser y relacionarnos con el mundo.

Pieza resultante de The Girl with an F. Cortesía del artista.

El proyecto comenzó a gestarse desde el terremoto del 2017 y su impacto en la Ciudad de México. Para el artista, este suceso transformó la forma de relacionarnos con el espacio público y detonó una serie de cuestionamientos en torno a capacidades de adaptación y renovación. Todo esto se ve atravesado por el factor tiempo y cómo éste modifica nuestras reacciones, pasando de la conciencia de lo que significa “estar vivx” hasta la banalización de la catástrofe.

Un segundo momento importante y de culminación fue la pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2. Esta emergencia sanitaria llegó a alterar completamente nuestras rutinas. Fue una ruptura total que propició un replanteamiento y significó un reset en la forma en que convivimos y cohabitamos.

De tal suerte, Evolutionen tuvo tres grandes momentos:

Momento 1
Proyección de Útero, video e instalación del artista, y tirada de tarot.
Cambio de horario.

Momento 2
Instalación urbana de las piezas.

Momento 3
Meditación Ek Ong Kar en el Parque México.
Producción de piezas por parte de los artistas invitados como conclusión y cierre del ritual.

Video instalación Útero. Cortesía del artista.

Tu pieza se enmarca en dos grandes situaciones de catástrofe; sin embargo, lo que propones va más dentro de lo que podemos observar desde la calma que brinda el espacio entre uno y otro. ¿Qué relación crees que haya entre las catástrofes y el recogimiento?

Considero que ambas tienen como factor más importante el tiempo, y que una es consecuencia de la otra. Algo que me atrae de estos dos conceptos es su polaridad: la catástrofe se nutre de la intranquilidad y el recogimiento transcurre bajo la calma. Esto me hace pensar que éstas son partes de un proceso mayor, dos momentos de una enseñanza o una herida.

¿Crees que la ruptura temporal que causan las catástrofes, pensando en el sismo de 2017 y la covid-19, sea instantánea o continúe ejerciendo su fuerza dentro de nosotrxs sin percibirlo?

Yo creo que son continuas. Toda información trasciende en nuestro inconsciente. Somos receptorxs de nuestro entorno, o mejor dicho del tiempo y del espacio; esto condiciona nuestra existencia: si naces es porque vas a morir. Cuando esta parte tan importante de nosotrxs es acelerada por algún acontecimiento como lo fue el sismo de 2017 o la pandemia por covid-19 ―eventos incontrolables por lxs humanxs que transforman nuestra realidad―, se impone en nuestra existencia un proceso mental, emocional y espiritual que condiciona nuestras futuras decisiones mediante la adhesión de nuevas experiencias que se transforman en aprendizajes. Evolutionen expresa estas rupturas de y desde la ciudad, haciendo evidente su permanencia en el paso del tiempo. La catástrofe, que aún se puede percibir en el espacio público, sigue interactuando con nosotros de una manera directa e indirecta.

Lo espiritual es muy importante no sólo en tu pieza, sino en tu práctica artística en general. Vemos, así mismo, que tus trabajos abarcan una multiplicidad en lo que a las prácticas espirituales supone. En este caso, ¿qué entiendes por tabú en la espiritualidad?

El tabú es todo aquello de lo que no se puede hablar por resultar incómodo. Esta falta de diálogo crea, con el tiempo, una distorsión conceptual de alguna práctica o ritual. El tabú en la espiritualidad lo entiendo como la necesidad de normar lo bueno y lo malo de las prácticas espirituales diversas que conviven en un mismo espacio. Es una necesidad de diferenciarlas mediante la jerarquización y el maniqueísmo. En Veracruz coexisten diversas prácticas como la santería, la brujería, los rituales prehispánicos, el uso de plantas medicinales y los ritos católicos que, a pesar de querer separarlos, se han ido mezclando. México, en general, cuenta con numerosas culturas que han ido mezclando sus rituales, los cuales dan vida a nuevas formas de coexistencia. El tabú lo entiendo también como el miedo que causa esta mezcla ideológica. En este sentido, pienso que permitir la diversidad de prácticas espirituales es el comienzo de una libertad filosófica más amplia. 

Pieza resultado de Daniela Chiñas. Cortesía del artista.

Explícanos un poco acerca de la relación que notas entre espacio público y publicidad y cómo tus intervenciones resignifican estos conceptos.

Entiendo el espacio público como los lugares que son usados en comunidad. La publicidad es la disciplina que investiga el consumo y normalmente se presenta en este espacio habitado por la comunidad. Al hacer mi investigación de los espacios que Evolutionen iba a habitar, noté que estos dos conceptos estaban unidos en las bardas de los edificios que se cayeron en el temblor del 2017. Me parecía que estos elementos tenían un diálogo inconexo en el cual la publicidad no entendía el espacio en el que estaba funcionando. Lo sentí como una cancelación a la memoria de la ciudad donde el único discurso importante era el que comercializaba y promovía diversas ideologías aspiracionistas. La intervención en estos espacios es una forma no sólo de cuestionar este uso deshumanizado, sino de proponer otra publicidad a través de conceptos como la memoria colectiva y la ciudad.

Este tipo de activaciones apela a una participación entre sujetxs sintientes que experimentan la situación desde su particularidad. ¿Cómo crees que el arte pueda conjuntar estas particularidades y crear un todo que no sea homogéneo, sino que muestre esas multiplicidades?

Existen dos puntos muy importantes que definen, para mí, el arte: la acción de la experiencia y su análisis desde la neutralidad. El arte pone los temas a conversar desde una tela que exige objetividad; percibir la experiencia de lxs otrxs desde un análisis neutral nos brinda el poder de empatizar y producir emociones. El eje principal del arte es la comunidad. Personalmente, considero que la mejor solución para abordar los diversos contextos que nos exige la comunicación digital es pensarlos y abordarlos desde la participación social y la intervención del arte, que pone en juego estas acciones y une las particularidades con la cultura mundial. Evolutionen ocupa recursos simbólicos para promover el entendimiento universal, en un contexto donde la “libre” información en internet va permeando nuestra sociedad. El arte, por su tendencia a buscar la innovación, contempla estos recursos; cuestiona su utilización y promueve un pensamiento que abarque las múltiples realidades que existen.

Pieza resultante de Joaquín Patiño. Cortesía del artista.

Cuéntanos más de la simbología, ¿qué significa el huevo?

El huevo, como símbolo filosófico, se ha relacionado con el renacer de la espiritualidad. Algunos artistas surrealistas como Dalí lo vinculan con la conciencia humana. Nacer es romper el cascarón. Muchxs investigadorxs del inconsciente señalan el nacimiento de la conciencia como un proceso que se repite varias veces en la vida de una persona. En otras palabras, lxs seres humanxs rompemos varios cascarones o capas mentales a lo largo de nuestra vida.

¿Por qué Ek Ong Kar?

Yogui Bhajan, creyente de la meditación kundalini como una herramienta universal, enseña Ek Ong Kar Sad Nam como una meditación que ayuda a regular la energía masculina y femenina de la persona. Tiene como principal ejercicio escuchar nuestra voz desde el sonido de nuestra boca para distinguirla de la voz de nuestros pensamientos. A esto lo llaman proceso de concientización de la existencia. La diversidad espiritual y sexual se hace presente en nuevxs humanxs que buscan el equilibrio de la energía masculina y femenina en un mismo ser. Esta meditación propone practicar la existencia fuera de las ideologías hegemónicas, así como evidenciar la caducidad de estos pensamientos en el contexto actual. Esto se articula con uno de los propósitos fundacionales de Evolutionen, que es mostrar estas nuevas espiritualidades.

Conjugación de energías. Cortesía del artista.

¿Cómo dialoga la era Acuario con los sucesos mundiales del 2020?

La era de Acuario marca un cambio en la conciencia de los seres humanos que llevará a un tiempo de abundancia y prosperidad. Algunxs astrólogxs la definen como un movimiento, ya que no está asociada a ninguna religión o ideología en particular; más bien es la incorporación de todas las religiones y filosofías que permitan convivir en un mundo armonioso. A todo gran cambio precede una gran catástrofe. Es el aprendizaje que dejó la pandemia y podría definirse como la necesidad de renacer y reinventarse. Muchxs hemos podido sostenernos mediante un retorno al ser propiciado por alguna práctica espiritual que de una u otra forma impacta en nuestras viejas creencias y nos lleva a pensar holísticamente. Al creer que las rupturas son un proceso consciente e inconsciente, Evolutionen dialoga de manera pública con la evidencia de nuevas espiritualidades, el nacimiento de cambios a partir de la pandemia, la tecnología, el mundo digital y el pensamiento que propone la era de Acuario.

El proyecto completo y otros trabajos del artista se pueden encontrar aquí.
La instalación continúa en el circuito Ámsterdam de la colonia Condesa, en la Ciudad de México.

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Michelle Vázquez. Orgullosa sagitariana, fan del arte contemporáneo y de las películas del llamado “cine de arte”. Tiene una relación amor-odio con la academia, pero encontró en la docencia una trinchera política. Piensa en la educación como un espacio de experimentación y diálogo que permite la interacción desde lugares más amables. Entre sus actividades favoritas están ser feminista, viajar, dormir, bailar y comer.
Twitter: @Mich3ll3_07

Imagen de portada: El artista y su obra. Cortesía del artista.

Pop up

La ludicidad y el horror se abrazan en este breve relato.

por Víctor M. Campos

Descíframe o te devoro.
Rita Segato

No sólo suena a otra cosa: significa algo diferente. Al abrirlo podrás encontrarte con una mujer que corre y no sabemos por qué. Es la primera página: no tenemos que saberlo todavía. Aunque, si observas, notarás que todo sucede en un callejón. ¿Intentará escapar? ¿Qué podría motivar a una mujer a escapar de un callejón? Sí, tienes razón: es una pregunta estúpida.

Tenía un amigo gringo que se reía al verme comiendo cacahuates. Pensándolo bien, decir que se reía es poco. Se cagaba de la risa y decirlo así está más que justificado. Para él, un mal aprendiz de español, cacahuates lo llevaba a otra cosa. Caca, decía, y el ataque de risa lo partía en dos. Huates nunca llegaba a destino. Idiota.

Popó es a lo que suena y a mí también me lleva a otro lado: me hace pensar en otra cosa. Como en el pinche gringo. Trabajábamos de choferes y el idiota apenas y sabía leer. Gringo al fin. Pobre al fin. White trash al fin. Pero me caía bien: al menos hasta esa vez. No debí salir corriendo. Lo sé.

See how they grow (2010), Tracey Emin.

En la siguiente página, alguien, en la boca del callejón, le cierra el paso a la mujer. Qué pinche miedo, pero me gustan los libros que siempre terminan mal. Observa con atención y verás que es más de uno quien le cierra el paso. No está muy claro quiénes lo hacen porque el callejón está a oscuras y ellos traen la cabeza cubierta con capuchas y en el rostro negro sólo brilla su repugnante sonrisa. Qué pinche miedo, ¿no? En la siguiente página ella camina de espaldas, intentando ponerse a salvo, y tropieza. Sí, se cae y se le sale un zapato.

Así caía el gringo, partido de risa, y se revolcaba en el suelo. Sí, era inquietante. Pero luego se puso peor. Manejaba temerariamente y yo iba detrás tratando de no quedarme en el camino. Algunas noches, en mitad de la carretera, apagaba las luces y aceleraba. Yo lo seguía a ciegas y más de una vez estuvimos a punto de hacernos mierda.

Ella está en el suelo, pelea, abre mucho los ojos y la boca. Algún sonido de papel sale de ahí: ondas acústicas de colores que toman el lugar del grito.  Y, como si hiciera falta, unas nubes cada vez más negras tapan el cielo. Ya sabemos que todo va a salir mal. ¿Para qué necesitamos nubes negras?

Deep in conversations (2016), Tracey Emin.

Por pura pinche crueldad, ¿no? Nos encanta siempre y cuando no seamos nosotros los que estamos en el suelo. Como ella que, en la siguiente página, ya fue sometida. Uno de ellos la ha inmovilizado poniéndole una rodilla en el cuello y agarrándole las manos. El otro está hincado entre sus piernas mientras esquiva los patadones inútiles que ella le tira para defenderse.

Es cierto que las ondas acústicas no necesitan ser vistas para existir: en eso son hermanas del dolor. Aquí las representan con papel para poner de manifiesto que ella gritó, pero que nadie vio sus gritos. Alguien ha triturado ese papel; ellos lo han reciclado para dar significante a sus gemidos y al llanto silente de ella: pura papiroflexia.

After the shadow (2020), Tracey Emin.

Luego, nada. 

Como esa vez. Habíamos estado echando chelas en un bar de la frontera y él salió a mear. Eso dijo. Como tardó, como también me dieron ganas de mear, salí. Afuera parecía que iba a llover. Era de noche y el callejón estaba oscuro. Algo escuché al fondo, más allá de las camionetas, y fui a ver. Prendí un tabaco y con la misma flama del encendedor lo vi.

Pinche gringo. Su mirada locota bastó. Los gritos ya se habían caído al suelo y estaban hechos bola entre sus piernas: de tanta patada inútil el otro zapato también se le había salido. Antes de apagar el encendedor los miré por última vez. Luego, cerré el libro.

Everybodies been there (1998), Tracey Emin.

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Víctor M. Campos. Se formó en el Taller Levreriano de Escritura Creativa, dirigido por Carmen Simón, en su capítulo Querétaro. Además, es licenciado en esto y maestrando en lo otro: sociólogo de clóset, escritor por venganza; publicado, también, por el Fondo Editorial de Querétaro y por un bonche de revistas electrónicas más. Tiene un mapache llamado Gato, o viceversa; demasiado viejo, ya, para morir joven.
Instagram: @wokexican

Imagen principal: Grand Hotel I (2016), Tracey Emin.

Un performance llamado Walter Mercado

El equilibrista de astros que llevó a su personaje al paroxismo teatral.

por Antonio Rubio Reyes

Érase una vez un joven actor que se llamaba Walter Mercado. El muchacho era carita, tenía buen verbo y sabía improvisar. Un día le dijeron a Walter: “Oye, pues aviéntate en cinco minutos un horóscopo”. Y Walter se aventó. Sabía que más que leer las estrellas debía improvisar a las estrellas. Así nació el adivino más famoso de la televisión. Así construyó su personaje y performance. Eso busca retratar Mucho mucho amor: la leyenda de Walter Mercado, documental dirigido por Cristina Costantini y Kareem Tabsch y estrenado en Netflix a finales del 2020.

Como él mismo menciona, Walter Mercado es Dorian Gray. Su persona envejece tras bambalinas, toma sus vitaminas, le da galletas a Runo, su perrito, enferma, sufre caídas. Pero, aun desde la cama, con una costilla fracturada, Walter Mercado representa su personaje, el que nunca envejece. Eso es compromiso. Un compromiso actoral profundo con la propia creación donde la frontera de la vida misma desaparece en favor del personaje. Al final de la película, esta creación explica la esencia misma de su performance: Walter Mercado no tiene principio ni final.

La narrativa de Mucho mucho amor está más orientada hacia las historias legendarias donde el decir de la gente es más poderoso que el acontecimiento biográfico. El compromiso performativo de Walter Mercado es una puesta en escena sobre una leyenda espiritual. En los primeros minutos del documental Walter inventa su infancia: una suerte de niño Fidencio que cumplía milagros y curaba a la gente y a los pájaros.

Esa experiencia “mística” expone una crisis de fe, una necesidad de creer en las personas, que Walter intenta compensar con esa mezcla extraña de varias religiones y discursos de superación personal que habitan su personaje. Como tal, es una experiencia que desestabiliza al espectador no por la verdad misma sino por lo efectivo de la puesta en escena: al personaje le acompañan escenarios astrales, vestimentas de una elegante extravagancia y una actuación como de recital lírico.

Uno de los carteles de la película cuya estética recuerda a los arcanos del tarot.

También la comunidad forma parte de este acto performativo. Walter Mercado fue un fenómeno mediático irrepetible y creo que esto se debe al compromiso actoral que hizo de este personaje el último místico de nuestra cultura popular. Por ello, la biografía se reduce a un papel secundario. Protagonizan más los elementos que construyen este performance: las palabras del místico, su posición mediática, sus escándalos. También creo que Mucho mucho amor rinde homenaje al actor que es Walter, ya que permite que él interprete por última vez a su personaje para las pantallas.

Hay una escena en el documental donde Walter habla de su pasado como actor: tantas historias, tantos aplausos. Es un momento precioso. El poderoso adivino de las estrellas recita unos famosos versos del “Romance de la luna luna”, de García Lorca: “Mueve la luna sus brazos/ y enseña, lúbrica y pura/ sus senos de duro estaño”. Walter Mercado aplaude mientras sus sobrinas le ayudan a caminar para abandonar el proscenio. Toda su vida ha sido esta representación y ese aplauso en un teatro vacío.

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Antonio Rubio Reyes (Ciudad Juárez, 1994). Maestro en estudios literarios por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Escribió el poemario Blu (Anverso, 2019). Junto con Amalia Rodríguez y Urani Montiel, recibió el premio de crítica literaria Guillermo Rousset Banda por Cartografía literaria de Ciudad Juárez (Eón, 2019).

Instagram: @árbol_derribado

Imágenes de portada e interiores: material promocional de la película Mucho mucho amor: La leyenda de Walter Mercado.

Periodistas sindicalizados para protegerse: ¿una utopía?

Una investigación en torno al gremio organizándose.

¿Cómo se ha ejercido el periodismo en la historia de México? ¿Qué agrupaciones y estrategias han intentado reporteros, editores, fotógrafos y redactores para defender sus derechos laborales ante una realidad vulnerable?

Desde la academia, la investigadora María Teresa Camarillo Carbajal indaga en estas dificultades de la historia del trabajo periodístico en México en el texto El sindicato de periodistas, una utopía mexicana: Agrupaciones de periodistas en la Ciudad de México 1872-1929, que puedes leer y descargar aquí mismo.

Publicado en 1988 por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, el estudio de Camarillo Carbajal hace un recorrido por las experiencias de integración gremial que persiguieron los periodistas capitalinos en el México de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Un libro relativamente breve que disponibilizamos en busca de aportar a la discusión necesaria de la defensa de los derechos laborales de los periodistas en México, uno de los sectores más maltratados por la violencia institucional, el asesinato de reporteros, la precariedad laboral, el desconocimiento de dignidades de procedimiento, entre otros fenómenos.

Enrique Metinides, fotógrafo de nota roja, sostiene uno de sus trabajos para el documental El hombre que vio demasiado (2016), de Trisha Ziff.

Imagen de portada: Tomada de Artículo 19 México.

De verdaderos creyentes y fanáticos

Lo religioso rebasa las afirmaciones tajantes e invita a la complejidad.

por Fabián Torres

El tema de la cuestión religiosa es el centro de atención de muchos investigadores en el mundo desde hace siglos y en años recientes ha sido objeto de un interés aun mayor. Los estudiosos, los ensayos, los análisis y los congresos han proliferado y eso ha hecho que cada vez más gente busque estudiar, comprender o mínimo tener una opinión cuando un tema que involucra lo religioso sale en la plática. Las opiniones que sobre el tema se generan son diversas: algunas están bien sustentadas y son dignas de consideración y crédito, mientras que otras son de una ingenuidad enternecedora o de un dolo insultante.

Uno de los resultados de estas opiniones es que se crean y se difunden algunas ideas que adquieren fama en ciertos ambientes y se vuelven lugares comunes. Tomo como excusa una de esas ideas de las que se sueltan así sin más entre los interesados en estos temas y presento una reflexión acerca de una de las muchas aristas que tiene el asunto de los temas religiosos, esperando que sea una lectura amena y que brinde algunas respuestas.

Necesitamos tener un punto de partida: al hablar de estos temas, muchas personas usan el término La Religión ─así, con mayúscula─, que invariablemente ligan a la interacción del individuo con un poder superior antropomorfo y a la militancia dentro de una agrupación determinada. Dicho de otro modo, para muchos sólo se puede hablar de religión si hay dioses y si hay iglesias. Usado así, el término resulta simplista y deja fuera muchos aspectos que necesitan ser tratados si se quiere tener una buena comprensión de todo lo concerniente al asunto de las creencias, las prácticas, las ideas y toda la parafernalia relacionada.

Parafernalia de la élite religiosa en Rusia criticada en la película Leviatán (2014), de Andrey Zvyagintsev.

Por esta razón muchos especialistas no hablan de religión al abordar el asunto, sino de fenómeno religioso, cuya definición es un relajo y no se van a encontrar dos estudiosos que den la misma explicación. De forma muy general y para los propósitos de este artículo, puede definirse el fenómeno religioso como todo aquello concerniente a las manifestaciones consideradas como religiosas, sean éstas individuales o grupales, organizadas o no, aunque se encuentren presentes en esferas ajenas al culto o a las iglesias, como la esfera empresarial o la política.

La idea que quiero abordar se sintetiza en una frase peculiar, la cual no recuerdo dónde leí o escuché, pero que se deriva de las tesis del estadounidense Eric Hoffer: El verdadero creyente [religioso] es el fanático.

No es que Hoffer haya dicho o escrito tal frase, sino que ella puede funcionar como una síntesis de su obra ─un caso como el de Maquiavelo, al que le atribuyen el dicho «El fin justifica los medios», sin que el hombre haya dicho jamás tal cosa.

En segundo lugar, no es el objeto de estas líneas analizar la obra de Hoffer ─algunas de sus tesis me parecen ya rebasadas─, sino hablar de la idea en sí y del uso que se le ha dado. Con esta idea se busca afirmar que sólo aquel que es fanático religioso es quien puede y merece ser llamado creyente verdadero, queriendo ubicar a cualquier otro en calidad de religioso falso o de a mentiritas.

Ni qué decir que tal idea es un sinsentido monumental. ¿Qué hay de malo o de falaz en esta afirmación? Habrá que analizarla.

De los verdaderos creyentes

Por principio de cuentas. el hecho de hablar de verdaderos creyentes es problemático. Quienes dicen que «el verdadero creyente es el fanático» suelen cometer la misma equivocación o usar el mismo truco ─recordemos la diferencia entre ignorancia y dolo─ que los apologetas religiosos, que es el haber establecido arbitrariamente y a priori una serie de criterios que se tienen que seguir para que alguien se gane su etiqueta de creyente, de lo contrario no es verdadero, es decir, falso. Los criterios más comunes son dos y están fuertemente relacionados:

—Los verdaderos creyentes son miembros militantes de algún culto religioso, particularmente monoteísta y específicamente cristiano o musulmán. Esta percepción muestra la incapacidad de concebir el pensamiento religioso existente en un solo individuo y, de paso, rechaza la idea de que se puede creer en un poder superior sin estar adscrito a alguna asociación religiosa.

—Los verdaderos creyentes cumplen cabalmente aquellos pasajes de las escrituras sagradas que ordenan al fiel matar o causar daños a quienes no comparten la misma fe.

Pasolini y su interés por el mito bíblico expresados en El evangelio según san Mateo (1964).

Para ilustrar este punto de vista tienen un rosario de ejemplos, que pueden ser históricos ─las cruzadas o la inquisición─ o contemporáneos ─los ataques a algunos medios de comunicación─.

Esta visión nos remite a la falacia de ningún escocés verdadero,1 tan bien explicada por Antony Flew. Otro autor, Mathew, brinda una explicación simple y buena del asunto (la traducción es mía):

¿Qué define a un verdadero creyente? Hay tantas religiones únicas y verdaderas que es difícil decirlo. Ahí está el cristianismo: hay tantos grupos compitiendo, todos ellos convencidos de que son los únicos cristianos verdaderos. A veces hasta luchan y se matan entre sí. ¿Cómo se supone que un ateo decida quién es y quién no un verdadero cristiano cuando ni siquiera las principales iglesias, como la católica y la anglicana, se ponen de acuerdo?

En el último de los casos, la mayoría de los ateos toman un punto de vista práctico y deciden que debe ser considerado como un cristiano todo aquel que diga serlo y use la fe o el dogma para justificar sus acciones. Tal vez algunos de ellos estén pervirtiendo las enseñanzas cristianas para sus propios fines, pero si la Biblia puede ser usada tan fácilmente para apoyar acciones no cristianas, ¿puede ser en verdad un código moral? Si la Biblia es la palabra de Dios, ¿por qué no pudo hacerla menos ambigua? ¿Y cómo puedes saber que tus creencias no son una perversión de lo que tu dios propuso?

Si no hay una sola interpretación de la Biblia que no sea ambigua, entonces ¿por qué debería un ateo, basado sólo en tu palabra, aceptar una interpretación en lugar de otra? Perdón, pero si alguien dice que cree en Jesús y que asesinó a otros porque Jesús y la Biblia le dijeron que lo hiciera, debemos llamarlo cristiano.

En el último párrafo también puede aplicarse el ejemplo contrario: si alguien dice que cree en Jesús y que decidió amar a otros porque Jesús y la Biblia le dijeron que lo hiciera, debemos llamarlo cristiano. La ambigüedad de muchos de los textos sagrados habla mal de la creencia religiosa y de la asociación que la respalda, no del creyente que elige seguir uno u otro camino.

La cuestión del verdadero creyente puede complicarse aún más. Tomemos un aspecto del fenómeno religioso, sólo uno: el culto a un poder superior. Aunque en esencia se trate de creer y rendir honor a algo que trasciende, hay ciertas diferencias entre la creencia en las fuerzas de la naturaleza ─cultos solares, lunares, a las aguas, a la tierra─ y la creencia en los dioses como tales: seres antropomorfos con atributos, pensamientos, cualidades y defectos determinados.

Dejemos de lado los cultos naturales y veamos que dentro del culto a los dioses hay diferencias entre los cultos politeístas ─el griego, el romano o el hindú─ y los cultos monoteístas, como el judío o el cristiano.

Dejemos de lado los politeísmos y veamos que dentro de los monoteísmos hay diferencias entre el monoteísmo judío y el cristiano.

Dejemos de lado a los judíos y veamos que dentro del cristianismo hay diferencias entre el de tipo protestante o evangélico y el católico.

Diversidad de cultos en La montaña sagrada (1973) de Alejandro Jodorowsky.

Dejemos de lado a los protestantes y evangélicos y veamos que dentro del catolicismo hay diferencias entre el catolicismo de la teología ─contenido en la patrística, las bulas, los concilios y las encíclicas─ y el de las creencias y las prácticas de la gente.

Dejemos de lado la teología y veamos que dentro de las creencias y prácticas hay diferencias entre el catolicismo como se entiende en un país como España y como se entiende en un país como México.

Dejemos de lado a los españoles y veamos que dentro del catolicismo mexicano hay diferencias entre el catolicismo como se entendía en el siglo XVI ─cuando vino a dar por acá─ y como se entiende en el siglo XXI.

Dejemos de lado el siglo XVI y veamos que dentro del catolicismo mexicano del siglo XXI hay diferencias entre el catolicismo como se entiende en comunidades de la sierra de Oaxaca y como se entiende en la Ciudad de México.

Dejemos de lado a los oaxaqueños y veamos que dentro del catolicismo cedemexiquense (¿cuál es el gentilicio de los habitantes de la Ciudad de México?) hay diferencias entre el catolicismo como lo entienden las señoras adineradas de Las Lomas y como lo entiende la gente joven ─de 25 años o menos.

Dejemos de lado a las señoras y veamos que entre los jóvenes católicos hay diferencias entre el catolicismo como lo entiende un universitario y como lo entiende un joven de distinta preparación académica.

Dejemos de lado a los universitarios y veamos que dentro de los jóvenes sin formación académica no es lo mismo el catolicismo como lo entiende un sanjudero ─devoto de San Judas Tadeo─ y como lo entiende un devoto de la Virgen de Guadalupe.

Cascada de Cristos en La montaña sagrada.

La pregunta es: ¿cuál de todos es el verdadero creyente?

—El que rinde culto a la naturaleza
—El politeísta
—El judío
—El protestante
—El evangélico
—El católico de la teología
—El católico español
—El católico del siglo XVI
—El católico oaxaqueño
—La señora de Las Lomas
—El universitario
—El devoto de San Judas
—El devoto de la Virgen de Guadalupe

¿Lo son todos? ¿No lo es ninguno? ¿Verdad que no es tan fácil y hacer esas simplificaciones de creencias verdaderas es una generalización que no corresponde con la realidad?

Del fanatismo

Ahora toca entrarle a otro tema: el del fanatismo. Aquí es posible notar otra muestra de ignorancia ─o quizá de mala fe─ de quienes dicen que el fanático es el verdadero creyente, pues desconocen el trasfondo de la palabra fanático y cuando mucho se atienen a la definición de la Real Academia Española (RAE), que a la letra dice:

fanático, ca. (Del lat. fanaticus)
1. adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas y políticas.
2. adj. Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo. Fanático por la música.

Si nos apegamos a estas solas definiciones, vemos que el término para nada es exclusivo del entorno religioso y no es indicativo de la fidelidad a algo o alguien, sino de su entusiasmo exacerbado. Pero la cosa va más allá de una mera definición de diccionario. Habrá que recurrir a la etimología y la historia, a ver qué pueden aportar al tema.

Fanático viene del latín fanum, que significa «templo». En tiempos de los romanos se conocía a los sacerdotes y a quienes se dedicaban a los cultos exclusivos como los fanaticus o fanatici, pues se entregaban totalmente al servicio del templo. De entre éstos sobresalían algunos como los enfocados en las diosas Belona y de Cibeles, que eran presas de un entusiasmo y un furor exacerbados, al grado de que el fanaticus empezó a ser relacionado con actitudes delirantes, frenéticas, incluso violentas y, por extensión, se comenzó a llamar fanática a toda aquella persona exaltada, efusiva y agresiva.

Monjes budistas elaboran un mandala en Rad der Zeit (2003), documental de Werner Herzog sobre el Tíbet.

Tener todo esto en cuenta hace posible y sencillo ver que no sólo hay fanáticos religiosos, como los que vuelan edificios o acosan gente en las clínicas de interrupción del embarazo; también hay fanáticos del futbol, como aquellos que van a los estadios y son parte de las porras que, además de disfrutar el juego, golpean a cualquiera que ose vitorear al equipo rival; o los fanáticos de tal o cual grupo o cantante, que abarrotan los auditorios donde se presenta la figura admirada y el hotel en el que se hospeda. Es más: es posible hablar de fanáticos del ateísmo, que hablan de que «las ideas del ateísmo pueden resumirse en acabar con Dios y con la religión», afirma Carlos Grima en Iniciativa Atea.

Con el razonamiento propuesto por quienes enarbolan la frase «el verdadero creyente es el fanático» queda entonces preguntarse: ¿entonces el verdadero aficionado al futbol es el fanático?, ¿el verdadero admirador de un artista es el fanático?, ¿el verdadero ateo es el fanático? No sólo eso, ¿el que no defienda su preferencia o sus creencias de forma exaltada y violenta y que no sea capaz de atacar ni de matar al disidente, entonces no es un verdadero creyente? Puede argumentarse que uno puede ser un gran aficionado a un equipo de futbol o a un artista sin necesidad de actuar como un fanático. Si es así, ¿por qué es posible eso en esos casos, mientras que para ser un verdadero creyente religioso hay que ser un fanático? ¿O será que la afición al futbol o a un artista no disparan los resortes emotivos que sí reaccionan ante la creencia religiosa? Son preguntas cuya respuesta corre a cargo de quienes están a favor de aquella afirmación inicial.

El fanatismo es la actitud fúrica hacia el que disiente, pero ese furor no dice mucho ─o francamente nada─ acerca de qué tan verdadero es un creyente.

Consideraciones

El estudio del fenómeno religioso es algo tan rico como complejo. Existen muchos problemas a la hora de abordarlo, como las categorías. Para el caso que nos ocupa hemos visto cómo se considera el fanatismo como una característica eminentemente religiosa y como una condición ineludible del religioso fiel, a pesar de que ni todos los religiosos verdaderos ─es decir, los que viven de acuerdo con lo que creen─ son fanáticos, ni todos los fanáticos son religiosos.

Aquí expreso una hipótesis personal y como tal es susceptible de ser rechazada: Hoffer mencionó que el enemigo del fanático de un bando no es el fanático del otro bando, sino el militante moderado, ése que no está tan enloquecido por su credo. Si tiene razón ─a mí me gusta la idea, pero la tomo con calma─ ésta podría ser una explicación de por qué se considera al fanático como verdadero creyente y se desdeña al moderado.

Michel Piccoli representa al llamado vicario de Cristo en Habemus papam (2011), de Nanni Moretti.

La idea que dio origen a esta reflexión es sólo un ejemplo de lo que puede pensarse cuando se tiene una visión simplista de los temas religiosos. Limitar el fenómeno a los dioses y los grupos, sin tener en cuenta la multitud de expresiones del fenómeno más allá de las iglesias, da lugar a concepciones que no corresponden con la realidad y que suelen ser canalizadas por gente no versada en esos menesteres… o por fanáticos, que no siempre «son tontos. A veces son bien listos» (Mauro Rodríguez Estrada).

Nota:

  1. La falacia de ningún escocés verdadero se usa con el propósito de excluir o incluir adeptos a determinadas ideas. La expresión común de esta falacia consiste en lo siguiente:
    A: Ningún escocés echa azúcar en su avena.
    B: Pero a mi tío Angus, que es escocés, le gusta echar azúcar en su avena.
    A: Ah, sí, pero ningún escocés verdadero echa azúcar en su avena.
    Se hace una afirmación general y cuando un contraejemplo la desmiente, se modifica la definición para excluir el contraejemplo.

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Fabián Torres.
Estudió historia en la UNAM y se especializó en historia de las religiones, aunque también ha escrito sobre activismos, deportes y medio ambiente, entre otros temas. Como la academia nunca le hizo caso, trabaja como corrector de estilo y ha prestado sus servicios a instituciones públicas y privadas.
Twitter: @bdemontork

Imagen de portada: Desfile de moda litúrgica en Roma (1972), de Federico Fellini.

Prensa independiente contra la represión en Chile

Periodistas actúan para documentar lo que medios oficiales callan.

Al final son los que tienen el sartén por el mango los dueños de los medios, los que deciden quiénes existen o no, quiénes tienen voz o no. Muchas veces existen listas negras en cuanto a personas que puedan informar, pero existen también temas que no son tocados.
María Olivia Mönckeberg

por Samuel Cortés Hamdan

Chile vive una crisis social. El 18 de octubre de 2019 comenzó un movimiento tan espontáneo como claramente causado. “No son 30 pesos, son 30 años”, afirmaron desde el principio los manifestantes en repudio a la iniciativa del presidente Sebastián Piñera de aumentar el costo del boleto del metro de Santiago.

Esa intención gubernamental bastó para que la sociedad chilena estallara contra la desigualdad que se vive desde hace décadas en un país que atentó contra su mandato democrático en 1973, con el golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet con la participación activa de Washington, y que mediante la violencia militar impuso el modelo neoliberal, esquema económico impulsado desde la Universidad de Chicago que multiplica las privatizaciones y abandona a las mayorías.

Desde aquel octubre de 2019 han pasado muchas cosas en Chile, incluida una respuesta violenta del Estado contra su propia ciudadanía, donde el cuerpo de Carabineros y otras fuerzas oficiales han perpetrado torturas, golpizas, amedrentamientos, estallido con perdigones de globos oculares, abusos sexuales, persecuciones, entre otras agresiones, con la connivencia plena del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y del gobierno de Piñera. Una violencia de Estado que recuerda a la de la dictadura, como no han dudado en acusar las víctimas, ciudadanos, políticos de oposición y voces desde el acompañamiento internacional.

Una funcionaria del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) documenta mientras sufre la violencia que ejerce un elemento de Carabineros en su contra.

Se han suscitado manifestaciones masivas en las que el pueblo chileno exige la transformación de sus circunstancias y desde las que renombraron la llamada Plaza Italia o Plaza Baquedano como Plaza de la Dignidad, además de orillar a la remoción de la estatua de Manuel Baquedano del sitio y de convertirlo en un punto de reunión, crítica, integración simbólica e intercambio de ideas y entusiasmos.

Han sucedido eventos como el plebiscito constituyente, donde en octubre de 2020 una mayoría aplastante, de casi el 80 por ciento, optó por escribir una nueva constitución para Chile, con lo que sustituirán la vigente, escrita y ratificada en dictadura.

Y también la situación política y social ha resaltado la respuesta de la prensa independiente chilena, que ante el pacto de silencio de los medios de comunicación masivos —conglomerados empresariales con participaciones directas en el golpe de Estado y la dictadura (1973-1990), como en el caso de El Mercurio, o con intereses empresariales allende el ámbito comunicacional, como en el caso de Álvaro Saieh, detrás de La Tercera— toma en sus manos la obligación histórica de salir a la calle y documentar la violencia de Estado con que el gobierno y el sistema económico buscan acallar, doblegar, disuadir a la población, en pie de lucha desde hace años y que hoy vuelve a manifestar sus exigencias de cambio.

Altura desprendida conversó con Mikal, enlace de prensa de la iniciativa Piensa Prensa, sobre la labor de la plataforma en documentar abusos, denunciar tropelías, evidenciar arbitrariedades, atender las voces del piso y la calle, y constituir un testimonio amplio sobre el proceso que atraviesa el país sudamericano.

El nacimiento de una iniciativa y el estallido social

Piensa Prensa nació en 2013 a consecuencia de las varias manifestaciones sociales que ocurren constantemente en el país. “La prensa ocultaba cómo terminaban las manifestaciones, con detenidos, con personas apaleadas, con personas mojadas”, heridos con perdigones, explica Mikal.

“Estábamos del lado de los estudiantes, de los sindicatos, de los enfermeros, generalmente salíamos dos veces al mes o una vez al mes a terreno, a la calle, y creamos una página de Facebook con la cual podíamos difundir estas noticias, lo que la televisión no cubría”.

El estallido social de octubre de 2019 los pescó en terreno, “en la calle misma”, explica. Nacida con la participación de fotógrafos y documentalistas, a la plataforma independiente se sumaron periodistas profesionales en el marco de esta ola de protestas.

“Nuestro trabajo en redes sociales es audiovisual, son imágenes reales y ese rol de entrega de la información es lo que sorprendió (al gobierno)”, pues Piensa Prensa ha documentado detenciones irregulares y agresiones con arma de fuego contra los manifestantes, entre otros actos de hostilidad, añade Mikal.

Desde octubre de 2019 son cotidianas las imágenes de uniformados atentando contra la dignidad del pueblo chileno.

Toque de queda: ¿salubridad o censura?

Las demandas de la movilización social, señala, continúan latentes a pesar de las restricciones de movilidad que ha impuesto el gobierno chileno debido a la pandemia de coronavirus, que de acuerdo con el Ministerio de Salud suma más de un millón de personas contagiadas y más de 25 mil víctimas mortales.

“(Las movilizaciones) están estancadas por la pandemia, tenemos una gran represión en la calle, con toques de queda injustificados, cuando no hay políticas públicas en ayuda de la sociedad, solamente ha sido para reprimir la manifestación y para detener las protestas, que hasta marzo estaban aconteciendo. Piensa Prensa está en estos momentos en stand by, producto de que el gobierno nos canceló los salvoconductos para salir a cubrir manifestaciones y tener acceso a las noticias que están en la calle. Nosotros no podemos salir a cubrir la calle”, comparte.

Los salvoconductos se entregan únicamente a los medios de comunicación tradicionales, esos mismos ante cuyos privilegios la prensa independiente buscó originalmente actuar con alternativas de acceso a la información.

“En estos momentos se están entregando salvoconductos a las empresas de comunicación, a los negocios de comunicación, que son cuatro canales que funcionan en Chile en señal abierta; y todos conocen que además en estos canales los dueños son los grandes multimillonarios en Chile. A nosotros, como no somos un negocio y no somos empresa, se nos rechaza la solicitud”.

Póster oficial que busca inhibir reuniones en la Región Metropolitana.

“Esto atora a la prensa alternativa, estamos hablando de muchos medios, se le está negando este derecho a la información con el pretexto de que estamos en pandemia, sin embargo los grandes medios de comunicación, que están a favor del gobierno y que son de los empresarios que manejan este país, ellos sí pueden salir y ocultar la información real, y también manejando esta información con datos y con noticias que no nos interesan, como la muerte del duque de Inglaterra”, critica.

“Acá en Chile tenemos problemas mayores, con detenidos, con presos políticos, tenemos una gran cantidad, cerca de 200 chicos que son presos políticos, ni siquiera han sido formalizados después de catorce meses, y tenemos un congreso que no se ha dignado a parar las leyes, sino que ha sido parte de este gobierno, cuando tenemos una cantidad exorbitante de fallecidos producto del covid por un mal manejo que había sido advertido por médicos y profesionales. Hay noticias que son súper importantes y nos llega esta noticia del duque”.

El enlace de Piensa Prensa reconoce que su labor como plataforma alternativa ha sido difícil. “Cuando estuvo el estallido social los medios independientes fueron brutalmente reprimidos también. Todos nuestros integrantes tienen perdigones, fueron detenidos. La misma policía nos identifica y nos detiene ilegalmente; y si ellos quieren te dejan toda la noche detenido”.

“Se le está dando espacio a los medios tradicionales para que apaguen estas movilizaciones que todavía están. Hay comunas y ciudades donde todavía se ven manifestaciones, donde todavía hay protestas, (mientras) la policía militarizada tiene tanquetas, tiene personal antidisturbios instalado a lo largo del país para reprimir las manifestaciones y también, con esto, a los medios independientes. Lo que se quiere tratar es apagar a los medios independientes y que esto vuelva a una normalidad, que todo vuelva a ocurrir como lo que pasaba antes de octubre del 2019”, considera.

Expresión política en el marco del día internacional de los presos políticos, celebrado el 17 de abril. Fotografía divulgada por Londres 38.

Sustituir la constitución de Pinochet

Sobre el proceso de elaboración de una nueva carta magna, Mikal expresa sus reservas. “Mucha gente que estaba en rechazo de este plebiscito hoy los podemos ver como candidatos” para ocupar una curul en la convención constituyente, organismo que se encargará de la redacción del texto. Estos aspirantes serán votados el próximo mes, el 15 y 16 de mayo.

“Es irrisorio. Estamos pensando en que gente que rechazó esto, que hizo una campaña millonaria para que esto no se pudiera realizar, hoy forma parte de la papeleta donde postula a este cargo para cambiar la carta magna, es decir, para seguir con los privilegios que tiene el empresariado y el gobierno de derecha”, reprocha.

Además, considera que el llamado a reescribir la carta magna es en sí mismo un juego político entre el gobierno y los partidos políticos. “Estamos hablando de cerca de 200 mil militantes a nivel nacional (cuando) tenemos un padrón de 18 millones de personas. Y ellos están manejando esto a su gusto”.

También le queda claro que una nueva constitución no va a resolver problemas estructurales en el país, como la falta de infraestructura educativa y de salud, junto con que sus resultados no podrán verse sino dentro de varios años.

Represión a pesar del voto popular; Piñera hace oídos sordos

De alguna manera, la mayoritaria opción por el sí en el plebiscito constituyente es una voz de repudio contra el pasado dictatorial de Chile y una manifestación elocuente contra el estado de las cosas, contra las agresiones reiteradas y respaldadas desde La Moneda. Sin embargo, la respuesta oficial no ha sido de atención a la queja ciudadana, sino de reiteración de las hostilidades y de ruptura del diálogo democrático.

“El presidente Piñera ha sido totalmente abstracto en estas peticiones que ha demostrado la sociedad e irresponsablemente ha dejado que la policía, en este caso Carabineros, prácticamente se mande sola”, acusa Mikal.

“Tenemos detenciones a menores de edad, tenemos gente que ha muerto en los calabozos y que no se ha podido aclarar, tenemos gente que ha sido detenida por el solo hecho de estar parado frente a una manifestación. Y el presidente Piñera ha sido oídos sordos a estos cinco informes que se entregaron con respecto a la violencia que ocurrió en Chile y que está ocurriendo”.

En cambio, la estrategia que sigue es reiterar su respaldo a los uniformados. “Hemos visto cómo sale él en primer plano dando un discurso honorable, personal de Carabineros detrás, pero hemos visto la cantidad de heridos que hay. Esto nos puede decir que hay un negacionismo con respeto a las violaciones de derechos humanos en Chile y que para él también es necesario tener el apoyo de Carabineros porque sin el apoyo de Carabineros y el ejército Piñera hubiese dejado de gobernar hace bastante rato”.

Además de ser el actual presidente de Chile, Sebastián Piñera es uno de los empresarios más ricos del país, con inversiones en los sectores inmobiliario, bancario, de supermercados, aerolíneas y comunicación, entre otros. En la imagen, ejerce su voto en el plebiscito constituyente de 2020. Imagen tomada del Twitter del mandatario (@sebastianpinera).

El futuro de Piñera es oscuro, opina Mikal, pues sus actos violatorios de derechos humanos lo aíslan del entorno internacional y de la vida política del país cuando concluya su mandato presidencial, además de que en algún momento tendrá que ser llamado a cuentas y presentado ante la justicia. “Va a ser juzgado en Chile e internacionalmente”.

“La única forma de zafar de esto es que él arranque mañana, tome un helicóptero, se vaya del país y nadie sepa dónde está. O lo otro es que él haga un intento de un golpe y se mantenga en el poder porque de otra forma no va a poder salir de Chile, y esto va a ser con el apoyo irrestricto de las fuerzas armadas y Carabineros”, estima Mikal. De ahí que en cada discurso Piñera ratifique su apoyo a las fuerzas de seguridad.

“Las manifestaciones en la calle no van a parar hoy. Si se decreta mañana eliminar el toque de queda, va a salir la gente a pesar de que a Piñera le quedan once meses para terminar el gobierno. Él está en un escenario muy complejo”.

Además, la policía no va a ceder en sus agresiones, vaticina, pues los uniformados están entrenados para tratar a los manifestantes como enemigos. Modificar esta realidad, evalúa Mikal, requiere refundar instituciones como Carabineros y reorientar la formación de sus integrantes, un esfuerzo que ahora mismo se antoja imposible.

Intervención visual en Londres 38 (espacio de memoria que resignificó un sitio utilizado por la dictadura para perpetrar torturas y operaciones de exterminio) en honor de Paulina Aguirre, combatiente guerrillera asesinada en 1985 por la policía política de Pinochet.

Mirar hacia afuera de Chile

Mikal ve con desconfianza la capacidad de los manifestantes y ciudadanos chilenos de ver más allá de sus fronteras y ligarse con las luchas populares de Perú, Bolivia, Argentina, Colombia, Ecuador y otros países de América Latina, donde sectores laborales, estudiantiles, del sector salud, grupos indígenas, activistas, artistas, intelectuales, también alzan la voz contra sus gobiernos y en rechazo a las condiciones económicas que impone el capitalismo en la región.

“La gente es muy centralista en Chile, poco le importa lo que pasa en Perú, lo que pasa en Venezuela, lo que pasa en Bolivia, no hay una relación ni una comunicación. Es como un país donde somos nosotros; no somos capaces de mirar ni de pensar en otro país ni solidarizar con otra región, es imposible”.

Intervención en República de Chile, calle del Centro Histórico de la Ciudad de México, a manera de denuncia sobre la situación represiva en el país sudamericano. Foto propia tomada en diciembre de 2019.

“Con esto del neoliberalismo solamente se aprecia lo que viene de Estados Unidos, la ropa de moda, y ese tipo de noticias es lo que le importa a la gente en Chile. Estoy hablando de la gran mayoría, no de todos. Pero una solidaridad con otros países no hay, salvo algún pequeño grupo partidista y otro más reaccionario, pero no hay solidaridad ni comunicación entre ellos”.

Pese a este panorama incómodo, iniciativas como Piensa Prensa buscan romper este cerco nacionalista y acompañan movimientos sociales en otras partes de Latinoamérica. No obstante, esos contenidos no son preferidos por sus lectores, confiesa Mikal.

El apoyo desde el exterior a la prensa independiente chilena, en cambio, sí se ha hecho notar. “La gente de fuera del país se ha relacionado y ha preguntado cómo nosotros hemos llevado (esto). Se han enterado por nosotros, por la prensa alternativa, de lo que está ocurriendo en Chile”.

“La prensa tradicional apagaba la televisión a las doce de la noche, cortaban sus transmisiones o te mostraban una película turca mientras nos estaban sacando los ojos y estaban deteniendo a niños y niñas que eran desnudadas en comisarías, abusando de la gente que no tiene defensa y encarcelando a una gran cantidad de gente que aún sigue siendo prisionera”.

Estudiantes restauran un mural que rememora a las víctimas de trauma ocular durante las movilizaciones sociales. La obra artística fue vandalizada.

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Samuel Cortés Hamdan (Guadalajara, 1988).
 Licenciado en letras por la UNAM, ha trabajado como editor y reportero en distintos medios. Escribe sobre cine, lo que pasa en la calle, los reveses de la emoción y su apego a los accidentes del terreno, así como de libros que querrían su reedición. Guarda dos inéditos en el cajón.

Twitter: @cilantrus

Imágenes de portada e interiores: Tomadas del archivo digital de Piensa Prensa.